Eros


Fotografía by Poetas Nuevos

Mis eros de tierra refulgen oxidadas,
en la no primavera y en el no verano,
sus puntas otrora verdes tienen las mismas raíces de las de mar, extienden sus ansias de vida y delirio mediante el color.

Sus almas vomitan oxígeno transparente, colgadas y no colgadas
son islas de deseo y decepción,
las veo respirar como peces
en esta orilla y a horcajadas vibran el último estertor.

Su impaciencia se parece a un poeta al punto de morir.
Escribe afanoso extensos versos
con toda la sustancia de sus mentiras personales,
entre el follaje del papel real.

Ellas no recitan,
porque eso es así,
abonan la pulcritud del suelo,
en su lenguaje milenario nos enseñan el sacrificio como un amuleto de ejemplo.

Al tomar esta fotografía las perpetuo jóvenes entre las viejas,
virtuosas entre las inútiles,
excelsas con el argot primigenio:
nacer,
crecer,
morir,
trascender y ser alimento.

Tengo en mi mente
hojas de todos los colores
que he inventado o he visto alguna vez,
en una película triple HD
en esos televisores ultraplanos en las megatiendas.

Ustedes también han visualizado
más un millar de imágenes,
donde las hojas son la reseña
triste del otoño y de una melancólica
entrada al invierno del terror,
lo digo solo por el frío.

No las abrazo para evitar
el quiebre estético,
es la escena en mis sueños más recurrente, aunque no las sueño dormido,
más bien las idealizo despierto.

Mis eros de tierra mueren
en un campo de batalla adverso:
la vorágine del ruido,
la ensordecedora tristeza del no tiempo,
los pies minúsculos del crujiente ser humano.

Mis eros de tierra gimen
en sus giros de muerte,
el roce del rival más temible
las excita y lastima a la vez,
caen en una cama verde,
en su orgasmo del tiempo
mueren felices.

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Modelas


IMG_20190521_165906.jpgDibujo y poema de Juan Machín.

Modelas, miro.

Capturo tu imagen,

y te poseo.

Tormenta primera


 

 

Y los árboles no podían taparlo

en la selva de noches y palacios.

El idealista, sofocado, solo veía rocas

imaginando muertes,

y lugares de náufragos.

Él tenía zapatos que se lustraban con sangre;

ella, un mundo de mareas,

enérgica y buscando sus ríos,

donde se hacía nueva la cara cuando se abrazaban,

llenando las habitaciones de luz,

era todo nuevo y larga su melena.

Ese día miró arriba, a los atardeceres lunares

sobre los tejados de un planeta lejano.

 

(Fotografía del autor)

Por una hoja de té


Té, Trabajo, Cosecha, Producir

Bebida bondadosa

pero también codiciada,

para ricos reservada,

con los pobres generosa.

Era el té de la discordia

un milenario secreto

celosamente guardado

a lo largo de la historia.

Aquel imperio engreído

se afanó en atesorarle,

y la herencia milenaria

a Oriente pudo arrebatarle.

El negocio ya apuntaba

al control de la cosecha,

la apuesta ya estaba hecha

a ver quién se aventuraba.

El oro líquido con opio

se pagó a los productores,

así esta adormidera

multiplicó consumidores.

Por una hoja de té

se engendraron odios

que parieron guerras,

esclavitud y miseria.

Por una hoja de té

se derramó el orgullo

en vajillas industriales

que de porcelana no eran.

Lubricante de obreros

lo llamaron

por todo lo que lograron

con su efecto estimulante.

Y esta bebida

aún siglos más tarde

seguirá siendo testigo

de pactos color de humo

como ilusiones.

Fotografía: Pxphere (CCO)

Fuego y magia


Imagen de Aarón Katznelson Gómez Luna (https://www.instagram.com/katznelson1/ https://www.instagram.com/p/BxolUe9nOlk/)
Haikú de Juan Machín

Foto de Aarón

Fuego y magia,

tradición milenaria,

noche de luces.

Revés en reloj


En los extremos corrosivos

lo corrupto siempre se protege;

cuando ganan los forajidos,

exiliando a las vidas

que luchan por el pan.

 

Espíritu abatido

brinca por la tierra

buscando el ecosistema ideal.

 

Sobrevivir,

ley del que busca ser fuerte.

 

Para todo vidente

que su propia partida asimiló,

recordad siempre la ley:

Ser visitante no asemeja

el papel de habitante.

 

Aspiraciones de gloria

y versos vibrantes,

se forja una idea:

A sembrar semillas

cosechar verdades.

 

Liberar raíces

alimentar el futuro,

evitar la lúgubre promesa

que de la madre

no surgirá más vida.

Desajar maravillas


Toco mi cuerpo como esponja.

Pasan mis manos maculadas
limpiando piel en cada abrazo.

Cada abrazo es promesa fecunda,
de las que vale la pena cumplir
para efectuar el milagro.

Pasan mis dedos
sobre la fina capa de hielo
que cubre mis labios.

Labios que me aseguran
que no decir nada es golpear
la puerta tres veces.

Cuando el impulso escrito indica
hender ese túnel y encontrar
maravillas al otro lado.