Vengo


Fotografía del jardín de poetas nuevos

Vengo de ser flor
en un mar de estrellas,
en cada pétalo de pensamientos
quemé sistemas.

A tirones de espirales
expulsé aromas
de flores sin causa
muertas en el medio.

No había cauce
en el cosmos agitado
en reversa. La causa
única de girar; ensimisma.

Me vengué en cada amanecer
pues es de día y de noche
a toda hora. Los atardeceres
son un invento nuestro.

El final del cuento


Mis ojos han perdido la visión,
mis manos la memoria,
¿qué hago para reconocerte si un día te encuentro?


Digo palabras sin sentido
después de un prolongado silencio.


Los sueños son hoyos negros
que se tragan todos los recuerdos.


Ya no percibo el olor de tu cabello
ni encuentro con mis labios tu cuerpo.


Ecos del pasado murmuran al pensamiento
que ya nunca más escucharé tu voz,
que ya no hay razón para seguir despierto.


¿Para qué vivir con soledad?
¿Para qué esconder mi sentimiento?


Solo quiero cerrar los ojos
y esperar ese último momento.

Adagio



Teo te dice que digas
el dicho que dice lo mucho

que dice la idea de decir la hora al revés
que ya son las seis y si es la hora

la idea se vuela y ya no la ves.

Arte y oficio


Sobre un cimiento de suposiciones
tambalean las certezas.
Tu ánimo
—un pincel pegajoso—
opone ínfima resistencia.

Has desplegado con éxito tu arte:
la imagen dibuja la ventana.

Lo que sea


Tú, te, a ti

da lo mismo

lo que sea,

pero contigo.

V (Perséfone)


¿Dónde se hospeda
la violencia?
¿Dónde habita
luego de que sale
de la gente?

Cuando no puede volver al origen,
se aloja en la mente
de quien no comprende.

ESCENA EN DORADOS

«Sol en tormenta» por Crissanta.

Cuando tú vas, yo ya he vuelto,
aunque nadie quiera hablar de ello.
Ni siquiera yo; lo acepto.

Antes de ser valquiria,
Atalanta, Artemisa,
fui la koré, Perséfone,
en doncellez desvalida,

La mirada de soslayo,
el insidioso comentario
precedían…

… al arrebato,
la ventisca,
la ira de Hades
en la mesa de la cocina.

(No hay suficiente valeriana
árnica, pasiflora o lavanda
que basten en esta vida).

Y además, después, el rapto
—los raptos—;
las visitas al Inframundo
cada sequía.

Cuando ellos van, yo ya vuelvo.
Sin venganza, con heridas,
con la lección aprendida.

La avioneta blanca


A veces me pregunto por qué no puedo.

Esa avioneta ya ha pasado dos veces por ese mismo cielo

o soy yo que me repito, me rebobino y me repito

en esta nada que no huele.

Vuelve a pasar la avioneta: es blanca y vuela bajo.

Vuela al oeste,  vuela al atardecer, aunque es mañana.

Vuela una paloma y se asoma al alero.

Por qué querrá estar aquí.

Pasa la avioneta blanca otra vez.

Creo que hace círculos.

Los buitres también hacen círculos buscando carroña.

Quizás soy yo que me estoy pudriendo.

La paloma ha encontrado una pareja: zurean —creo

que se dice así— y bailan también en círculos.

Pasa la avioneta blanca otra vez, esta vez

vuela más bajo.

Querrá aterrizar o morir o ya

habrá visto a su presa.

A veces me pregunto por qué no puedo.

Pasa la avioneta blanca otra vez.

Vuela al oeste.

Es casi un punto brillante entre las nubes negras

como una estrella fugaz.