Fetichista


Fotografía y poema por Juan Machín.

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Yo, hechizado

por las curvas de tus pies,

soy fetichista.

 

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Verificación en seis pasos de la primera fase del sueño


Pero cuando adormeces sin lágrimas, paces.
Sin embargo, no fluyen aisladas las perlas cristalinas.
Aunque el cohorte esté alerta a todo tipo de estímulos.
No obstante, cabeza y extremidades reposan a la inquietud muscular.
Pero continúa la vigilia.
Ahora bien, desconectarse del entorno es la entrada

a la siguiente fase.

.

No voy a olvidar que…


Para mi hermosa Mirosh.

No voy a olvidar que estás impregnada
en mis olores y sabores.
No voy a olvidar que estás en cada flor amarilla
que aplasto en la calle, nuestra calle.
No voy a olvidar que estás en cada atardecer
y en el sonido bravío frente al mar, nuestro mar.
No voy a olvidar que estás en cada minuto
que respiro amor y alegría en mi vida, tu vida…
No voy a olvidar que estás ahí, en ese espacio sigiloso
y esquizofrénico, entre las sábanas y el colchón, en ese mágico,
chocante y delirante espacio que añora constantemente
nuestros combates de piel con piel y pura miel.

No voy a olvidar que estás en mis sensatos destellos de luz
y de rebeldía. Tu loca, exquisita e insolente rebeldía acariciando
e incitando siempre a la mía, nuestra rebeldía.
No voy a olvidar que estás en este espacio vital, gravitante,
acompañándome, consintiéndome, animándome, añorándome
y desde luego requiriéndome y deliciosamente amándome.
No voy a olvidar que estás en mi mente y no sé cómo,
pero atestando delirantemente con amor, pasión, lujuria y ternura,
cada momento de mi vida, de nuestras vidas y nuestro amor.

Animales tras el muro


Entonces a ojos de los ángeles,

los del azul cielo y los del fuego eterno,

seremos animales agachados

junto a los muros de cualquier noche.

Y también de esos otros ángeles.

De los demonios que respiran tras el muro.

Foto Propia

A Neruda


(I)

Yo no tengo mar,
rocas negras de horizonte,
tampoco el sonido
de su andar.

Mis palabras desprendidas
hablan de mujeres
en gloria y majestad.
Yo no las toco
como el mar a sus pies.

Yo no tengo casa,
hablo por la piedra tallada
a imagen y semejanza
de la soledad.

Mis palabras en alegría
sustentan a sus seres
de los que escribe en saciedad.
Yo no las rozo
como el amor en revés.

(II)

Yo no tengo bronce
para repicar en su corazón
de mar y búsqueda,
tampoco la madera
santa de arena su casa.
Acá el refugio
adolece de buena armonía.
El despertador
tiene forma de campana,
pero es solo un zumbido
animado al amanecer

Mis ventanas pequeñas
solo contienen rocío,
hojas de otoño,
arañas de jardín,
aquí la caracola
huye del mar
hacia los audífonos,
su canto cacofónico
ensordece sin paz.

Jamás tendré patio
de roca y arena,
playa de quitapenas
en una garrafa de tiempo.
Beber mirando el cielo
estrellado de mar,
a la salud azul
de noches sin poemas.

Mi casa no es original,
por cuestiones de norte
al sur tiene los pies,
a la altura del mar
una pared de triste ladrillo
evoca su necesidad
de poesía de sal vívida.
Cuando extiendo mis brazos
no puedo tocar la playa
tampoco la cordillera.
En el canto de los pinos,
esa enredadera verde
se pierde el camino.
Del poeta mis palabras
son piedras en alivio,
la mar devuelve
las letras de tierra firme.

(III)

Yo no tengo mascarón de proa
para ensalzarme con amigos
mas tengo una mujer real
la cual guía mi destino.
No está bañada en oro
tampoco se queda quieta,
sin embargo da paz como tesoro
a sabiendas que soy poeta.
Yo no le canto a todas
cual poeta de roca negra,
a ella mi voz embelesa
cuando todo nos queda.

Su cabellera viaja por siete mares,
descansa por las noches
bajo el alero de mi cielo,
de mis ojos estrellados
entre su sonrisa de mar,
su canto de caracola
mi cuerpo revoluciona.
Sus ojos de verde mar
más bien son de campo,
llegaron a través del río
entre las piedras de la vida
hasta brillar en la mía.

Su cuerpo de sirena navega
a favor del amor,
el rocío de sus besos
hace surcos en mis labios,
mas la ola que moja mis pies
viene con ella dentro,
me acerco a la orilla,
a la comisura de la vida,
al borde de todo el deseo,
ella me salva, solo ella,
se lanza conmigo
como único destino
el mar del amor.

Letanía de Astarté


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Poema y foto por Juan Machín, modelo: AstarTere.

 

¡Amada!

¡Amado!

¡Calla!

¡Guarda silencio!

¡Calla!

¡Oye!

¿Escuchas?

Son mis suspiros los que rugen por el valle desierto,

son mis gritos que susurran por el bosque.

¡Mira!

¡Presta atención!

¡Mira!

¿Observas?

¡Observa bien!

¡Es mi rostro sin máscaras!

¡Es mi cuerpo desnudo! Imago mundi.

¡Son mis muslos! Columnas que sostienen el Universo entero.

¡Es mi espalda! Montaña cósmica.

¡Son mis senos! Volcanes primigenios.

¡Es mi pubis! Monte de Venus.

¡Es mi vientre! Cueva del deseo.

¡Es mi vulva! que se muestra, que se abre generosa,

fuente de la que brotan el placer y los sueños.

¡Amada!

¡Amado!

¡Soy yo! Tu diosa que te invoca y que danza,

diez mil nombres no me bastan.

Yo, la innombrable, que te nombro al nombrarme.

Soy la blanca Luna en la negra noche.

Soy la Tierra madre de la que todo lo vivo nace.

Soy la Tierra madre a la que todo lo muerto vuelve.

Soy el deseo eterno que te consume con mi baile inmóvil y con mi canto silencioso.

Soy la estrella de la mañana que vela tu sueño.

Soy remolino en reposo, soy la calma del huracán.

Soy la violenta cierva.

Soy la dulce amargura.

Soy luz oscura.

Soy tormenta y soy calma.

Soy el agua fresca del profundo pozo y la sed insaciable.

Soy las lágrimas de quien lo tiene todo y no desea nada.

Soy el águila que te arranca los ojos y te muestra otros cielos.

Soy la cuerda locura.

Soy la flor y su perfume.

Soy veneno y medicina.

Soy la espina que atraviesa corazones.

Soy la maga que te hechiza con la lengua y la mirada.

Soy el fuego y soy el hielo.

Soy averno celestial y paraíso infernal.

Soy tu salvación y tu ruina.

Soy la hiena que, amorosa, devora sin piedad tus entrañas.

Soy la espada que te da vida, matándote.

Soy la matriz del Cosmos.

Soy el orden y el caos.

Soy tu diosa,

Soy ¡La diosa!

Soy… Astarté.

De qué estoy hecho


Ellos leyeron a los romanos
y lloraron con el teatro
griego, por las rendijas de
un laberinto alguien contaba
historias tenebrosas sobre
la luz cegadora allá afuera…

De qué estoy hecho
(PDF de descarga gratuita).