Finales de agosto


Los días han caído
sobre los balcones.
Los gorriones pican
las últimas migajas
de agosto. Los edificios
tapan su rostro a contraluz.
Y no queda ninguna ventana
cerrada. No queda ninguna,
que no anuncie sus intimidades.

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Líneas


En la línea de tu espalda,

miles de incendios desatan

la revolución del amor.

Te reafirmas en tus logros,

no ves las tormentas,

y prosperan dragones

en horas olvidadas.

 

(Foto del autor)

Como demiurgo


Como demiurgo

Dibujo y poema de J. Machín

 

 

Como demiurgo

imposible te creo

con mis deseos.

Amor suelto


Llevas el amor suelto

en la mirada

que sólo de mirar

grita

finges no padecer de romanticismo

pero llevas el amor suelto

porque la palabra dice no

sería lo único

es sólo que tu canto

y tu sonrisa

denuncian

cómo llevas el amor suelto

al lado de los abrazos

delante de los suspiros

y el llanto

delante de la verdad

porque llevas el amor suelto

como frutas que penden

de tu lengua

si pudiera arrancarte una

jugosa

impregnada

de ese amor que llevas suelto

pues al fin y al cabo

en algún descuido

con cualquier pretexto

nos llevaremos ese amor suelto

bajo el agua

o entre las sábanas.

Miedos


Los miedos son fértiles

cuando crecen en aguas negras,

en tardes de blanco ambulatorio,

en esos ruidos de puertas y sillas,

en la espera.

La cabeza pierde porque sabemos

que viviremos arrastrando castillos y muletas.

 

(Fotografía del autor)

Bacante


Poema y dibujo de Juan Machín.

A Diana Gabriela, hermosa bacante.

 

Belleza, poder

de bacante sagrada,

embriagadora…

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Eros


Fotografía by Poetas Nuevos

Mis eros de tierra refulgen oxidadas,
en la no primavera y en el no verano,
sus puntas otrora verdes tienen las mismas raíces de las de mar, extienden sus ansias de vida y delirio mediante el color.

Sus almas vomitan oxígeno transparente, colgadas y no colgadas
son islas de deseo y decepción,
las veo respirar como peces
en esta orilla y a horcajadas vibran el último estertor.

Su impaciencia se parece a un poeta al punto de morir.
Escribe afanoso extensos versos
con toda la sustancia de sus mentiras personales,
entre el follaje del papel real.

Ellas no recitan,
porque eso es así,
abonan la pulcritud del suelo,
en su lenguaje milenario nos enseñan el sacrificio como un amuleto de ejemplo.

Al tomar esta fotografía las perpetuo jóvenes entre las viejas,
virtuosas entre las inútiles,
excelsas con el argot primigenio:
nacer,
crecer,
morir,
trascender y ser alimento.

Tengo en mi mente
hojas de todos los colores
que he inventado o he visto alguna vez,
en una película triple HD
en esos televisores ultraplanos en las megatiendas.

Ustedes también han visualizado
más un millar de imágenes,
donde las hojas son la reseña
triste del otoño y de una melancólica
entrada al invierno del terror,
lo digo solo por el frío.

No las abrazo para evitar
el quiebre estético,
es la escena en mis sueños más recurrente, aunque no las sueño dormido,
más bien las idealizo despierto.

Mis eros de tierra mueren
en un campo de batalla adverso:
la vorágine del ruido,
la ensordecedora tristeza del no tiempo,
los pies minúsculos del crujiente ser humano.

Mis eros de tierra gimen
en sus giros de muerte,
el roce del rival más temible
las excita y lastima a la vez,
caen en una cama verde,
en su orgasmo del tiempo
mueren felices.