Canción al revés


Estoy a un nombre de conocer tu paso,

y tengo en la punta del alma el suave ronroneo de tus labios.

Te duermo en cada amanecer, cuando el susurro de la luna despierta el día,

y en cada pincelada de café,

remuevo aquel color con el que te beberé sin prisa.

Deseo morir, gozar al fin una vida eterna de quererte,

pisando la cima de aquel beso nevado que me asomó al infierno.

Hoy te imagino en este mundo invisible,

luchando en este duelo a punta de placer,

desde donde unas líneas ausentes de sonido,

reescribo esta historia hecha canción, sin ritmo y al revés.

La armadura


«Declaraciones de amor inocente,
… la esperanza de ver al amado
nuevamente después de partir;
la alegría juvenil
y la fe en Dios».

Si esto quieres expresar,
tengo al emisario para ti.
En medio de un huracán de notas
aparece La,
la más alta nota.

Su armadura la sostiene.
La sostenida.
Y la vuelve diestra.
Y sus espadas bemoles,
La bemol.
La vuelven siniestra.

Su altura determina su rango
en su armadura.
Sus cuchillas fusas y semifusas
indican lo mismo.

Sus redondas y blancas
gritan su nombre
en clave de sol.

Si necesitas un soldado de poder
o una armadura en clave,
este herrero está a tus servicios
si visitas su taller.

(Por) que


Junto a mí,

tu espalda.

En ella, desastres,

reflejos de una vida pasada,

demasiado pesada.

Recuerdo en ti

mi impotencia.

No sé aliviarme contigo.

Como un juguete roto de la infancia,

te recuerdo,

quiero seguir jugando contigo,

pero mis recuerdos

son rencor

y no diversión.

Puede que el pasado,

el presente

y el futuro

sea siempre el mismo,

pero crezco

y el cómo cambia.

Ya no sé el suceso,

sino el porqué de él.

Y tu espalda ya no me gusta,

ya no me gusta cómo la veo,

cómo me veo,

y me meo encima

por miedo,

por medio de lágrimas calientes

que del asco

oculto.

Vuelvo a ser yo con otra máscara.

Puede que otro día te quiera,

o siempre te quiero.

Pero hoy no me gusta cómo te quiero.

Vuelve mañana.

Principado


Dibutrauma de corazón

Inventé una nación entera,
en la frontera de mi corazón y de mi alma,
con sus montañas, edificios y sellos postales.
Un lugar en el que las sombras no existen
porque nos reflejamos gatos.
Donde besamos tu mano
todos los hombres y sus reflejos-gato,
para rendirte culto,
para obsequiarte flores.
Una nación para tu principado,
donde por siempre seamos gatos,
donde por siempre seas (mi) princesa.

Una luz


Una lámpara expulsa su atmósfera luminosa sobre el cuarto. Arredrado junto a la ventana, un hombre, el que abrió los ojos, pensativamente observa como las gotas de lluvia unen sus pesos y tamaños para llegar hasta la parte baja del marco de madera de la ventana, se funden en pequeñas venas; y otra historia empieza, y otro río vital debe nacer. Fuera, entre las gotas líquidas, como un espejo reflejándose, dentro de su propia mente, otras gotas se unen como si fueran sus neuronas, alguien medita, llega hasta el interior de una hipótesis de la vida y se da cuenta de que existe mucho más.

Helado


En la herida

hundo mis sentimientos.

Hurgo con la curiosidad de quien se cree ingenuo

pero no lo es.

Ese es el problema.

No lo soy.

¿O sí lo soy?

Hago como si no lo fuera.

Y ahí estoy.

Fuera,

esperando a una ingenuidad que se fue

en aquel camión de helados.

cuando decidí no ir detrás de él.

Y ella sí.

Fruta


Quién ve en alguien

su vida

es porque no la conoce.

Se presenta,

hablan,

detesta su vida,

la esparce en mierda sobre los demás.

Se siente bien ahora.

Perdido pero bien.

Tan bien como los objetos,

tan efímero como ellos,

desperdiciando sus propios latidos

en laberintos.

Ya no quiero ser yo.

Quiero detestar abriéndome

a un debate interno

sobre mí.

Y entonces ser yo de verdad.

Tan entero como el tiempo

y eterno como cualquier sabor.