Vida ligera


Adicto a huir
a saltar de la ventana
porque lo malo desconocido
es mejor que lo bueno de ayer

Escapar por escalofríos
por imaginaciones perversas
en versos
pero conmigo

Anonadado por la nada
me relajo si
no pienso
porque si no siento
adicciones latir en mi pecho
por un mundo en el que ya no creo

Ya no existo
solo me llevo un paisaje
y el color de las flores

Cero grados


Foto de Julie Sopetrán

Hay niebla en la clase,

hace frío.

Suda colores la hoja entre la escarcha.

Los pupitres se cubren de nubes.

Los números juegan a las parejas de a tres,

y son uno y seis

de un impar feliz;

y nació niña.

Son cuatro y tres con el uno y el nueve.

Siembran tiempo y se van de paseo.

El seis se quedó en el centro, soltero.

Sale el sol, mediodía a las tres.

El profesor se va a comer,

queda un trío con el uno y el dos.

Suena el reloj:

tres palomas vuelan, cinco gallos cantan,

una gallina escarba la basura en la puerta,

y así, durante el día los números juegan

al esconder cien.

Durante la noche se acuestan a mi lado,

acunan sueños.

Los ceros se quedan solos debajo de la cama

y por más que hacen el amor,

nunca se quedan preñados.

Juegan

a dividir, sumar, restar, protestar.

Sin conseguir el efecto

de la consecuencia.

No encuentran cantidad sin unidad

y se entregan al polvo

y vuelan por la niebla sin valores propios.

Hace frío,

aplauden:

tan solo cuentan grados.

Amanece: el juego hoy es de cero a uno.

Insomnio incómodo


Un vacío silencioso
estampa una madrugada
el retrato de una reflexión
pensamientos sentidos
que a la nada llevan
y de la nada vienen


Insomnio controlado
por una mente mentirosa
—o ingeniosa—
depende quién la mire
insomnio relajado

mientras latente
a la espalda
está esperando la agonía
de sentirse cansado
una vez más

Todo está al mínimo
nada es lo que era
nunca nada fue nada

Viviendo a la espera
de esa agonía
cayendo en pesadillas
y sueños
con sabor a caramelo
agridulce
sabiendo que cualquier cosa
es mejor
que estar despierto
o mejor dicho.

Cualquier cosa es mejor
que ser consciente
que mandar sobre ti mismo
que ver el tiempo correr
y saber que existe el aburrimiento

La levedad de estar


Siempre traicionando, como decía Milan Kundera, traicionando por el gusto de la sorpresa y la digestión. Pregunta: ¿Y qué habrá después? ¿Qué habrá cuando ya no puedas más hacer lo que querías hacer? ¿Encontraré allí la lección? O por no encontrarla, por no mirarla con otros ojos, siempre se repite y por eso siempre quiero ser lo mismo o se aparece en mí siempre el mismo sueño? ¿Gustar y ser van de la mano?

¿Eres porque te gusta o te gusta ser tú?
¿Me gusta antes de mí o después? ¿Quién va primero? La palabra, el viento o el pensamiento? ¿Puedo cambiar si el pensamiento ya se hizo palabra?

Al final soy canto, que no cantante, no soy ni cara ni cruz, solo depende del momento. No opino siempre igual, porque no paro de pensar. Igual eso quiero yo, cambiar porque todo cambia, y seguir cambiando, ¿hasta cuándo? ¿Hasta que nada cambié? ¿Cuándo dejará todo de cambiar? ¿Habrá un límite? A veces, intento dejar de pensar para mantener, y entonces todo cambia, y aquello que era malo y quiso ser bueno se volvió más malo, todo para justificar que es malo y aunque no lo quiera, lo quería.

Todo depende al final, todo se enreda y se desenreda, todo es «bueno» y «malo»; puede que al mismo tiempo aunque cada vez salga una parte diferente. Cambiar, que no llevar la contraria, o como dije, puede que en la superficie parezca una cosa y en las raíces, otra diferente.

Al final no sé si hay objetivo o solo camino, o si el camino es el objetivo, o si lo que no paramos de hacer, todo aquello que queremos desaprender, todo aquello que creemos no nos gusta de nosotros y tratando de transformarlo lo reivindicamos aún más; todo eso no sé si es lo real, lo que realmente es nuestro y debemos guardar y sonreírle, en vez de castigarlo, porque nada es bueno ni malo, nada del todo, todo es parcial, no siempre se puede ser justo y equitativo a la vez.

Nada depende de nada, entonces todo da igual.

Todo depende de todo, entonces nada da igual.

Hay días…


Imagen: I.am_hah

Hay días en los que el alma pesa, la vida duele y los pies no avanzan.

Esos días en los que, queriendo, se corta el aire, se alarga la sombra, el grito se ahoga.

Hay días en que se espera la noche como el desenfreno del mar golpeando las rocas.

Días en los que te amo y no te tengo, madrugadas que hielan un deseo sin cuerpo.

Hay días donde las nubes se ocultan, el sol es etéreo y la lluvia no moja.

Esos días llenos deshojando las horas contigo pero sin ti, a destiempo…

Lánguidas, indomables, rotas.

Hay muchos de esos días, tantos como heridas.

Cuenta regresiva


En el bar que cierra a las doce,

once gendarmes entraron,

diez copas de vino y una ruleta pidieron,

para jugar un juego que el noveno perdió;

ocho fueron las palabras que el perdedor cantó:

«siete veces lloré amargamente bajo sus lindas piernas».

Mientras seis transeúntes atónitos miraban,

cinco de ellos, los más cuerdos, se fueron

y al cuarto de hora del cierre del bar,

bajo las tres únicas nubes del cielo,

dos borrachos callaron,

por culpa de una bala de cañón.

Me alquilé


Ni escritor ni personaje
admirador de mi interior
y su equipaje

Es cierto que conmigo ya no vale
pero eso es indiferente
mi valor simbólico
pagado por sentidos
y una letra pequeña
llamada cerebro

Alquiler de mi propia palabra
escondo valores de esencia
por no decir que los perdí

No soy sin mí ni conmigo
dejé de ser al nacer
para mirar mi propio ombligo

Negocios contratos
todo para vivir
para tener ganas
—u obligaciones—

Lo complejo es barato
pagado por anticipado
mientras que lo sencillo
no es que salga caro
es que está extinto desde hace ya rato

Por eso necesito un papel para vivir
algo que me diga por qué nací