Ser serpiente


Grafiti de los Niños Zoques.

Ser dorso de serpiente.

Tener calor a izquierda y a derecha,

no sufrir frío.

Abrazarse con cola y cabeza.

No estar solo.

Estaciones


Tanto invierno en el alma.
El otoño haciendo lo suyo en el cuerpo.
La primavera aferrándose a las esperanzas,
y el último tibio verano que dejó tu recuerdo.

El arma imposible


silencio de negra

Si alguna vez has conjurado
un pentagrama,
quizás la logres ver.

Y la puedas oír
aunque no se escuche,
porque tienes oído especial.

El mundo está lleno de cosas
imposibles, insostenibles,
que la razón no puede contradecir.

En medio del barullo,
en medio del baile;
quizás la distingas.

Espera un tiempo,
quizás medio segundo…
¡Allí está!… y allá se fue.

Y si llegaste hasta aquí,
te lo voy a decir.
El secreto es:

¡Silencio de negra!
Si le preguntas dónde está,
en silencio te dirá que «Si».

Lluvia diciembre


Sos mis aguas de marzo,

Aunque estemos en diciembre,

a pesar que estos días ya no lluevan más,

porque por vos «soy palo, soy puente y fin de camino».

 

Y vos por siempre:

 mi «misterio profundo»,

mi lluvia diciembre,

mi gusto y mi disgusto,

mi noche y mi sol.

 

Porque vos sos y serás mis días,

mi café por las mañanas,

mi cerveza helada

hoy y los siguientes trescientos sesenta y cinco años bisiestos,

y, todavía, un día más.

Compañera, un paso más en el camino…


Entre generosidad plena se conjugan la vida y el amor,
con una calidez combativa que alimenta las emociones y los afectos,
pues de alegrías y de tristezas se allanan las páginas de nuestra historia.

No hay actitud más gratificante, ni acto más recíproco
que tu afable bondad cuidándome cotidiana y prolijamente,
en mis horas de grandeza, pero aún más en mis horas de embargo y desolación.

Desde mis insipientes y llanas letras
hasta mis más grandilocuentes y expresivas intervenciones,
ahí has estado y estás vos, corrigiendo palmo a palmo mis errores,
pero, sobre todo, rescatando infaliblemente mis virtudes.

No puedo decir que la vida me ha dado todo lo que yo quiero,
pero cuando vos llegaste a mi vida, comprendí que la vida te da lo que necesitas.
Sí, me dio a vos. Compensando esa necesidad afable, para aplacar mis derrotas,
pero con las certezas oportunas, para levantarme y alentarme en cada caída.

Es por ello que, en todo momento, en todo pensamiento, en cada instante
de mi fugaz vida, desde que estás a mi lado, la vida se vive mejor.
Y no porque la sagacidad y la ternura con la que me miran tus ojos
me enamoren diariamente de vos, no. Menos aún, por la vehemencia
con la que tu deslumbrante sonrisa, tan desfachatada y descaradamente
me apaciguan en cada momento de desasosiego y desesperación, no, qué va…

Tampoco por la insensata lujuria que me provoca tu exquisita figura
trastocando milímetro a milímetro, cada espacio de mi piel, no, qué va…
Menos aún, porque la tibieza de tu cuerpo y tus caricias melosas que arremeten,
cada vez que les da su regalada gana, contra mí y contra mi libido, no.
Tampoco, porque la exuberancia tu cuerpo sea el antídoto perfecto
que desencadena nuestros combates de piel con piel y pura miel, no, para nada.

Por ello, debo recalcar que, en todo momento, en todo pensamiento,
en cada instante de mi fugaz vida, desde que estás a mi lado, la vida se vive mejor.
Porque simple y sencillamente, tu compañía, tu ser, tu sonrisa, tus labios,
tus ojos, tu sexo, tus olores, tus sabores, tus rabietas y tus locuras,
han sido los componentes necesarios y plenipotenciarios
para caminar junto a mis sueños y locuras.

Componentes que hoy, más que antes, se convierten
en una amalgama perfecta y predilecta, mi compañera,
para dar un paso más en el camino de la vida,
de nuestra vida y nuestro amor…

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«Felicidad», fotografía por Mirosh Cevallos.

Esta tristeza


Es tan amarga como un café en silencio.
Pesa en alguna parte del ser.
Es un insolente recordatorio de que el día comienza sin sol.
Anega los ojos de agua y va vaciando el corazón de a poco.
Te mantiene en un estatus de inmovilidad permanente.
Hay mil piezas, pero ninguna de ellas encaja.
Los recuerdos necios son como preguntas abandonadas.
Es sufrir un ataque de rabia en calma, mientras la noche se consume
y das diez mil vueltas en la cama y ya no hay nada.
No es veneno, pero mata.
Se alimenta de minutos y crece… y crece.
Esta tristeza me impide olvidar tu nombre,
solo porque eres tú quien la causa.
La canción la olvido.
La foto la rompo.
Las mil lágrimas las lloro.
Pero ¿quién me quita esta tristeza?
Esta
maldita
tristeza.

Yerushaláyim & Mockba


jerusalem y moskau 001

Las esposas de los dioses.
Una es buena y otra, extraña y misteriosa,
una tiene un sello en la frente y la otra tiene puntos rojos allí.

Los dientes de una son como ovejitas y los de la otra son de oro,
una es rolliza y hermosa y la otra es gorda y vieja.
Sin embargo una es amarga y la otra es dulce.

Con una es difícil llegar, a la otra le pagas y se te tira encima.
A la una: ¡Qué bonita eres! Y a la otra: ¡Un, dos, tres!
Los héroes cantan al amor y los pioneros le cantan a Lénina.

Una cuida su piel con su alimentación, la otra la maquilla.
La sabia viste sus pechos para erguirlos y la otra se los implanta.

Juan vio una ciudad que no está aquí.
Y yo veo lo que no ves cuando duermes.
¿Quieres saber todo de ellas?
Veo lo que no ves cuando estás en frente de mí.
Veo lo que no ves cuando me hablas a mí.

Las esposas esperan, la guerra inicia donde ni te imaginas
y los dioses ya eligieron sus armas:
Jerusalén, Jerusalén, ¡qué bonita eres!
Moscú, ¡un, dos, tres!