Candela


«Candela» (collage y pintura), serie «Azules y Rojos, pasado continuo».
          «La milicia y los propios vecinos aporreaban las puertas de las casas e irrumpían requisando todo lo que tenían al alcance.         
»Aquello que no les servía simplemente lo lanzaban por los balcones. Si no hubiéramos estado encerrados todos tras ventanas y puertas tapiadas, podríamos haber presenciado una lluvia continua de cómodas, mesitas de noche, libros y sillas, que estallaban en esquirlas de madera nada más caer y desmembrarse en las aceras.         
»Después se hacían grandes fogatas y los llantos y el olor a quemado inundaban las calles».  

Azules y rojos


Azules y Rojos (collage y pintura), serie Azules y Rojos, pasado continuo

«La familia quedó destrozada y sin recursos al faltar el único sueldo que la mantenía. Pepe, entonces de cinco años, se estremece aún por el doloroso recuerdo de su madre, que cayó desmadejada y rota de dolor en el primer escalón de la escalera de su piso vivienda, llorando entre lamentos y temblores, con el paquete de comida en sus manos, y a su hermano Pedro, de catorce años, al que él siempre había visto tan fuerte y seguro, clamar a gritos llorando: ¡Mi padre, mi padre!».

Cineteca Nacional


Solo tengo una rutina fuera del trabajo, y es que todos los martes y los miércoles, después de las cinco de la tarde, me fumo un cigarrillo en una de las  bancas del jardín de la Cineteca Nacional. Y después lloro.

Los martes y los miércoles son días de llorar a mares. Siempre después de las cinco de la tarde, porque son los únicos días que me permito extrañar con todo mi ser, con mis ojos y mis entrañas, a Gildardo, mi exnovio, con el que estuve los últimos cinco años, con el que planeaba casarme y con quien hubiera tenido a dos hermosos hijos (Graciela y Gerardo). El único con el que podría haber volado hasta Santiago de Chile en globo aerostático y regresar a México a pie. 

Sí, así de fantasiosas eran mis expectativas con Gildardo. 

Hay tardes en las fantaseo que lo llamo. Imagino que le pregunto cómo está, que le recomiendo libros y que le doy mis últimas críticas sobre las películas de Marvel. Me veo contándole sobre la proximidad de nuestros cumpleaños para después, hacerme la olvidadiza y pedirle que me recuerde el viaje que hicimos a Japón. Que me diga los nombres de las montañas y que me explique nuevamente el porqué del sabor y del color del flan de azuki, y el por  qué decía que mis ojos eran más hermosos que todos los cerezos de las islas del sol naciente.

Otras veces sí marco desde la caseta telefónica de la Cineteca. Espero escuchar su voz y le cuelgo. Esas son las ocasiones en las que lloro más.

¿Y por qué la Cineteca Nacional?, fácil, porque las fotografías que adornarían nuestra boda, serían tomadas ahí. Porque ahí nos conocimos, ahí fue nuestro primer beso (cuarenta minutos después de conocernos) y porque en sus gradas Gildardo me pidió que nos casáramos. Por eso vengo a llorar aquí los martes y los miércoles después de fumarme un cigarrillo.

Sí, claro que los edificios tienen memoria. Por eso la Cineteca llora conmigo.

Fotografía de ana.torr.ent https://www.instagram.com/p/B6tPTtGBZiz/?utm_medium=copy_link

Boom, boom


«Una tarde apareció corriendo por la playa un hombre de unos cincuenta años, con pinta de pescador o mariscador. Venía horrorizado y nos gritó descompuesto, pero sin siquiera pararse, que nos quitásemos de en medio, porque por la playa venían los soldados cortando cabezas.
Todos los niños y niñas salimos aterrados corriendo de la playa, buscando refugio».
 Boom, boom (collage y pintura), serie Azules y Rojos, pasado continuo.

Carta a una adolescente


Dona i Ocell. Joan Miró

Recuerdo, hace doce años, pasar toda una tarde atesorando un secreto gigantesco. Horas después, el secreto dejó de ser secreto, y lo supo todo el mundo porque te habías convertido en una bella y nutrida realidad. El plan de trabajo no era sencillo: darte calor, protegerte del sol y alimentarte. Los días pasaron borrachos de la velocidad del alma. Nada de lo que había hecho yo anteriormente se podía comparar, ni en extensión ni en importancia, a ti. 

Han pasado doce años.

Ahora has eclosionado; ahora eres una persona con la que me río, discuto y comparto y tú me alimentas, me das calor, me proteges del sol.

Colas, garras, uñas y dientes


Colas, garras, uñas y dientes (collage y pintura), serie Azules y Rojos, pasado continuo
 “En la posguerra repartían cartillas de racionamiento que especificaban qué (según la disponibilidad) y cuanta cantidad de determinado alimento podíamos comprar por familia. Pero la mayoría de los productos estaban muy limitados y se agotaban enseguida. Es por eso que estábamos dispuestos a hacer largas colas para todo. Miraras dónde miraras toda la ciudad era una infinita fila de caras hambrientas. Filas y más filas.”

Guayacancito: carta al futuro (monólogo)


En el #ReversoDelTiempo, frente a un estado pandémico de prolongada existencia, en mis desvelos por el bienestar de hombres y mujeres de mar que siempre van conmigo, confluyen narrativas, anécdotas de relevante preocupación hacia la interioridad del sentir, del ser y la continuidad de su existencia. Historias que describen, definen y cuestionan vidas, seres y sentires, a través de las cuales cada uno, en absoluta diáfana expresión de libertad, quiere ser oído, tomado en cuenta y mostrar su razón.

Desde la lejanía en tiempo y espacio, con los pies sobre la tierra, temeroso del infortunio y naufragio en la inmensidad y soledad del mar, no puedo más que expresar mi gran preocupación, mis angustias ante la adversidad y la visión intuitiva de un mundo futuro, caótico, donde la desesperanza y el malestar social son la peor amenaza, el enemigo a vencer, detonantes y definitorios de un mundo con estados e institucionalidades inexistentes.

Ante la calamidad, miles de razones incuestionables se pueden esgrimir, se pueden tener, que ofuscan la visión del mundo en gestación. Mundo, que la experiencia científica, el devenir histórico y la intuición poco escuchada, menos entendida, silenciada o desechada por mezquinos e indignos intereses, describen y definen como caótico, de proyección y pronósticos devastadores para toda la humanidad.

En la inocencia e ingenuidad de la vida, de conocimiento del mundo y las relaciones de interés y dominios estratégicos, hegemónicos, la humildad en hombres y mujeres de mar, a lo largo de nuestra historia, siempre ha sido su mayor fortaleza, su mayor riqueza; el ostentar fortunas inexplicables su peor debilidad. De pesadumbre y gran tristeza, como derrota personal, la observancia de un extendido analfabetismo funcional, inducido, que conduce a la ignorancia e ineludiblemente al fracaso de la humanidad, del conocimiento científico y cultural. ¡Vacúnate!