Barriobajeros II


ElviraMartosElviraMartos

No quiero albergar

esperanzas.

Ojalá desesperen a la intemperie.

Y mueran

de soledad

y repudio.

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Era la noche oscura


Era la noche oscura. Tan oscura que la luna y las estrellas parecían haber desaparecido del firmamento. El calor sofocaba el cuerpo y el alma. Las gotas bajaban confusas. ¿Eran de sudor o lágrimas? La ropa molestaba, la piel más. Los mosquitos se aprovechaban de su cuerpo semidesnudo. Entre los ruidos —plantas eléctricas, grillos, coquíes—, se escucharon unos pasos. Una mano tibia se posó en la espalda de Edgardo. Él se sobresaltó. No esperaba a nadie a estas horas. Un dedo sobre sus labios calló sus palabras. Su corazón comenzó a latir aceleradamente. Sintió la presencia acercarse a su oído pasando su lengua por la oreja. El viento se desencadenó y pensó por un momento que se elevaba. Todo comenzó a estremecerse. El suelo, la hamaca y hasta la columna donde estaba amarrada.

Entonces escuchó una voz que le dijo:

—¡Bú!

Y su corazón se detuvo.

Imagen: https://pixabay.com/en/fantasy-fog-creepy-mystical-mood-2847724/

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El reflejo de Paula


Paula se miraba en el espejo a la vez que Tatiana lo hacía y creía que su reflejo era el de su amiga de juegos. Hasta que llegó su mamá y le dijo: «No, Paula, tú eres la de las orejas largas y preciosas, el hocico bonito y la cara peluda». Ella no lo creyó.

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Imagen: Pixabay

Luces del camino


El tiempo enseña el valor de los pequeños detalles.

Nuestra mirada cambia,

por el mismo camino sin el mismo tiempo.

 

(Fotografía del autor. Un modesto acercamiento a las magníficas fotografías de @robertocabral2012)

Todavía no


Se cansa de vivir. Apaga el reloj despertador que en los últimos diez años ha sido su única compañía. Se acuesta en la cama. Cabecea. Divaga. Duerme. Llega la muerte. Lo contempla. Acaricia su cuerpo. Reconecta la alarma y desaparece.

Cuando abro los ojos


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El momento más desesperante de despertar es cuando abro los ojos y aún está oscuro. No solo la oscuridad es lo único que me causa incomodidad; también la parálisis de sueño. He aprendido que debo esperar un poco a que el efecto pase sin más por mi cerebro, abra los ojos de verdad y me pueda mover. Entonces, me relajaré un poco y pensaré en algo bonito. No me viene nada a la mente salvo esta pregunta: ¿así se sentirá estar muerto? Tal vez sea así; ver como abandonas tu cuerpo, mirar cómo estás postrado en la cama y flotas… No, eso de flotar es algo de la metafísica. No creo mucho en eso de los viajes astrales y el hilo de plata. Si pudiera reírme lo haría, pero estoy inmovilizada por un mal funcionamiento de mi cerebro.  Antes tenía pánico de esa enfermedad que aparentaba la muerte, catalepsia, pero leí en un sitio de internet que eso no existía que era solo una leyenda urbana y que en realidad nunca había existido un caso auténtico ni documentado de ese supuesto desorden. Eso sí debe ser irreal: despertarse en un féretro o peor aún, dentro de un horno crematorio… ¡Qué risa! Eso sí es una broma macabra.

   A veces me pregunto ¿cómo será el día de mi muerte? ¿Moriré joven o llegaré a ser una anciana? Los que mueren jóvenes tienen más tiempo para estar muertos. Mi familia estaría muy triste; mi madre deshecha en llanto y mi padre con su imperturbable gesto en la cara. ¡Jodido cliché! Mi hermano creo que aún no tiene edad para saber sobre la vida o la muerte. Lo extrañaría mucho. Me enfurece pensar que me desnudarán para ponerme mi vestido blanco favorito, ¿serán los de la funeraria o mi madre? Si fuese mi madre, ya no tendría que explicarle lo del tatuaje, pero los de la funeraria quizá tengan parafilias y me toquen los senos y la vagina; en fin, podrían hacer cualquier cosa conmigo en ese momento de indefensión. Da lo mismo. Ya no sentiré nada, pero existe la posibilidad de que mi alma contemple tales atrocidades. Creo que ya estoy regresando. Escucho voces lejanas, pero no puedo reconocer ninguna de ellas. Ahora siento dolor en los ojos… Puedo ver luz, pero no puedo enfocar; me siento como aquella vez que bebimos vodka con Red Bull en el colegio, en una de las horas libres. Todo da vueltas a mi alrededor o yo estoy dando vueltas. ¡Vaya manera de despertar! Sigo sin poder moverme.

   —Doctor, la paciente está parpadeando. Abre y cierra los ojos como si quisiera enfocar.

   —Es normal. Habrá días en que permanezca con los ojos abiertos durante largo tiempo. También pueden tener espasmos. Es importante que no se comente de estas reacciones a los familiares para no darles falsas esperanzas. Procederemos a colocar el tubo gastrointestinal.

   Mejor cerraré los ojos. Esta pesadilla es demasiado lúcida y no puedo fijar la vista en un punto. Sentí un dolor agudo en mi estómago. Ya quiero despertar. ¡Por favor que ya pase! Sigo escuchando voces a ratos. No debo desesperarme, pensaré en algo bonito para despertar de una buena vez. Ahora escucho las voces de mis padres. Mi madre llora y mi padre contesta monosílabos. Abriré los ojos para verlos.

   —¡Doctor! ¡Abrió los ojos, lo acabo de ver! —dice mi madre

  —Es un movimiento que nada tiene que ver con la actividad cerebral. Lamento decir que no significa un síntoma de mejoría. No podemos hacer más, solo esperar.

   Escucho que las voces se alejan. ¿Estoy muerta? ¿Qué demonios está pasando? ¡Ay, no! ¡Muerta no!

   —Hola, linda, soy tu enfermera —dice otra voz que no conozco—. La vamos a pasar muy bien. Vas a estar un largo tiempo aquí y voy a hacer que sea placentero.

   Abro los ojos e intento mirar a quien me habla. Sigo sin poder enfocar, pero siento que una mano se desliza por debajo de lo que traigo puesto; toca mi pierna, mi vagina y luego mi seno y no es mi alma la que está contemplando esto.

Imagen: Uva Rova, Creative Commons Zero (CC0) license.

Voluntad


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Sería la retirada de la escena de un líder para los que han dejado de leer, un cometa que llegó para crear, construir o abonar las semillas del mañana, y que se va al encontrar demasiado secos los parajes que visita. Con el mismo reflejo de luz, con la misma fuerza que llegó, con su voluntad intacta, se subirá a un barco y partirá lejos. Pero también con la envidia de los que sienten perder en el mar una llama viva sin tener que arriesgar nada.

La voluntad reside en esa extraña forma de pensar de los que nacen con una sospecha sobre lo que es trascender.

(Fotografía del autor)