El invitado


Hace casi dos milenios que lo habían crucificado al lado de un tal Jesús de Nazaret, para quien la crucifixión era un mero trámite, según lo narrado en los evangelios. El pobre Dimas no había corrido con la misma suerte, pues aunque Jesús le aseguró que ese mismo día estaría con él en el paraíso, no contaba con que la burocracia celestial era peor que cualquier burocracia terrena. Jesús el nazareno olvidó pedir sus datos a Dimas antes de expirar, y cuando este llegó a las puertas del paraíso, su nombre no constaba en la lista de invitados.

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El día del portero


Un día todos, cansados, se fueron. Incontable fue la gente que se quedó encerrada y llegó tarde al trabajo, lo que supuso un golpe brutal a la economía. La bolsa cayó en picado. Infinitas doñas se quedaron sin su psicólogo low cost, la inseguridad tuvo picos históricos; nadie estaba dispuesto a salir de su casa por miedo a que lo roben. Así se generó una sociedad ermitaña y aislada. Cada uno en su hogar, protegiendo lo suyo. Y así seguimos. Y así nos fue.
El mundo simplemente no estaba preparado para el día del portero.

La bucanera hace sus mandados de incógnito


La tasca


Elvira MartosElviraMartos

Barriobajeros

Barriobajeros


Yoko Ono duerme en los portales


La falda


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Nuestro subconsciente a veces nos salva del ridículo; una mujer que cruza por delante del coche de un compañero de trabajo, y antes se alisa la falda un momento. A la vez arranca el automóvil y este se pone en movimiento. Ella mira al rostro del conductor, no mira el coche que es el que puede causar un accidente, tampoco mira la distancia que se acorta, mira al hombre, a quien en definitiva ha visto un par de veces y sabe que acabará deteniendo el vehículo. Porque su subconsciente (tiene que pensar) no terminará chocando con una falda que lo había distraído.

(Fotografía del autor, Estocolmo 2016)