El alquimista del mar


Thomas era el hijo ilegítimo de un sargento primero de la Marina, por lo que tuvo muy poco contacto con su padre. Pese a ello, cuando cumplió quince años, su padre decidió llevarlo de viaje a una playa muy lejana. Le dijo que admitía no haber sido una figura paterna para él, pero que lo único que podía darle como legado era enseñarle las artes de la alquimia que fueron el motivo de sus constantes viajes durante casi dos décadas. Thomas, por supuesto, se rehusó. Pero su madre lo obligó a obedecerlo como si de ella se tratara, incluso si pensaba que sus peticiones eran de lo más insólitas.

El entrenamiento duró alrededor de tres años y fue un curso intensivo de alquimia con un orden muy específico. Primero, debía recibir una preparación física y de supervivencia que le permitiera vivir de la naturaleza. Paralelo a eso, realizaban constantes ejercicios de meditación para sentir lo que su padre llamaba «la presencia del planeta». De hecho, lo llamaba de muchas formas: «el ánima del mundo», «la energía vital de La Tierra», «ánima mundi». Pero siempre se refería a lo mismo: una misteriosa sensación que, una vez identificada, puede ser sentida en todos los organismos vivientes.

Habían pasado casi tres meses y Thomas aún no entendía a qué se refería su padre. Llegó a pensar en el entrenamiento físico como un castigo de parte de su madre por su mala conducta. Además, la preparación física era incluso más estricta que una preparación militar. Para ese punto, se cuestionó el propósito de esa tortura no solo física sino emocional. Debido a que, aparte de las lecciones de meditación y rutinas de ejercicio intenso, él no establecía contacto alguno con él.

—¿Solo para esto me trajiste? ¿Para atormentarme con ejercicios y con discursos raros sobre presencias y energías?

—¡No sé de qué hablas, muchacho! —gruñó su padre.

—¡Me llamo Thomas!

—No es importante cómo te llames, solo es importante que aprendas como si tu vida y la de tu madre dependieran de ello.

—¡Nunca sé de qué mierdas hablas!

—No es necesario que lo entiendas, es importante que aprendas a enfocarte. Te desconcentras con mucha facilidad.

—¡Deja de cambiar el tema, viejo loco! ¿¡Qué propósito tiene toda esta tortura!?

El padre de Thomas, que jamás había establecido contacto visual con su hijo, lo miró fijamente. En sus ojos se podía ver claramente un fulgor azul que intimidó al muchacho.

—Tienes razón —dijo su padre—. Después de todo jamás lo has visto. Es natural que no entiendas nada, incluso con toda la preparación física y la alimentación especial.

Efectivamente, Thomas no entendía nada y se limitaba a ver cómo su padre caminaba hacia a una zona rocosa.

—Toma una piedra y trata de lanzarla después de que me ponga esto —dijo su padre mientras se colocaba una venda negra en los ojos—. Puedes lanzarla desde donde desees. ¡Hazlo con la intención de matarme, será tu única oportunidad!

Thomas le tomó la palabra. La idea de poder devolverle al menos algo del dolor de la tortura era muy tentadora para él. Agarró una piedra grande y se movió sigilosamente para cambiar de ángulo y aprovechar el efecto de la venda. Para ese entonces, Thomas ya sabía que su padre no era un hombre ordinario. Muchas veces intentó escapar del entrenamiento. Pero su padre siempre lo encontraba, incluso si escapaba mientras él dormía. Por alguna razón que Thomas no entendía, su padre era capaz de sentir su presencia y encontrarlo en poco tiempo. La velocidad tampoco sería útil para huir. Su padre se movía tan rápido que los ojos casi no eran capaces de captar sus movimientos.

Estaba listo para lanzar la piedra con todas sus fuerzas, apuntando a la cabeza. La lanzó, y su padre no hizo esfuerzo aparente en esquivarla. Cuando la piedra estuvo a punto de golpear su rostro, Thomas se asustó pensando que lo había lastimado. Pese a su ausencia y el dolor provocado durante esos meses, era incapaz de querer causarle daño real.

Pero el resultado fue otro. Una milésima de segundo antes de que la piedra lo tocara, su padre no solo la esquivó sino que además apareció a espaldas de él. Thomas estaba sorprendido. Pero su padre no le dio tiempo de procesar la sorpresa.

—Sigue intentando —dijo el confiado alquimista—. Aléjate y agarra más piedras. No podrás darme con ninguna.

Thomas odiaba que lo desafiaran y ahora sentía curiosidad de las limitaciones de los reflejos y sentidos de su padre. Se alejó y le lanzó otra piedra. Esta vez, el alquimista permaneció inmóvil y, para total asombro de su hijo, la piedra se hizo pedazos antes de poder tocarlo.

El muchacho sabía que su padre tal vez intentaba enseñarle un extraño arte marcial o religión, y de alguna manera sintió curiosidad por sus inusuales capacidades físicas. Pero pasar de eso a destruir una piedra, sin siquiera tocarla, era un asunto muy distinto.

—¿Cómo hiciste eso, viejo? —preguntó con evidente sorpresa.

—Con un entrenamiento mucho peor que el tuyo— dijo el alquimista dentro de la mente de Thomas, mientras se movía hacia su espalda con una agilidad sobrehumana.

—¿¡Cómo puedes hablar en mi mente!? —gritó el confundido muchacho.

—Estos son los resultados del entrenamiento que acabas de empezar.

Dicho esto, su padre empezó a hacer unas extrañas posturas con sus manos. Un brillo de color azul emanaba de su mano izquierda. De repente, un rayo de color verde salió disparado desde sus manos y chocó contra una roca, que terminó hecha pedazos por el impacto.

—¿Qué demonios eres, viejo? —dijo Thomas, a quien le costaba creer lo que vieron sus ojos.

—Soy un alquimista, e intento enseñarte las bases antes de volver a viajar. Quiero que seas capaz de cuidar de ti mismo y de tu madre —dijo, mientras buscaba algo en su bolsillo—. También quiero que conserves este collar.

Luego de aquel suceso, Thomas empezó a tomarse en serio el entrenamiento.

***

A Thomas le tomó alrededor de un año aprender la habilidad de sentir el ánima mundi y pasar a la siguiente etapa del entrenamiento. Esta consistía en el aprendizaje de un arte marcial que tenía como objetivo darle conciencia de su cuerpo y, posteriormente, ser capaz de sentir el ánima que fluía dentro él. Pasaron otros varios meses hasta que, al fin, entendió lo que su padre trataba de explicarle durante las agotadoras rutinas de ejercicio y meditación. Había conseguido despertar su percepción extrasensorial.

Una vez que fue capaz de sentir el ánima que emanaba de su propio cuerpo, la siguiente etapa del entrenamiento consistía en determinar la fuente de dicha energía. Esto era aún mucho más complicado. Le tomó casi seis meses determinar que dicha energía procedía de su propia alma. Y casi tres meses más para identificar que el alma poseía un núcleo que era, al mismo tiempo, un lugar y un generador de energía.

Su padre seguía aumentando capas de dificultad al entrenamiento. Ahora no solo consistía en duras rutinas de ejercicio físico, prácticas de batalla cuerpo a cuerpo y meditación. Sino que además, durante los combates, debía ejercitar su concentración para sentir todo el tiempo el patrón de circulación de su propia ánima desde el núcleo de su alma.

La siguiente etapa consistía en repetir las mismas rutinas, pero con los ojos vendados; con el objetivo de desarrollar su percepción extrasensorial. Su padre, también vendado, buscaba y golpeaba a su hijo mientras este intentaba defenderse o huir de los golpes. Tras varios meses de constantes golpizas, Thomas fue capaz de sentir la presencia de su padre y esquivar uno que otro ataque. Pasó el resto del entrenamiento esquivando o desviando progresivamente cada vez más golpes.

***

Luego de casi tres años, su padre se despidió diciéndole que por fin había aprendido las bases de la alquimia. Pese a ello, Thomas no era capaz de llevar a cabo la telepatía, la emanación de rayos de energía o la velocidad sobrehumana. El fruto de su entrenamiento consistía en concentrarse profundamente hasta lograr que el núcleo de su alma dirigiera cierta cantidad de ánima hacia su puño. Thomas había aprendido que, así como el flujo de electrones genera energía eléctrica, el flujo de ánima genera una energía conocida como aura, que podía concentrar en su puño, permitiéndole destruir rocas de tamaño considerable. Sin embargo, la técnica le requería tanta concentración que le era imposible usarla en batalla, además terminaba desmayado a causa del esfuerzo físico y mental que requería ejecutarla.

Haciendo un entrenamiento de un año por su cuenta, fue capaz de mantener la conciencia luego de usarla hasta un máximo de tres de veces. Thomas siguió entrenando arduamente durante años, intentando mejorar sus habilidades alquímicas para descifrar los misterios contenidos en el collar que recibió.

Luego del entrenamiento, Thomas no volvió a saber de su padre.

***

Continuaban las labores de emergencia de La concha marina, con el objetivo de hacer las reparaciones corporales necesarias para estabilizar los signos vitales de El alquimista marino, que había recibido mucho daño de las katanas de Jorōgumo.

Jorōgumo, por su parte, ejecutó el conjuro de Mahou que le permitía rastrear el aura de El alquimista marino. Sin embargo, el conjuro no mostraba señal alguna del aura de su adversario. Jorōgumo dio por muerto al alquimista y confirmó la aparente consumación de su venganza.

—Lo maté. ¡Al fin maté al maldito! —gritó Jorōgumo mientras reía de forma demencial—. ¡Manchar el honor de la gran araña se paga con sangre!

Jorōgumo perdió de vista a La concha Marina, pensando que dentro de ella no había más que un cadáver, por lo que se convirtió en humo y desapareció del lugar sin dejar rastro. Sin embargo, uno de los mecanismos de La concha marina le permitía evitar que cualquier señal escapara de su interior. Esto incluía su propia aura y la de su usuario. Debido a esto, el conjuro de rastreo de Jorōgumo fue incapaz de detectar señal de El alquimista Marino; haciéndole creer que, efectivamente, había fallecido.

***

Thomas había entrenando más de una década por su cuenta. Había conseguido, por fin, igualar las proezas que vio realizar a su padre durante la preparación que le dio. Además, había logrado descifrar la naturaleza del collar que recibió. Dentro del collar existía mucha información sobre la alquimia, recopilada por su padre durante años. Además, contenía una extraña visión en la que La Tierra era atacada por una raza de seres que llegarían atravesando grietas dimensionales. El collar, además, contenía unas instrucciones muy complejas que aún no lograba descifrar del todo. Una vez conocida la visión, Thomas decidió aumentar la intensidad de su entrenamiento para estar en condiciones de hacer frente a los enemigos que invadirían el planeta dentro de algunos años.

Con el tiempo, llegó a ser conocido como El alquimista del mar y decidió perfeccionar un arte marcial potenciado con alquimia que le permitía al practicante conseguir un movimiento rítmico, parecido al de las olas, de manera que sus ataques no pudieran ser previstos incluso cuando mantenían cierta cadencia.

Usando el conocimiento dentro del collar, El alquimista del mar construyó la piedra filosofal incompleta conocida como La perla negra. Esta piedra filosofal consistía en un líquido de color oscuro, que podía guardarse debajo de su piel como un tatuaje capaz de cambiar de forma a voluntad del usuario. Dentro de La perla negra empezó a cargar ánima y una energía experimental en la que estaba trabajando, conocida como Splendor Solis.

***

La piedra filosofal incompleta conocida como La concha Marina tenía un protocolo de emergencia muy bien programado. Mientras usaba su maquinaria médica para sanar las severas lesiones de El alquimista marino, viajaba a toda velocidad hacia una dirección específica. La piedra seguía la señal producida por el aura de El alquimista del mar.

Mientras El alquimista del mar realizaba sus entrenamientos físicos en el agua, un objeto con un brillo rojo se estrelló contra la arena de la playa. El alquimista se acercó a inspeccionar e inmediatamente detectó la presencia de una piedra filosofal y de una persona. Al tomar a La concha marina con sus manos, una visión muy clara llegó a su mente.

—Thomas, soy tu padre. Si recibes este mensaje significa que estoy en severo peligro dentro de mi piedra filosofal. Si esto ocurre, quisiera pedirte que cargaras la piedra por mi. No se cuánto tiempo o energía requiera el proceso, pero dejo mi vida en tus manos, hijo.

Pese al notorio paso de los años, El alquimista del mar logró distinguir el rostro que le fue mostrado en la visión. Luego, su mente fue invadida por recuerdos y preguntas relacionadas con el abandono por parte de su padre, El alquimista Marino. Por un momento dudó en brindarle su ayuda, pero inmediatamente recordó el entrenamiento que recibió y lo útil que le había sido a lo largo de su vida.

—Al fin tengo tu vida en mis manos, viejo —dijo El alquimista del mar, con una sonrisa de satisfacción—. Por lo pronto te pagaré el entrenamiento que me diste.

El alquimista cerró los ojos y se concentró.

—¡Veamos cómo se siente cargar la piedra del viejo!

La amante


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Sola en su cuarto de seis metros cuadrados, abandonada a su suerte sin más compañía que la televisión, la cama, ropa sucia y una cafetera. Adicta al smartphone, leyendo y volviendo a leer los mensajes de él. Contando los «te amo», los «te quiero» y los «juro que pronto dejaré a mi esposa» mientras espera que él le vuelva a escribir.

Encerrada sin más caminos que los laterales de la cama que llevan al baño y a la puerta que da a la calle.

La calle infestada de virus. Sin gente. Vacía.

Vacía como vacía la cama en la que se abrazaban por las tardes. Desolada, como desoladas las últimas tardes sin los juegos prohibidos del amor a escondidas.

Ella, sola, llora en su cama, llora en su baño y llora al pie de la ventana. Entonces lo extraña y lo ama. Y lo odia mil veces porque él está en su casa. Abrazando a la esposa que, según él, ya no ama. Jugando con los niños que no soporta. Sentado en la sala, junto al retrato familiar, con el control de la televisión, viendo películas, recordando vacaciones, riendo. 

Son las nueve treinta de la noche, la familia cenó cereales y frutas, y ahora él está sentado en la sala observando a su familia. Ella cenó una sopa instantánea acompañada del streaming desde su celular. Él está pensando en que ama a sus hijos, que extrañaba a su esposa y que lo mejor es olvidarse de la chica del servicio social, la que dejó toda su vida para irse a encerrar a un cuarto, la que se quedó sin familia y sin amigos. La que vive solamente de algunos pesos y del amor que él le da. Ella piensa que, sin su amor, lo mejor es morirse, que él le ha bloqueado el teléfono, que no puede acercarse a su casa porque está prohibido salir y porque quizá muriendo se olvide del pesar de extrañarlo. Él la prefiere muerta, porque ella es la culpable de todo lo malo que le ha pasado, porque él es pilar de su familia, ejemplo de su iglesia y ella, solo una muchacha que le hizo daño, y mejor que se muera, que se muera de hambre, de virus o de tristeza, pero que se muera ya.

Son las doce de la noche, los infomerciales se apropian de los canales de televisión abierta de la ciudad, un alma ha perecido y una familia nuevamente es feliz junta.

A veces, es todo o nada


Escucho la música,
pero no bailo.

Ni me gusta
ni la he elegido yo.

¿Lo popular une?
Mera esperanza aparente.

Un disfraz para olvidar.

Lo raro une. Sorprende.
Lo que es de todos pero un secreto a la vez.
Une.

De que al final no importa la música si no la sientes de verdad.

Pero esto es popular.
No hay personas ni vamos a cambiar.
Tras esto,
nos acordaremos mejor de las canciones de balcón
que de las gotas caídas;
De cómo llovió
de cuántos se ahogaron,
de datos y procesos para hacer paraguas,
de la verdadera soledad,
de la verdadera compañía.

#Confinada

#Confinada


Recuerdo


Te tengo
entre comillas,
entre paréntesis,
entre algodones.

Te tengo
como conservo los objetos;
oculto el propósito
de perderlos.

La buena vida de un libro


Ten alguno entre tus manos,
carga tu minutero y sigue
tu camino hacia el mar, lago,
bosque o montaña.

Señala voces que te susurren.
Aunque haga falta una línea
mal delimitada.

Corona tus cabellos
de las hermosas florituras
que germinen de él.

Sopla y pide un deseo
para que en algún lugar
haya uno buscándote.

Quizás tengas suerte
de encontrar a quien
te cambiará la vida
de historia.