«Agua»: Resultados de la convocatoria


Presentamos los resultados de nuestra convocatoria para la Antología III de Salto al reverso con el tema «agua». Agradecemos a los autores que participaron en las dos secciones de la convocatoria con sus obras. Más información, aquí: «Agua»: Convocatoria para la Antología III.

Las siguientes obras aparecerán en nuestra Antología III a publicarse en enero de 2023. A sus autores se les solicita llenar un formulario de permisos en el siguiente link antes del 17 de octubre:

https://www.emailmeform.com/builder/form/c5A1n61kRGdac60g54oy4200c.

¡Gracias a todos por participar!


OBRAS

«Agua» (blog)

Obras de los autores de nuestro blog:

TÍTULOAUTOR
Aguas profundas@theyoungQuevedo
Poema escurridizo sin dedicatoriaCarlos Quijano
Como el aguaGema Albornoz
Comercio de pielesPoetas nuevos
AguaMEPO
Una hoja de chopo lleva el aguaJulie Sopetrán
La sedBosque Baobab
Hombre al aguaMelbag123
Playa de BeliceDramágico
El país del aguaBenjamín Recacha
Locura / CorduraCrissanta
El Vampiro de Ciudad Capital IDonovan Rocester

«Agua» (Entresalto)

Obras de autores externos:

  • Agua – Sara García (ensayo)
  • Agua de lágrimas con peces – Danilo Astudillo (ilustración)
  • Guerreros elementales: Los Agua – Blacksmith Dragonheart (ensayo con ilustración)

La antología será publicada en enero de 2023 y estaremos en contacto con los autores de las obras seleccionadas vía correo electrónico una vez que llenen el formulario de permisos.

¡Muchas gracias a todos por participar!

Imagen destacada: «Agua», derivada de la obra de CK Yeo (CC0).

El Vampiro de Ciudad Capital I


Ilustración: Blacksmith Dragonheart

Luego de la Guerra de las lanzas y las lancetas, el mundo fue sometido bajo el puño de hierro de los Señores de la guerra y los practicantes de vudú que le servían. Pasó más de un siglo antes de que la orden secreta de la Rosa y la cruz lograra entrenar un ejército de alquimistas que se sacrificó para acabar con la opresión de prácticamente todos los que tenían relación alguna con el vudú.

La Orden Rosacruz tenía, como misión primaria, mantener vivo el conocimiento y la tecnología de la humanidad, por lo que inmediatamente después de ganar la guerra, empezaron la reconstrucción del mundo. Se dieron cuenta de que la cantidad de recursos abastecía para construir y sostener solamente una gran ciudad. Por lo que, para ellos, el planeta estaba dividido en dos zonas: Ciudad Capital o el mundo en reconstrucción y los pueblos lejanos o el Mundo Salvaje. Se percataron, además, de que no serían capaces de proteger efectivamente toda La Tierra, por lo que decidieron cuidar solamente de Ciudad Capital y dejar a su suerte a los habitantes del Mundo Salvaje.

Luego de unas décadas de la fundación oficial de la ciudad, la Orden Rosacruz contaba con muy pocos miembros que fueron muriendo por la edad o en el proceso de ampliación de los territorios mediante el asesinato de los terratenientes vudú que aún quedaban. Finalmente, quedaron solo los Cuatro Alquimistas elementales, que se volvieron los ancianos de la orden, y el Alquimista Marino. A este último se le encargó la exploración del Mundo Salvaje con el objetivo de controlar la población de practicantes de vudú usando a la Marina de Ciudad Capital.

***

Durante estos mismos años, ocurrió el auge de un asesino en serie conocido como el Vampiro de Ciudad Capital. La Orden Rosacruz no tenía tiempo para atender asuntos civiles, por lo que la fuerza policíaca de la ciudad se encargó de la investigación de varios asesinatos con características muy similares. Los cadáveres se encontraban completamente desangrados, eran solamente de mujeres y nunca se encontraban ni huellas, ni pistas, sino solamente una escena del crimen completamente desprovista de rastros de sangre.

El culpable era un miembro de alto rango de la policía que, desde su juventud, había experimentado con las artes del vudú. Luego de crear su talismán de la muerte a sus trece años, escuchó el rumor de la existencia de unas extrañas piedras negras que potenciaban los poderes de un practicante de vudú, por lo que salió en búsqueda de una de ellas. Eventualmente, mató a un practicante de vudú mientras dormía en una cueva, le robó una de aquellas piedras y la llevó consigo dentro de la ciudad.

Con mucho entrenamiento el practicante de vudú logró descifrar el lenguaje de la piedra y descubrió que se trataba de una semilla de la codicia, por lo que se dedicó a descifrarla y así logró descubrir las bases del mahou, con las que obtuvo acceso al conjuro contenido en la semilla. Este conjuro le permitiría esconderse y transportarse a través de una pseudodimensión conocida como el reverso del agua. Ocultarse en el reverso del agua era, en la práctica, la capacidad de volverse uno con cualquier masa de agua, sin poder ser visto o detectado.

Usando este conocimiento, el asesino entrenó mucho para perfeccionar sus habilidades vudú y cometió ataques no letales, que eran exigidos por la entidad dentro de la semilla de la codicia y que consistían en partes corporales o ciertas cantidades de sangre de sus víctimas. De allí surgió la fijación del asesino por la sangre. Eventualmente la semilla le pidió como requisito un asesinato y le dio un medio para lograrlo, otorgándole así el poder de convertir su cuerpo en una masa de sangre para crear extensiones de sus dedos que se clavan en las arterias de sus víctimas para poder drenar su sangre y junto a ella todas sus emociones negativas, resultando en un aumento de la sed de sangre del asesino.

***

El asesino operó de la misma manera durante casi una década, siendo imposible su captura incluso cuando los Cuatro ancianos rosacruces volvieron para vigilar Ciudad Capital. Viajaba a través de las tuberías hacia las duchas o bañeras de sus víctimas. Luego, a modo de fetiche, observaba a las mujeres desnudas desde el reverso del agua donde se ocultaba. Finalmente, cuando alcanzaba su primer orgasmo, se manifestaba convirtiendo su cuerpo en sangre, aterrorizando y reteniendo a las mujeres en un baño de sangre, donde él podía sentir sus cuerpos incluso en aquel estado líquido. Cuando lograba su segundo orgasmo gracias al baño de sangre, las soltaba a propósito para que intentaran huir. Luego, a cierta distancia, él le daba forma humana a su cuerpo de sangre y extendía sus dedos hacia el pecho de sus víctimas, drenando parcialmente su sangre. Luego se volvía sangre sobre los cuerpos de las mujeres a las que aterrorizaba hablándoles y tocándolas en aquel estado líquido. Cuando alcanzaba su tercer orgasmo fetichista, se volvía a solidificar y terminaba de drenar la sangre de las mujeres. Para completar su acto, se escapaba por las tuberías escondido en el reverso del agua y desaparecía sin dejar rastro.

***

—¿Así que esa esa la forma en la que operas? —dijo una voz masculina, que estaba escondida en la escena del crimen mediante habilidades de invisibilidad.

—¿De donde mierda saliste, anciano estúpido? —dijo el Vampiro de Ciudad Capital.

Sin darle a tiempo a responder, el asesino vudú extendió sus dedos para drenar la sangre del viejo. Sin embargo, estos no pudieron penetrar su piel.

—Tienes ímpetu, muchacho —dijo el anciano, mientras hacía un gesto con las manos.

Mediante una telequinesis muy poderosa, deshizo la transformación del asesino y lo devolvió a su forma humana. Luego, con otro gesto, lo presionó contra la pared obstruyendo su respiración. El asesino no daba crédito a su derrota, estaba tan confiado del poder que había alcanzado que aquel nivel de fuerza le resultaba insólito.

—Puedo sentir tus pensamientos, muchacho —dijo el anciano, que se presentó como el Dueño del mundo—. Si aceptas mi trato y te conviertes en una de mis plagas, te daré el poder que tanto deseas. Y muchas semillas.

—¿Por qué yo? —dijo el asesino, casi desmayado por la falta de aire.

—Porque necesito a alguien que se sepa ocultar tan bien como tú —dijo el Dueño del mundo—, incluso de esos molestos rosacruces.

Luego de aquel incidente, los hallazgos de cuerpos desangrados se detuvieron y no se volvió a saber de aquel asesino en Ciudad Capital.

Locura / Cordura


¿Quién sería su opuesto,
su contrario,
incluso,
su adversario?

Traté de encontrarlo.

Si siempre fue «ella»,
entonces es «él».
Si ella es el agua,
entonces él es
el desierto más árido,
la sequedad más cruel.

Ella deslava
de la cabeza a los pies.
Nubla,
baña,
daña,
arrasa,
es.

Él observa,
sostiene,
contiene,
no siente,
trata de no ser.

«Vete a la cama», sugiere.
Ella intenta obedecer:
un remolino en la sábana
indócil, incontenible,
infiel.

Y entonces sobreviene
una violenta batalla
contra su resistencia indomada,
una lucha arrebatada
que pocos llegan a ver.

Pero él traza paciente
sobre su piel
la geometría sagrada,
las líneas ley.

Y la hace perder
la consciencia,
la belleza,
el brillo
el ser.

Y la hace renacer.
pero la victoria es de él.

El país del agua


Agua salvaje. 
Agua que ruge. 
Agua que vibra. 
Agua que luce. 

Agua tranquila. 
Agua que cura. 
Agua que fluye. 
Agua que es pura. 

Agua que arrasa. 
Agua que vive. 
Agua que baila. 
Agua que es libre. 

Agua escultora. 
Agua que late. 
Agua que crea. 
Agua que es arte. 

Agua que nutre. 
Agua que sacia. 
Agua que limpia. 
Agua que es magia. 

Playa de Belice


Hundirme en la playa

ahogarme en el mar

caer al abismo

obligarme a olvidar

Ser la nieve de tu alcoba

el hielo en tu mirada

la noche lluviosa

la humedad de tu primavera

Volver vuelto nube

llover, hundir tu nave

regresar en tsunami

desaparecerte en Belice.

Hombre al agua


Fotografía: Playa Sector Piñones, Municipio de Loíza, Puerto Rico. Tomada por Mel Gómez 14/octubre/2022
Imagen: Playa Sector Piñones, Municipio de Loíza, Puerto Rico. Tomada por Mel Gómez 14/octubre/2022

Vengo de un país rodeado de agua por todas partes. Sí, de una isla. Todos mis recuerdos están asociados con algún cuerpo de agua: el mar, el río, el lago, la quebrada, la cascada. Mis diversiones también: la bañera con patitos, la piscina en el patio, o el agua de la manguera con la que mi madre nos mojaba en días intensos de calor. Tan pronto ella abría el grifo todos los niños de la calle corríamos a brincar en el charco que se hacía frente a nuestra casa. Aquel líquido fresco que nos aliviaba, siempre iba acompañado de la frase «¡¡¡Hombre al agua!!!», enseguida el chapuzón y después el chapoteo. Los gritos se escuchaban por el vecindario y todos salían a reírse por nuestra algarabía. Terminábamos muertos de hambre y los hombres enseguida preparaban la barbacoa y parecía que estábamos de cumpleaños. ¡Qué felices eran esos días!

Me llamo Juan Adolfo García Colón, todos me dicen «Juancho». Tengo diecisiete años y todavía no me gradúo de la escuela superior. Mi familia espera con ansias que anuncie a cuál universidad pienso ir el año próximo, pues no tengo otra opción, según ellos. «Estudias o estudias para que te hagas un hombre de bien», me repiten. Sueñan con que me vaya a alguna institución de prestigio en los Estados Unidos y cuando me opongo por la distancia dicen: «O tú cruzas el charco o nosotros lo hacemos, así de sencillo». El bendito charco es nada más y nada menos que el Océano Atlántico, sencillito… Claro.

Hoy quisiera morir. Después de una vida tan nefasta, sé que no me entenderán por lo corta que parece ser, no quisiera salir de ella sin la preciosa compañía del agua. Y ustedes se preguntarán el porqué de este súbito deseo. A pesar de los sabios consejos de mis padres me junté con personas que no me convenían. Y no fue porque necesitara dinero, mis padres todo me lo daban, hasta un carrito que me llevaba a dónde quisiera. No sé qué estupidez cruzó por mi cabeza que me metí en semejante problema. Ahora les debo miles de dólares, que no podría pagar ni trabajando cien años, a unos rufianes que andan buscándome porque no pagué la mercancía que me confiaron. Nada más de pensar lo que me harán, prefiero morir plácidamente bañado por las aguas mansas en cualquier punto de mi tierra, pero como soy un cobarde, no me atrevo.

Aunque pienso que mi familia estará más tranquila si reúno el valor. Dirán que fue un accidente y no estarán años torturándose sobre cómo fueron mis últimos momentos: si me secuestraron, si me torturaron, cuántas heridas punzantes tengo, o si me cosieron a balazos.

«Ring, ring, ring». Número no identificado. No contestaré. Seguro que son ellos y es mejor que ni sepan dónde estoy. Sé que no me podré esconder eternamente. Todos conocen la casa de la playa. ¡Dios, estoy tan nervioso! Apenas puedo agarrar un vaso, el contenido cae al suelo irremediablemente. Tengo nauseas, la verdad, ganas de vomitar, y estoy seguro que en breve hasta diarreas me darán. ¿No es mejor morir a esta pesadumbre? Si solo tuviera los huevos para acabar con esto.

¡Ay, no! Espero que a mi hermana no se le ocurra usar mi carro. Puede ser que la confundan conmigo y mi terrible suerte la tendrá ella. ¿Qué digo?

—¡Marisela!

—Oye, ¿dónde andas?

—Salí.

—Estúpido, eso ya lo sé. Es que andan buscándote unos señores muy raros. ¿En qué andas metido? Cuéntame. No diré nada.

—No ando en nada. Tú siempre con tus cosas. Deja de estar mirando series de mafiosos. Solo te llamé para decirte que no uses mi carro porque tiene un problema con los frenos. ¿Ok?

—Juancho, estás muy raro hace días. Sabes que cuentas conmigo.

—Lo sé. Debo colgar.

—Pero no me has dicho… Colgó —dijo para sí.

Ya, lo que me temía, me andan buscando. No pasará mucho tiempo antes de que me encuentren. Todos saben de la casa de la playa. Tengo que salir de aquí. Supongo que estoy en uno de los primeros sitios a dónde me vendrán a buscar. Iré al centro de la isla, a la montaña, por los caminos vecinales, cerca de los ríos las cuevas. Nadie me conoce por allí.

«Ring, ring, ring». El mismo número. Las piernas me tiemblan. Aquí hay un arroyo. Voy a detenerme un momento para tomar un poco de agua, a ver si me tranquilizo un poco. Qué bueno que mamá siempre tiene un vaso en el carro. ¡Ah! Deliciosa. Voy a extrañar a mamá. Mucho.

Lo malo de vivir en una isla es que no tienes a donde ir. Vas de un lado al otro y siempre encuentras agua. A menos que tengas un bote o un avión privado, que no es mi caso, no tienes a donde ir. Das vueltas y vueltas como un ratón en su rueda y no llegas a ninguna parte. Solo hay agua.

«Ring, ring, ring». Mejor tiro el celular por la carretera. Así no lo escucharé más. Hoy es el día. Ya no puedo esperar más. Si fueron a mi casa, están muy cerca de encontrarme. ¿Se atreverán a hablar con mi papá? Pobre, se moriría de vergüenza si sabe que ando en malos pasos. Tanto que me lo dijo. ¡Qué tarde se me ha hecho para aprender!

—Juancho…

—¡Pocho!

Volteo a ver. No puede ser. ¿Cómo me han encontrado?

—¿Creías que no te encontraríamos? Se te olvida que tu celular tiene una aplicación de GPS. Lo tengo intervenido hace tiempo, por si acaso. Tú sabes… seguridad del negocio.

Traté de correr, para un lado, me interceptó uno de sus hombres. Para el otro, no tuve escapatoria. El terror empezó a calar mis huesos.

»¿Dónde está mi dinero? —pregunta el jefe.

Acabemos con esto, me propongo.

—No lo tengo. ¡Ugh!

Sí que me ha dolido ese puñetazo en el estómago.

—¿No lo tienes? ¿Y la mercancía?

—Tampoco, Pocho. Me la robaron.

—¿Cómo que te la robaron? ¿Quién te la robó?

—No me di cuenta.

—¿No? Entonces darás un paseo con nosotros. Ya verás como te regresa la memoria.

Los hombres se miran sin hablar, aun así, se entienden muy bien. Supongo que no necesitan palabras, conocen muy bien sus horribles pensamientos. ¡No! Este camino se parece al de mi casa. ¡Van hacia mi casa!

—¡Les diré! Les diré quién me robó la mercancía, pero por favor, no vayan a mi casa.

—¿Ves cómo te volvió la memoria, niño? ¿Quién la tiene?

—Mi exnovia. Discutimos y se la llevó.

—Ajá… ¿Cómo que se la llevó?

—La echó en un bulto que traía y no me di cuenta hasta que la busqué para regresártela, Pocho.

Ya se me nota la desesperación en la voz, se me están saliendo las lágrimas. Tengo sed, quiero mucha agua. Tiemblo de pies a cabeza. Me estoy cagando de miedo.

—¿Y no la fuiste a buscar?

—Sí, pero ya no la tenía.

—¿No? ¿Y qué hizo la putita con ella?

—La vendió… ¡Ugh!

No me peguen en la cara. Mis padres no van a reconocerme. ¿Por qué no les hice caso?

—Bien, ¿dónde vive?

—No, Pocho. No le hagas daño.

—Sabes que la voy a encontrar. Economízame el trabajo —dijo socarrón.

Como andan las cosas mejor que pase el trabajo. De esta no salgo. Mamita, perdóname el mal rato…

—No diré nada. Acaba con esto.

—No tan fácil, niño.

De nuevo mira a los otros y ríen a la vez. Me tapan la cabeza con un saco negro. Seguimos en la carretera como por treinta minutos. Siento que vamos por una carretera de piedras y el auto se detiene al ratito. Me toman del brazo y me sacan del carro empujándome. Abren una puerta, lo sé por el chirrido de los goznes. Vuelven a empujarme para que entre. Me amarran las manos a la espalda.

—Juancho, ¿dónde vive tu exnovia?

No contesto y metieron mi cabeza en un barril lleno de agua. ¡¡¡Hombre al agua!!! Me mantuvieron sumergido hasta que no podía respirar. Ya no me parecía tan buena experiencia la presencia del agua. Me sacaron, tosí, vomité y me hice en mis pantalones. Repitieron la pregunta. ¡¡¡Hombre al agua!!! Y al agua una y otra vez. Una y otra vez, hasta que me desmayé.

Cuando volví en mí me encontré caminando en la carretera rumbo a mi casa. ¿Habré dicho dónde vive mi exnovia? Noté la quebrada que estaba al lado del camino y decidí darme un chapuzón en esas aguas puras y cristalinas. ¡¡¡Hombre al agua!!!

—Hola, Juancho.

—Hola, mamá. ¿Qué haces aquí?

—Todos vinimos a disfrutar el agua contigo. Siempre nos ha gustado tanto…

Los abracé contento. Hacía mucho que no sacábamos tiempo para bañarnos juntos en la quebrada. Siempre tan ocupados.

—Los hombres que te buscaban fueron a la casa otra vez —respondió Marisela.  

La sed