Imperfección perfecta


La imperfección dada por pensamientos y los sentimientos que una persona puede tener, contrario a lo que se piensa, ahí radica la belleza y nuestra mayor imperfección, nuestra decisión de elegir, de latir sin sentido y encontrar en momentos, esencias imperfectas que nos hacen aprender y reír, llorar y encontrar en cada destello, eso, saber que nunca nada es cierto del todo y por eso todo es posible y todo cabe en nuestro mundo. La imperfección de poder crear otros mundos y creer en ellos sin verlos.
No necesitamos máquinas para buscar la perfección, nunca lo seremos ni deberíamos querer serlo, podemos crear cosas perfectas, igual no para ti, pero si para algún sentido o persona perdida o encontrada, o capaz que al revés, solo para ti, o para las matemáticas o para cualquier cosa, pero siempre contigo.

Mi sitio


Descubrir en el reflejo
un espejo
y pudrir
todo mi ser
para volver
en otro cuerpo
para aprender
con otros cuervos
que no solo lo externo brilla
que en una bombilla
viven extrañas maravillas
dónde la esencia se mantiene viva
a pesar de una muerte a la deriva.

Tengo pensamientos
que sienten más que yo
y sufrimientos que matan
aburrimientos.

Sólo quiero ser un pájaro
para volar alto
sin miramientos.

Sílaba


Desaparecí en una sílaba

en una ida y venida
efímera.

Las palabras son cuartos
y las habitaciones son números
objetos sin objetivos.

No creo que me encuentre sentido,

pero siento y digo
que eso es lo mejor para seguir

descubriendo mundo.

Charlas enREVERSO: «Aislamiento»


Editorial Salto al reverso presentó el sábado 3 de julio la Charla enREVERSO: «Aislamiento», la primera de una serie de conversaciones en las que estableceremos un diálogo con nuestros autores.

En esta primera reunión virtual, hablamos sobre el «aislamiento», tema de nuestra revista 9 (https://saltoalreverso.com/aislamiento), con algunos de los autores que participaron en ella:

El evento en Facebook Live estuvo conducido por Vicky Martín y Carla Paola Reyes (Crissanta). Los dejamos con la grabación de la primera Charla enREVERSO:

Revista 9 Salto al reverso: «Aislamiento»


AISLAMIENTO
El arte que creamos en el distanciamiento 

AÑO 2, NÚMERO 9
Segunda Época
enero-junio 2020
saltoalreverso.com
editorialsaltoalreverso.com

EDICIÓN GENERAL
Carla Paola Reyes

COEDICIÓN
Donovan Rocester

SELECCIÓN DE OBRAS
Gema Albornoz
Benjamín Recacha García
Donovan Rocester

REDES SOCIALES
Donovan Rocester
Blacksmith Dragonheart
Dramágico
Merche García

IMÁGENES PARA REDES
Gema Albornoz
Blacksmith Dragonheart

AUTORES
Anauj Zerep
Benjamín Recacha García
Blacksmith Dragonheart
Carla Paola Reyes (Crissanta)
Carlos Quijano
DistopiaUtopika
Donovan Rocester
Empar Boix
Elvira Martos
Fabio Descalzi
Gema Albornoz
Guillermo Orthiz
Jeanette Soria (Juanita Atoj)
Jonathan Diaz Esquivel
José López Cózar
Klelia Guerrero García
Marcelo Eduardo Pinto Ortega (eikonuruguay)
Manuel Alonso (bosque baobab)
Mario Lozano (la vida de poe)
Mayca Soto
Mayté Guzmán (ahuanda)
Melanie Flores Bernholz
Melba Gomez (melbag123)
Merche García (Merche)
Nur C. Mallart (letrasyvidas)
Poetas Nuevos
Roberto Cabral Castañeda
Ro Farrera (dramágico)
TheyoungQuevedo
Verónica Boletta
ZarZas

EN LA PORTADA
Aislamiento, por Fiesky Rivas

REVISTA COMPLETA
saltoalreverso.com/revista9


DERECHOS DE AUTOR Y DERECHOS CONEXOS. Año 2, N.° 9, enero-junio 2020. Salto al reverso es una publicación semestral editada por saltoalreverso.com, saltoalreverso@gmail.com. Editor responsable: Carla Paola Reyes. Las opiniones expresadas por los autores no necesariamente reflejan la postura del editor de la publicación. Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos e imágenes de la publicación sin previa autorización del editor.

EDITORIAL

Salto al reverso presenta su revista 9, Aislamiento, una recopilación semestral de las obras destacadas de su blog (saltoalreverso.com) y de sus convocatorias abiertas en las redes sociales. Tomando como inspiración el contexto actual en el que el aislamiento social se ha vuelto una norma necesaria, nuestros autores han creado obras que exploran los sentimientos generados por el distanciamiento a causa de la pandemia.

A través de esta publicación, mostramos su labor creativa en los géneros de poesía, relato, ensayo, reseña, fotografía, pintura e ilustración, y compartimos estas piezas con los lectores interesados en descubrir un escaparate abierto de arte y literatura.

Salto al reverso es un blog y una editorial. Somos poetas, cuentistas, fotógrafos e ilustradores. Somos un proyecto colaborativo compuesto por escritores y artistas plásticos de habla hispana provenientes de distintos países. Somos una búsqueda, una exploración creativa.

En esta revista digital participan 31 autores de Argentina, Chile, Ecuador, España, Guatemala, México, Puerto Rico, Uruguay y Venezuela con obras inéditas, creadas para nuestras convocatorias.

Para conformar esta recopilación, durante el primer semestre de 2020 realizamos una selección de las obras publicadas en nuestro blog en las categorías de poesía, relato y artes plásticas.

En la primera sección, SALTO, el lector encontrará el conjunto de obras seleccionadas en el blog de manera mensual por su calidad artística y también por su buen recibimiento entre nuestros lectores.

Para la compilación de esta revista realizamos una convocatoria temática. Nuestros autores y lectores propusieron y eligieron el tema «aislamiento». En la sección AISLAMIENTO (BLOG), nuestros autores fijos exploraron estos conceptos en sus entradas de poesía, relato, fotografía e ilustración, mientras que en la sección AISLAMIENTO (ENTRESALTO), presentamos reseñas y ensayos de autores invitados que abordan la nueva realidad del confinamiento.

También realizamos una convocatoria en las redes sociales, utilizando el tema seleccionado a manera de hashtag en Facebook, Instagram y Twitter. Los autores que respondieron a nuestra convocatoria mostraron sus habilidades artísticas con poemas, cuentos e imágenes con la etiqueta #SALTOALAISLAMIENTO.

Y en la sección REVERSO, presentamos una selección de algunas de las obras más representativas de nuestras publicaciones pasadas, dando nueva vida a obras visuales y literarias de nuestras primeras revistas.

Esperamos que esta selección sea del agrado de nuestros lectores y sirva como aporte en estos tiempos de distancia e incertidumbre, pero también de acercamiento humano y cultural. 


ÍNDICE


SALTO (ENERO)

SALTO (ENERO)

La luna es un glovo que se me escapó – Elvira Martos

Ausencia – Verónica Boletta

Un invento de los sueños – Gema Albornoz

Cuando ya no estás – letrasyvidas

Dudas existenciales – Ahuanda

Amarillo, rojo y azul – Benjamín Recacha

Depresión en tres actos – Donovan Rocester

Serie abandono: Puerta – eikonuruguay

Pez – Poetas Nuevos


SALTO (FEBERERO)

SALTO (FEBRERO)

Dos – La vida de Poe

¿Quién dice que la luna no es de queso? – Dramágico

Pez globo – Merche

Cortando el error de raíz – Blacksmith Dragonheart

Sabor a café – Gema Albornoz

Imperio – Crissanta

Como lluvia solo como lluvia – Mayca Soto

El atentado de los hermanos Kérberos I – Donovan Rocester


SALTO (MARZO)

SALTO (MARZO)

Soy yo – DistopiaUtopika

Acto de fe – Veronica Boletta

Clave de do – Blacksmith Dragonheart

Virgen de lujuria – Elvira Martos

Música en el metro – Mayca Soto

Vida – Poetas Nuevos

El día que morí – Benjamín Recacha

Perdedores – DistopiaUtopika


SALTO (ABRIL)

SALTO (ABRIL)

La muerte – @theyoungQuevedo

La amante – Dramágico

#Confinada – Mayca Soto

Manos de lejía – Bosque Baobab

Vorágine dolorosa – Melba Gómez

Cierro los ojos – Benjamín Recacha

Recuerdo – Verónica Boletta

El alquimista del mar – Donovan Rocester


AISLAMIENTO

AISLAMIENTO (BLOG)

La piedra blanca – Donovan Rocester

Fin de cuarentena – Carlos Quijano

Kelpie – dramágico

Jenco ermitaña – Blacksmith Dragonheart

Un abrazo – bosque baobab

2020 – melbag123

Lejanía – Verónica Boletta

Habitación 442 – Elvira Martos

Amor de lejos, felices los… – Blacksmith Dragonheart

Grieta en la nada – Gema Albornoz

Quiero poder – @theyoungQuevedo

La vida en un balcón – Mayca Soto

Último día – Crissanta

Aisla miento – Poetas Nuevos

Talismán de la muerte – Donovan Rocester

Confinado el corazón – Benjamín Recacha García

La perla de Venus – Merche


ENTRESALTO

AISLAMIENTO (ENTRESALTO)

La atalaya del sapiens (ensayo) – Guillermo Orthiz

The Hall of Egress (reseña) – José López

Si no puedes salir, ve hacia adentro (reflexión) – Klelia Guerrero García


#SALTOALAISLAMIENTO

#SALTOALAISLAMIENTO

Pensamientos de aislamiento – Klelia Guerrero García

Amor en tiempos de aislamiento – Jonathan Díaz

El anciano que miraba a la nada – Guillermo Orthiz

En libertad – Anauj Zerep

Mirada salvavidas – ZarZas

Mi deseo – Anauj Zerep

Bambolean esas caderas – Jeanette Soria (Juanita Atoj)

#SaltoAlAislamiento – Gema Albornoz

Fantasmas – Dramágico

Eternamente – Empar Boix

Sin aliento – Melanie Flores Bernholz

Salto del delfín – Fabio Descalzi

Olvidando el aislamiento – melbag123

Nuevos astronautas – Verónica

Creencia – Dramágico


REVERSO

REVERSO

Comienzos – Roberto Cabral (Originalmente publicada en la Revista 1 de Salto al reverso, Comienzos).

Es una calle – Palagrafías (Originalmente publicada en la Revista 2 de Salto al reverso, El proceso de creación).

Habítame – Elvira Martos (Originalmente publicada en la Revista 3 de Salto al reverso, Obsesiones).


AUTORES

AUTORES

Anauj Zerep
Benjamín Recacha García
Blacksmith Dragonheart
Carla Paola Reyes (Crissanta)
Carlos Quijano
DistopiaUtopika
Donovan Rocester
Empar Boix
Elvira Martos
Fabio Descalzi
Gema Albornoz
Guillermo Orthiz
Jeanette Soria (Juanita Atoj)
Jonathan Diaz Esquivel
José López Cózar
Klelia Guerrero García
Marcelo Eduardo Pinto Ortega (eikonuruguay)
Manuel Alonso (bosque baobab)
Mario Lozano (la vida de poe)
Mayca Soto
Mayté Guzmán (ahuanda)
Melanie Flores Bernholz
Melba Gomez (melbag123)
Merche García (Merche)
Nur C. Mallart (letrasyvidas)
Poetas Nuevos
Roberto Cabral Castañeda
Ro Farrera (dramágico)
TheyoungQuevedo
Verónica Boletta
ZarZas

La piedra blanca


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«An athlete wrestling with a python», by Frederic Leighton (CC0)

Cierta raza extraterrestre fue invadida por una raza tecnológicamente más avanzada que se encontraba en búsqueda de un nuevo planeta luego de la destrucción del suyo. La raza invadida era una civilización agrícola y pacifista. Esta actitud evitó una matanza pero provocó su gradual esclavitud. Luego, los recursos naturales del planeta fueron utilizados para construir base militares y poderosos cañones que utilizarían para ahogar cualquier rebelión de sus ya esclavos.

Durante la invasión, un anciano monje junto a su discípulo lograron escapar gracias a sus habilidades. Sin embargo, el anciano maestro sabía que le quedaba poco tiempo de vida. Por lo que le era urgente terminar de entrenar a su discípulo y dejarle trazado el camino que debía seguir después de su partida.

***

—Maestro, aquí tiene un poco de agua —dijo el joven monje.

—Gracias, hijo —dijo el anciano monje—.

—Debería hacerme caso, maestro. Estaríamos mejor si saliéramos de esta cueva.

—No, hijo mío. Cuando yo muera, que será pronto, serás el último monje de este planeta —dijo el anciano en un tono muy solemne—. No puedes ser visto por los enemigos.

—Pero, maestro… —intentó replicar el joven monje.

—Aplica lo aprendido, hijo —dijo el maestro—. Y aprende cuanto puedas de mí, mientras aún esté en este mundo.

El anciano monje entrenó a su discípulo durante alrededor de dos años de aquel planeta, luego de eso murió.

***

El joven monje había adquirido mucho conocimiento gracias a su viejo maestro. El tiempo influyó poco en la cantidad de preguntas que pudo hacer, debido a que el anciano monje era capaz de crear una habitación astral en la que el tiempo corría mucho más lento que en el mundo material, dándole la oportunidad de enseñar muchas cosas en muy poco tiempo. Pese a ello, no logró terminar el entrenamiento para desbloquear los siete chakras de su discípulo.

El viejo maestro solo alcanzó a ayudar al monje a desbloquear hasta el quinto chakra. Por su cuenta, se dedicó a despertar el legendario Ojo de Ajna o sexto chakra. Una vez despierto, ese ojo le ayudaría a determinar el final de su entrenamiento, que tenía por objetivo la obtención de un gran poder para liberar a su especie de la raza que los esclavizaba. Pero aún no estaba listo.

***

Luego de acostumbrarse al uso de su Ojo de Ajna, se dio cuenta del camino que debía seguir. El monje entendió que, para conseguir poder usando el método de su maestro, se necesitaba demasiado tiempo. Aquel método consistía en la utilización del Ojo de Ajna para construir un objeto conocido como la Piedra roja de Sajasrara. Dicho objeto le permitiría despertar su séptimo chakra para alcanzar un estado de unidad con el Ánima Mundi para usar una habilidad marcial conocida como Samadhi-Modo, donde el cuerpo absorbe grandes cantidades de Anima mundi junto a su propia ánima para generar un aura amplificada de color dorado.

Sin embargo, para la construcción de la Piedra roja de Sajasrara, era necesario un proceso de purificación del alma y, luego, usar el Ojo de Ajna para acceder al espacio interior del alma. Una vez dentro puede accederse a las muchas habitaciones del alma. Una de ellas, conocida como La habitación de la locura es la que contiene el receptáculo del núcleo del alma. Al contener un objeto tan valioso, La habitación de la locura funciona como un mecanismo de seguridad para evitar que un ser toque el núcleo de su alma por accidente y se provoque daño. Además, según ciertas leyendas, el núcleo del alma no debe ser replicado porque es el motor sagrado que el Dios Absoluto creó para sostener la vida y no debería jugarse con la tecnología de Dios, por lo que el acceso a dicho lugar está restringido. Los mecanismos de seguridad son tan intensos que producen un dolor físico indescriptible a aquel que esté visitando La habitación de la locura. Además, para replicar el núcleo del alma es necesario sostenerlo y observar su forma. Para evitar que eso suceda, existen dos mecanismos adicionales de seguridad. El primero consiste en la presentación de visiones perturbadoras directamente en la mente del que intenta observar su propio núcleo, destinadas a hacerle perder la razón. El segundo, y tal vez el más peligroso, es un mecanismo que afecta el Ojo de Ajna, distorsionando la vista del que observa el núcleo para que la réplica no sea exacta, dando lugar a réplicas inestables cuya explosión puede llegar a matar al usuario.

El problema con la construcción de la Piedra roja de Sajasrara era que el proceso de purificación del alma requería de mucho tiempo. El joven monje sentía que no podía darse el lujo de consumir tiempo mientras su raza era abusada y esclavizada por aquellos invasores. Aquello lo llevó a decidir que ahorraría el mayor tiempo que pudiera, incluso a costa de su propia salud y seguridad. La idea era fabricar un objeto lo más cercano posible a la Piedra roja de Sajasrara, pero sin la necesidad de purificar del todo su alma. Pensó por algunos meses en la forma de encontrar un atajo para la construcción de dicha piedra roja incompleta que funcionara, al menos de forma temporal, como una piedra roja genuina.

***

Luego de un par de años de la muerte de su anciano maestro, en completo aislamiento dentro de aquella cueva, el monje ideó un método para construir una Piedra roja de Sajasrara modificada con las características que deseaba. Estaba listo para su visita a La habitación de la locura. Preparó todos los materiales para el ritual, tomó una pose de meditación y activó su Ojo de Ajna, que se veía como un gran ojo brillante en su frente.

Una vez dentro del trance, el monje se vio a sí mismo en la sala principal de su alma. Usando su percepción pudo llegar rápidamente a la puerta de La habitación de la locura. Entonces, como había ensayado miles de veces en su mente, corrió dentro de la habitación y soportó el dolor que le provocaba el piso del lugar. Se veía como descargas eléctricas y se sentía de la misma forma. Por fuera, se veía salir humo del cuerpo del monje, mostrando que aquellas descargas eléctricas no solo provocaban dolor sino que infligían un daño físico real. En cuanto logró llegar al receptáculo del núcleo de su alma, el mecanismo de las visiones intentó consumir la cordura del monje, que usó una concentración sobrehumana para sobreponerse a ellas. Finalmente, ya con el núcleo en sus manos, el monje se concentró en su Ojo de Ajna y aplicó una técnica que inventó él mismo para ahorrar tiempo en la misión de rescate de su civilización.

La técnica consistía en aislar, en una zona específica, todas las distorsiones visuales que provocaban las impurezas de su alma. De esa forma podía ver con nitidez el núcleo de su alma, al menos de forma parcial. Una vez logrado aquello, el monje regresó del trance y recobró el control de su cuerpo. De inmediato, utilizó los materiales previamente preparados para construir una réplica del núcleo de su alma, copiando de forma exacta la parte que pudo captar de forma nítida. La parte donde aisló sus impurezas no estaba para nada clara, por lo que el monje tuvo que usar su criterio para colocar los circuitos faltantes del núcleo de su alma. Una vez hecho esto, colocó dicho núcleo imperfecto dentro de una piedra especial de ánima condensada y se desmayó por el esfuerzo.

***

El monje se dio el tiempo de sanar su cuerpo de las secuelas de la fabricación de su Piedra roja de Sajasrara modificada. Cerró los ojos e inició una larga meditación, destinada a hacer fluir su aura a través de sus chakras. Cuando su Ojo de Ajna brilló en su frente, es decir, cuando ya su sexto chakra se activó, abrió los ojos y miró su piedra roja, que empezó a emanar un deslumbrante fulgor rojo y levitó hasta colocarse por encima de la cabeza del monje.

En lugar de usar la Piedra roja de Sajasrara para entrenar y poder despertar su séptimo chakra y dominar el Samadhi-Modo, el atribulado monje decidió usar su piedra modificada para convertirla en un séptimo chakra artificial. De esta forma, pudo acceder al Samadhi-Modo de manera forzada.

En cuanto encendió su Piedra roja de Sajasrara modificada, el monje sintió con claridad los mecanismos que no funcionaban correctamente. El circuito de encendido y apagado no funcionaba, por lo que se dio cuenta de que ya no había marcha atrás. Usó la piedra como una especie de antena para atraer a la fuerza cantidades descomunales de ánima mundi, haciendo que su cuerpo accediera a un Samadhi-Modo forzado pero funcional. Usando aquel poder, el monje desbloqueó las limitaciones naturales del núcleo de su alma y del núcleo de su piedra modificada, por lo que fue capaz de generar cantidades masivas de aura amplificada y salió de la cueva.

El monje, envuelto en un inestable pero potente fulgor naranja, dio un gran salto hacia uno de los lejanos cuarteles generales de la raza invasora. Allí, los soldados solo vieron llegar un veloz meteoro naranja que se estrelló en la base, haciendo estallar las habitaciones de los soldados que aún dormían. Sin perder el tiempo, el monje dio otro salto haciendo estallar el segundo de los cuatro cuarteles generales construidos en el pequeño planeta con mano de obra esclava.

El objetivo del ataque era eliminar a los enemigos mientras dormían, para evitar las bajas por fuego cruzado y para no destruir el armamento de los invasores, que sería útil en caso de otra invasión. El monje, en cuanto destruyó los cuarteles generales, empezó a dar saltos haciendo estallar las diferentes zonas de concentración de soldados para acabar con la mayor cantidad posible. Antes de que pudiera acabar con todos los regimientos, la piedra incompleta que fue forzada a funcionar al nivel de una completa se quedó sin energía, por lo que comenzó a tomar energía del cuerpo del monje hasta agotarla también.

Cuando intentaba dar un último salto, el monje se dio cuenta que La Piedra roja de Sajasrara modificada empezó a volverse blanca. Luego, no solo la piedra rojo sino su mano y su brazo se fueron volviendo blancos. En unos segundos, el altruista monje se convirtió en una estatua de piedra blanca que, a pesar de incontables disparos y caídas, no recibió ningún rasguño.

Los soldados sobrevivientes intentaron contraatacar, pero al haber sido diezmados por los saltos explosivos del monje, fueron controlados rápidamente por la población local que usó sus propias armas en su contra; logrando al fin la liberación de su raza.

Luego de una larga labor de reconstrucción, aquella raza extraterrestre logró la paz. Colocando, como símbolo de ella, la estatua blanca del monje que sacrificó su vida a cambio de la libertad de todo su planeta.

Fin de cuarentena


Amelia

No es tan cool hacer las tres comidas con mis padres y mi hermano, ya no. ¿Cuándo se va a terminar esto? Hoy toca ir al súper, irá mi papá. Espero que esta vez no se equivoque con mis toallas. No recuerdo si puse a cargar mi cel. Las llamadas en grupo le exprimen la batería. Mamá tiene el control remoto de la tele, aquí viene: las noticias con la tipeja del terremoto y la niña desaparecida. ¡Nadie le cree! ¡Qué aburrido! No hablan de otra cosa más que de contagios y pandemia; muertos y hospitales.

Ya quiero regresar al colegio; poder salir con mis amigas a los centros comerciales. Me urge estar con Tony. ¡Ya no aguanto este encierro! Tengo el pelo hecho un trapeador y mis uñas parecen canicas cascadas. Si Maritza me viera, no me la acabaría con el bullying. Como cuando se enteró de que no me gusta usar tampones. ¡Maldita! A toda la clase le dijo que utilizaba trapos que lavaba y volvía a usar en cada periodo. ¡La detesto!, pero, de cualquier manera, todo eso es mejor que estar aquí encerrada escuchando por las noches los ruidos que hacen mis padres cuando cogen y por las mañanas fingen que se aman. Qué relación tan mediocre.

Quiero a Matías. Él aún no se da cuenta de nada. De que nuestros padres ya no se quieren. Durante un momento me gustaría volver a tener su edad y preocuparme solo por jugar, pero ahora tengo mil cosas en la cabeza que me vuelven loca y parece ser que nadie entiende eso. Iré a revisar mi teléfono.

Matías

El robot de acero vuela sobre el océano de leche, ¡hay mucha leche! Tiene que salvar a las hojuelas del cereal que han caído allí. ¡Rápido, robot! Aquí viene, «estamos salvadas», gritan las hojuelas. El robot levanta de una sola vez a varias y ¡no puede ser!, un monstruo primitivo las devora antes de que el robot de acero logre ponerlas a salvo.

Papi está preocupado.

Y aquí viene otra vez, levanta un par de hojuelas que están muriendo en el mar de leche, se les está cayendo el azúcar. El monstruo vuelve a arrebatar con sus fauces las hojuelas antes de que el robot…

Amelia siempre está enojada, a veces quisiera que jugara conmigo como lo hacíamos antes: a derribar soldados con los carritos. Ya es mujer, dice mami, por eso ya no juega. ¡Qué mal! Cuando yo ya sea hombre se me olvidará jugar y estaré preocupado como papi. Tiene miedo, lo oí, le dijo a mami, por el trabajo. Cuando nos dejen salir, seguro que mi papi tendrá trabajo porque como nadie ha salido, habrá mucho porque se ha dejado de hacer.

¡Robot! ¡Robot! ¡Sálvanos! ¡Oh, no! Las hojuelas se hundieron hasta el fondo del océano de leche. ¡Pobres!

Julieta

No sé si es este encierro, pero he sentido diferente a Daniel. Es más paciente y amable, no como cuando recién nos casamos, pero ha cambiado. Lo siento más cercano. No quiero pensar que se ha comportado así porque solo puede estar conmigo y no con… otra. Pensaré mejor que esta cuarentena nos ha llegado en un momento en que necesitábamos retomar nuestra vida matrimonial. Es verdad que lo quiero, pero no del modo en que lo quería antes: incondicional y sin dudas. Está muy callado, ¿en qué pensará? Bueno, todos los días tenemos que preocuparnos por cientos de cosas que no podemos asegurar que seguirán funcionando cuando termine la contingencia. ¡Dios! Ha sido una dura prueba para todos en esta familia. Lo único que extraño son las tardes de café con Rebeca: fuera de eso, mi rutina no se altera en lo mínimo. Entre quehaceres y preparar comida se me va la vida. ¡Dios! ¡Qué triste mi vida desde que nació Amelia! Pero ¿qué estoy diciendo?, si mis hijos son mi vida. No así mi esposo. Ya no. Desde hace mucho solo tenemos sexo sin besos, sin caricias y sin amor. Bueno, tampoco puedo decir que dejé de vivir mi vida y ahora la vivo a través de otros; o puede ser que sí. Dejé de ser Julieta para convertirme en la mamá de Matías y Amelia. Antes era la esposa de Daniel, ahora solo soy su… Pero ¡qué pensamientos tan tontos! Si mi madre me escuchara, ya me estaría dando un sermón y aconsejándome acerca del papel de la buena esposa. Los tiempos cambian.

A veces me pregunto si estoy haciendo lo correcto o, mejor dicho, si estamos haciendo lo correcto. Fingir ante nuestros hijos que todo está bien y no pasa nada. Sé que estamos dando un mal ejemplo a los niños, pero no me atrevo a preguntarles sin antes explicarles que es lo que sucede entre su padre y yo.

Veamos qué hay de nuevo en las noticias.

Daniel

Julieta sabe que es más costumbre que cualquier otra cosa; después de quince años de casados nos conocemos muy bien. Quién lo iba a decir, justo cuando quería plantearle el divorcio ocurre todo esto de la cuarentena. ¿Será una señal? Ja, ja. No creo que el universo se rija por señales.

Me aterra la idea de que Amelia y Matías no vivan lo que debieran vivir: aún son muy jóvenes y les falta toda una vida por delante. ¿Qué será de sus planes? Me preocupa, sobre todo, Amelia que está en una etapa difícil de su desarrollo y más que dudas, tiene resentimiento por todo y contra todos.

Creo que Julieta sospecha algo, no me lo dice, pero en ocasiones tiene conductas muy obvias. Si ya tiene sembrada la semilla de la desconfianza, pienso que será para ella más fácil encarar que nuestra relación terminó desde hace mucho. En cuanto termine la contingencia, me iré de la casa y comenzaré con los trámites del divorcio. Me veré tan egoísta, pero no puedo seguir fingiendo. ¡Carajo!, sí soy un puto egoísta. Voy a sacrificar la felicidad de mis hijos por alcanzar la mía. Va a ser una tormentosa transición: Amelia me odiará, le romperé el corazón a Matías y a Julieta quizá no le afecte tanto, pero deberá regresar a trabajar. No hay otra manera de hacer las cosas menos dolorosas para todos.

Con Julieta es solo una relación de cama, no hay amor ni nada. Somos adultos jóvenes y podemos salir adelante en otra relación. Se me ocurre que pondré de pretexto el trabajo para poder salirme de aquí, sí. Lo tomaremos como es debido, sin extrañar ni juzgar. Después de todo somos una familia sin recuerdos.

—Amelia, ¿a dónde vas?

—Voy a mi cuarto a ver mi celular.

—Termina de desayunar. Y procura tomar algo más que café.

—¡Matías! Deja de jugar con el cereal, ya salpicaste toda la mesa de leche. Daniel, ¿por qué no les dices nada?

—¡Oh, lo lamento! Estaba pensando en el trabajo.

—¡Fue el robot, mami!

—Bueno, bueno, guarden silencio. Déjenme escuchar las noticias.

«… la Secretaría de Salud emitió un comunicado en sus redes sociales, anunciando que la cuarentena llega a su fin y que a partir de mañana todos podremos salir a la calle y realizar las actividades cotidianas…».

—¡¿Quéééé?! ¡Ay, mamá, no le creas a esa tipa!

—¡Silencio, Amelia, obedece a tu mamá! Esto es importante.

«… la conferencia de prensa se transmitirá en breve en cadena nacional desde el Palacio de Gobierno. Se hará oficial el pronunciamiento y estarán presentes el presidente de la república y todo su gabinete…».

—¡Sííííí! ¡Ya podré salir a jugar con mi bici! ¿Verdad, papi?

—Claro hijo, ya podremos salir todos.

—¡Dios! ¡Gracias! Se acabó, Daniel.

—Avisaré a Tony y a mis amigas de esta buena noticia. ¡Ya es TT en Twitter!

Cuando Julieta dijo «Se acabó, Daniel», durante un momento él creyó que su esposa le había leído el pensamiento. La miro un instante y se dio cuenta de que se refería a la cuarentena. Ahora que estaba pasando, sentía miedo de todos los pensamientos que había tenido en el desayuno. Tendría que dejar pasar algunos días para que la euforia de la liberación perdiera fuerza y todo volviese a la antigua normalidad para proseguir con sus planes y proyectos de vida.

Matías dudaba sí saldría con el balón o con la bicicleta. Sentía un poco de miedo porque a lo mejor se había olvidado de cómo pedalear. Optó por el balón, todavía sabía cómo patearlo. Se puso tenis y su playera del Barcelona con el número 10 en la espalda.

Amelia ya hacía planes para verse con Tony o con sus amigas. Mejor con Tony. Esta vez no diría que no a la proposición de él de tener sexo. El encierro le enseñó que la vida se vive una vez. A sus amigas las podría ver después y presumirles que ya se había acostado con Tony.

Julieta, mientras recogía los platos del desayuno, no perdía el hilo de las noticias: siempre le había gustado estar enterada de lo que pasaba en el país y en el mundo. Era, quizás, una costumbre que heredó de su padre que siempre estaba cambiando canales en el televisor para buscar información. Estaba fregando los platos cuando la presentadora de noticias dijo:

«Pasando a la información de carácter internacional, Estados Unidos y México abandonan la mesa de negociaciones de la ONU por no llegar a un acuerdo con los representantes de China, Rusia y países del Golfo Pérsico. Los analistas califican como una ‘bomba de tiempo’ la tensión generada por el inesperado abandono. Estados Unidos no retirará sus tropas del Golfo Pérsico, así como tampoco lo hará con los barcos y portaaviones que se encuentran muy cercanos a las costas de Venezuela. El secretario de la ONU intentó conciliar los desacuerdos, pero fue inútil. Rusia y China se han pronunciado al respecto por la execrable decisión de Estados Unidos y México, por su parte, el gobierno de Irak ha declarado que asestarán un duro golpe a los norteamericanos y a sus aliados. Por último, China y Rusia manifiestan su apoyo incondicional a Venezuela y a los países afectados en el Golfo Pérsico”.

—¿Crees que haya guerra, Daniel?

—No, ¡por favor! Acabamos de salir de una situación compleja y ahora por rencillas políticas volver a estar en peligro, ¡no!

—Con los políticos nunca se sabe.

—No creo que pueda haber guerra. Las economías están muy golpeadas por la pandemia. ¿Crees que algún país cuente con los recursos suficientes no solo para iniciar, sino para mantener un conflicto armado?

—No lo sé, pero los presidentes de Rusia y China son personas de cuidado.

—Pero al presidente de Estados Unidos ya nadie lo toma en serio. Él va a hacer su guerra por Twitter.

—Eso es lo preocupante, hace las cosas por impulso.

Julieta se quedó en silencio. Recordó cuántas veces, a lo largo de la historia, el intervencionismo de Estados Unidos culminó en absurdas guerras.

El informe del presidente de la república, fue, como en todas sus conferencias de prensa, un acto que reclamaba suma paciencia: inició con el Himno Nacional, nombró uno a uno a los secretarios de su gabinete, dijo chistes de los que nadie se reía y pidió asistencia del subsecretario de Prevención y Salud para interpretar la imagen de una gráfica que se proyectaba en una pantalla. Con su característico derroche de intelectualidad y utilizando eufemismos técnicos, el subsecretario describió cómo las medidas sanitarias que se implementaron fueron efectivas y se logró aplanar la curva y reducir el número de contagios del virus. Vino una ola de aplausos y el presidente, con su acostumbrada desfachatez, convocó a los ciudadanos a festejar en el monumento que simboliza la independencia y a abrazarse, besarse y acercarse otra vez.

En las siguientes horas del día la familia se dedicó a los preparativos para reiniciar su vida desde el punto en que habían puesto pausa. Todos se sentían emocionados e ilusionados con el nuevo comienzo y sobre todo había entre ellos mucha alegría por el fin de cuarentena.

A la hora de la comida, los cuatro sonreían y en su mirada tenían un brillo de esperanza, ese anhelo que les recordaba una nueva oportunidad en la vida.

—¿Qué vas a hacer mañana, Matías?

—¡Voy a jugar futbol, papi!

—Iré contigo al parque.

—¡Sí, mami!

—Eres un ridículo, Matías. ¿Por qué te pones la playera?

—Déjalo en paz, Amelia. ¿Tú qué harás mañana?

—Como todos los sábados, mamá, iré al centro comercial, luego al café. Extraño a mis amigas.

—Tiene novio, mami.

—¡Cállate!

—¿Novio? No habíamos platicado de eso, Amelia.

—¡Ay, papá! Es un amigo.

—No quiero que discutan por eso.

—¿Tú sabías, Julieta?

—Son solo amigos, Daniel, ¡Por favor!

—Bueno, bueno. Ya. Te quedo delicioso el espagueti, Julieta.

—¡Sí, mami!

—¡Gracias!

—Pero nunca vuelvas a hacer, mamá.

—¿Por qué?

—Para que no te roben la receta.

Todos rieron de buena gana. Su risa fue espontánea y sincera. La tensión acumulada por todos esos días encerrados se relajó.

La tarde se fue en un parpadeo. Se sentaron a ver una película, mas no podían estar quietos por la excitación. Cada uno estaba expectante a ese momento en que pusieran un pie fuera de la casa.

Fueron a dormir sabiendo que el entusiasmo no les debería restar energías para enfrentar la locura que sería el primer día después del confinamiento. Listos para volver a la normalidad.

Fue a las 03:16 de la madrugada cuando la alerta sísmica interrumpió su sueño. Acostumbrados a tales emergencias, siguieron el protocolo para salir de la casa y ubicarse en el punto de seguridad marcado por Protección Civil. Despiertos, con los ojos bien abiertos por el susto, se miraban uno a otro, miraban a los vecinos y se preguntaban si habían sentido el sismo. Consideraron la posibilidad de una falsa alarma y, enojados, regresaron al interior de sus casas.

Julieta encendió el televisor —como era su costumbre en esas ocasiones—, sin embargo, no había señal en el aparato. Los chicos se dejaron caer en el sofá, malhumorados por la alerta falsa. Daniel tomaba un vaso con agua y también le causó extrañeza la falta de imagen. Fue a la ventana y se asomó; algo extraño ocurría en el exterior. En medio de la oscura madrugada pudo ver un cielo entintado con un degradado en tono rojo, se escuchó un rugido retumbante que todos percibieron, como cuando se está frente a un enorme bafle en un estridente concierto. Vio el hongo nuclear que se levantaba en el horizonte no muy lejano. Julieta estaba junto a él en la ventana, se estremeció, dejó escapar un suspiro y dijo, antes de que otro rugido hiciera vibrar la casa entera:

—¡Ay, no!