Ausencia


Dejaste el vino.
Te busqué en los restos
de todas las copas.

Frío


Cuando pensaba en el frío, pensaba en esa sensación térmica que te hace titiritar, que hace que tus dientes suenen como castañuelas, que te eriza la piel, que te cala hasta los huesos, que te suspende la sangre en las venas, que detiene el funcionamiento de tus órganos hasta morir. No pensaba jamás, que iba a despertar una mañana con tu brazo alrededor de mi cintura tan frío, tieso, e inmóvil.

Mi mano sobre tu brazo frío es una experiencia de nunca olvidaré. Y no es que no olvidaré que moriste en el sueño a mi lado. Que me diste un último beso aquella noche para no despertarte, como una Bella Durmiente al revés. Es que el tacto de mis dedos sobre la superficie fría de tu brazo sin vida, quedó tatuado en mi memoria para siempre.

No hablamos nunca de la muerte. De quién iba a morirse primero. De testamentos. ¿Para qué? Éramos muy jóvenes todavía. ¿Quién piensa en eso a los veinte años? No teníamos hijos, ni gatos, ni perros, ni peces. Solo toda la vida por vivir. Un piso, una cama, la tele, una mesita y dos butacas. ¿Hacía falta algo más?

Me quedé inmóvil en aquella cama, no sé por cuánto tiempo tratando de entender por qué no te movías, por qué no respondías, por qué tu brazo estaba frío, tan frío. De repente salté fuera de ella y me quedé parada frente a ti, acostado de lado, todavía con tu brazo estirado como si lo tuvieras alrededor de mi cintura. ¿Qué era aquello? Mi cabeza no podía descifrarlo, aunque puedo decir que no sentía miedo.

Me acerqué despacio y te toqué. —Mi amor —dije, rogando que fuera un sueño, pero al escucharme supe que no lo era. Lloré. Dí la vuelta a la cama, por el lado tuyo. Suavemente toqué tu pelo y me metí de manera que tu cabeza quedara sobre mi regazo. Acaricié tu cara fría, dormida para siempre, lamentando no poder ver tus ojos una vez más.

Entonces odié las drogas y el alcohol que tomamos esa noche, que no me permitieron decirte adiós.

¡Hecho en México!


¡Hecho en México!

Memorias de mi perdida juventud


Estas sombras son
Tan extrañas
Hay terribles sentimientos y
Saliva católica
Cristianos muertos
Por todo el piso
Esperma
Y vodka
Estoy vomitando
Sobre la cama de tu madre
Y el vino no alcanza
Es una fiesta salvaje
Películas porno calentandonos a todos
Mellizas cojidas sobre la alfombra
Juegos duros
Punk rock, Deathrock, música enferma en el estéreo
Las pastillas azules me llevan
Tan alto
Me masturbo con la estrella más cercana
Y acabo
Sobre el kaos de-memorias-de-mi-perdida-juventud

LA CANCION DEL BORRACHO


chojesus

El borracho_500x340

Rasgó el velo de la noche su estridencia,
Incluso las estrellas quisieron volar,
Bajaba aquel borracho por la calle estrecha,
Y de su garganta brotaba un cantar.
Bajé de la cama y me fui a la ventana,
Deprisa abrí sus hojas y me puse a escuchar.

Cantaba el borracho, callaba la noche,
Y lágrimas vivas, desde arriba la Luna
Comenzó a derramar.
Cantaba el borracho: Luna no me llores
Que quiero verte alegre, y alegre bailar,
Que no hay nadie en casa que me abra la puerta,
Que no hay nadie en casa que me pueda escuchar.
En el bar de la esquina, que está calle arriba,
He vaciado mi cuerpo de tanto pesar,
Lo he llenado de vino, para que su efecto,
Hollando mi mente, me haga olvidar.

Se marchó, hace meses, con un señorito,
Sé que la engañó, no era por amor,
Era, simplemente un “Don Juan” de…

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