Este aliento


Fotografía por Alex Wigan (Unsplah).

 

No vinimos para quedarnos,

bien lo sabe este pájaro

que alza el vuelo,

o la nube

que se diluye en nuestro cielo,

como agua entre los dedos.

Pero este aliento,

bocanada de aire codiciada por los vivos,

siempre huye de la muerte;

sabe del calor en otros labios,

sabe del olor de la tierra

cuando se revisten sus huellas;

sabe de tu roce,

vida,

en su pulso acelerado.

 

Mayca Soto. El gris de los colores

El árbol de Estragón


Muros. Estacas.

Devoluciones. ¿Hacienda?

Un número

somos.

Y, aunque escribamos líneas sangrientas

de puño y letra,

y nos hiera la palabra

y nos queme el aliento

ajeno,

un número seguimos siendo.

Barcazas. Barracas.

Heridas de guerra.

¿Contiendas?

Amarra la soga al árbol de Estragón:

el suicidio es una opción

o quizá

un final redentor.

El Olimpo

no espera,

ni el banquete,

ni la procesión alegre siquiera.

Solo,

únicamente y nada más:

el resultado de nuestra obra.

  El número, la serie, la zozobra.

Por mucho que forniquemos,

por mucho que nos abracemos,

por mucho que acariciemos nuestras sienes

o arañemos el placer;

por mucho que repitamos

como buitres

el banquete de los restos del húmero ajeno,

eso somos: somos número.

Un número hueco.

No me traigas de vuelta, solo revíveme


Un último aliento,
Nada más que un último aliento,
Que me reviva,
Y me devuelva la vida.

No; no revivir,
No el de traerme a este mundo,
Prefiero no revivir,
Pero devuelve la vida con ese último aliento.

Ese aliento que me congela,
Desde los ojos hasta las caderas,
Desde mis miedos a mis deseos,
Me congela por completo; soy feliz.

Entrégame tu último aliento,
Para que cuando tu mueras yo te lo devuelva,
Como los juguetes, como los abrazos y caricias;
Regálame un último beso.