Libido


La pasión hace que nuestras almas salgan de su escondite
y se arrullen con desmesuradas caricias.
Que tu cuerpo no descanse sino sobre el mío,
que mi amor y mi lujuria se abrumen
y se apacigüen cuando estoy junto a ti.

Sensaciones inescrupulosas que trastocan uno a uno
los espacios mínimos de nuestra piel,
cada vez que la intransigente libido nos desequilibra de forma descarada.

En ese momento, cuando las miradas se vuelven infalibles e incitantes,
ahí se completa nuestro mapa de caricias
que, sin estrecheces,
da inicio a mil combates de piel con piel y pura miel…

people-2589817_960_720Imagen: Pixabay (CC0).

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Alma mía


Tristezas y dolores,
alegrías y desazones,
ilusiones y desesperaciones,
desahogos y angustias,
impavidez y melancolía,
bohemia y ternura,
nostalgia y dulzura,
dulce pena: alma mía.

Cadenas y suspiro


Amanece y el rostro incoloro

se cubre de dudas por este nuevo día;

desteñida la tez

y la piel destruida,

buscan abrigo en la oscuridad hambrienta.

 

La vida que acontece en castigo

sin piedad le mantiene en una ruina,

la luz solar no le alcanza

apenas la carne acaricia,

y la mantiene en supervivencia errante.

 

Cómo se prolonga el sufrimiento

la voz derrapa en los ecos del sonido,

el cansancio ya no tiene algún concepto;

el mismo hombre sabe que no hay remedio.

 

Panacea universal

auxilia una vida para que pueda brillar;

el futuro perverso se apodera

de un cuerpo humano que no ríe;

no siente,

no goza,

no llora.

 

En l’interieur yace la lúgubre verdad de un vacío,

un clavado embocado no es el ideal destino.

 

El amor ha vuelto a mí


Cayó mi alma al vacío,
tocó fondo y rebotó.
Apareció una luz compulsiva
que me induce a amar.
Vuelvo a la vida y vuelvo a amar.
Recorre nuevamente
la pasión en mi sangre.
Tiembla y se enfría mi cuerpo,
señal proscrita al síntoma preciso
que diagnostica que he llegado una vez más
a las puertas del amor.
Sin saber ni cómo, ni cuándo,
ni dónde, ni por qué.
Es decir, la enfermedad resultó positiva:
el amor ha vuelto a mí.

Pon un poco


Un poco de corazón
hasta sentir que todo
está bien.
Un poco de alma
hasta sentir que pese a todo
estás viva.
Un poco de mente
hasta sentir que nada
sucede hasta que triunfa.
Un poco de fuerza
hasta sentir que nada
te es inmóvil y vibras.
Un poco de cuerpo
hasta sentir la maquinaria
encajar y calibrar
que todo está bien,
vives
exitosamente
y vibras.

Desde el otro lado


Me levanté y todo era diferente. La cama estaba ordenada, qué raro. No estaba la taza de café esperándome en la cocina. Salí a la calle y vi pasar de largo al repartidor de diarios. Grité: «¡Te estás olvidando de mi ejemplar, idiota!». No soporto a la gente despistada. Aparte de despistado, sordo. Después de mucho tiempo lo vi a Don Gerardo regar las flores de su jardín, sonriente, alegre. Levantó la mano y me saludó. Correspondí con el mismo gesto. Pero ¿no había muerto Don Gerardo hace dos años? Me preguntó qué me parecía esta nueva vida, lo miré como quien trata de resolver un enigma. Entonces, crucé la calle para interrogarle. Al dar tres pasos, un auto me pasó por encima. Me traspasó como si fuese Gasparín. Sonrío, miro a Don Gerardo. Ahora entiendo de qué me hablaba.

Is the Soul?

Is the Soul?