Mi padre solía decir que la vida es riesgo


 

(A riesgo de empezar muy alto el poema) A veces la vida es eso:

Una niña se mira en un charco

y juega

a pisar nubes con sus botitas rosas.

Y luego se mira y mira

las nubes

—de cuclillas— las mira reflejadas

cómo pasan.

Otras veces (a riesgo de ser monótono) la vida es una anciana

que se sienta junto a la parada del bus a ver

pasar a la gente al sol —después de la lluvia—.

Y les mira y mira como si les conociera a todos

para que no sepan de su olvido.

La vida es injusta —me dice una amiga. Tenía solo

38 años y una lágrima y una nube en una iridiscencia suceden.

—No sé cuál es cuál—

La vida es agua —leo en una revista: Somos

un 80 por ciento agua (a riesgo de copiar)

que pasa río —como dice Manrique— río

hasta dar en la mar

que se pierde en el tiempo —como dice Roy—

como lágrimas en la lluvia.

Agua en un charco. Agua en un 80 por ciento nube.

Agua niña anciana.

Agua

Agua.

niñaanciana

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La vi llegar pequeña


sonrisa

La vi llegar pequeña como si aún estuviera lejos. Despacio. Eran las seis de la tarde y hacía ese frío que huele a invierno. Venía agarrada del brazo de otra mujer algo más joven; pensé que no me reconocería porque el azúcar y los años la habían dejado casi ciega; me dijeron que estaba perdiendo la memoria.

– ¿Qué tal Ramona?  dije mientras le besaba -¿Sabes quién soy?

– Claro, el hijo pequeño de María- sonrió mostrando sus pocos dientes.

– Qué alegría verte. Qué guapa estás.- No mentía.

– Oye, has crecido mucho.

– No, Ramona, lo que pasa es que uno con la edad se encoge. Y Usted ya está un poco…

Esta vez se rió como una niña. Continuamos la charla durante unos minutos y nos despedimos. Ella se fue lenta a casa. Yo rápido, como siempre, a…No sé. No recuerdo. Empezó a levantarse viento entre nosotros y las hojas cayeron en espirales amarillas. Luego, vino la noche.  Pero lo que sí recuerdo y nunca le dije y ahora escribo para intentar reparar ( mientras aparecen estos versos de Wordsworth en mi mente)

            Aunque ya nada pueda devolver la hora

            del esplendor en la hierba

            de la gloria en las flores.

            No hay que afligirse

            porque la belleza siempre subsiste en el recuerdo.

pero lo que sí recuerdo -repito-

es

que su piel aún huele a rosas.