Respira, respira…


Dejo caer todo:

mi cabeza,

mis hombros,

mi pecho.

Entrelazo mis dedos

y acaricio el cielo.

No abro los ojos.

Nunca abro los ojos.

Me dejo caer…

Me entierro en el suelo.

Soy una muñeca de trapo.

Me pesa todo.

No abro los ojos.

Nunca los abro.

Siempre duermo.

Y me mandan,

me sugieren,

que mis párpados se abran;

y salgo

con las lágrimas quemándome en el alma.

Y ando como si me hubiese quitado de encima

la parte de muñeco de trapo

que creo que era lo mejor de mí,

la mejor parte de mí,

al menos,

para el resto.

Amapolas


Fotografía: «Campo de amapolas en Gallecs», por Benjamín Recacha.

 

Sentado en el prado se me pierde el pensamiento

en sueños de verde casi siempre inalcanzable.

Pregunto a la vida por qué no es más razonable,

que duele demasiado ver tanto sufrimiento.

 

Y la vida, respondiendo a mi angustia, florece.

De entre la hierba, altiva surge la amapola.

Tan hermosa, tan roja, la pasión enarbola.

La llama se contagia y la esperanza aparece.

 

Cielo azul, nubes blancas, todo el campo florido.

Sinfonía de trinos, banquete de colores.

El sueño de la primavera embriaga al dormido.

 

Pero breves e irreales son los sueños traidores.

Despierto, y pronto vuelvo a sentirme perdido.

Promesas etéreas de las escarlatas flores.

El grito


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«El grito», por Edvard Munch (1893). Fuente: Wikimedia.

Mi silencio es como un grito,
cosas dice a quien lo escucha;
pues tan cruel es esta lucha.
¡Mucho hablar yo necesito!

Horas pasan y retumba
como un eco en el silencio.
¿Al callarme me potencio,
o es la pena que me zumba?

Mucho duele lo no dicho
allá dentro de quien calla.
¡Dar por tierra la muralla
y sacar así al gualicho!

Un gallego en el limbo


Tengo miedo de decir la verdad. Cada vez que lo hago me juzgan sin piedad. Casi siempre termino como Jesús, clavado y con ladrones a diestra y siniestra. Llevo meses en este silencio, en la peor soledad. La que a pesar de estar acompañado sientes como si vivieras en el medio de un desierto. Sin embargo, ni dormido puedo dejar de pensar en reinventarme profesionalmente.

La economía está tan mala y nuestros gobiernos tan ineptos que la situación se pone cada vez peor. Estoy desempleado y cercano a colectar mi pensión de seguridad social por vejez, más o menos dos años. Ahora me informan que esos pagos están garantizados hasta que haya fondos. Si lo pienso mucho enloquezco. En síntesis, que cuando me toque será por pocos años. ¿Dios y de qué voy a vivir? Pernoctar a los sesenta y cinco bajo un puente y aprender a sobrevivir de la mendicidad. O quizás volver a trabajar donde haya un nicho de mercado, ¿en dónde?, ¿de qué?, ¿reinventarme, reinsertarme, readiestrarme en otro oficio? o ¿volver a nacer? Wow, excuse me! Una solución absurda ante la incapacidad gubernamental para ofrecer el bienestar a los ciudadanos.

No te confundas, resido en España, no estamos en un país subdesarrollado del tercer mundo. Tampoco me malinterpretes, todo tipo de trabajo es valioso, pero no me trates de convencer con propaganda barata. Es como el colmo de un violador arrepentido, la ultraja en público y luego afirma en la corte con sus amigos como testigos que ella lo sedujo.  Claro y pide clemencia por su debilidad ante la vil provocación.

¿Reinventarse para qué? ¿Para competir con los miles de desempleados locales y extranjeros que pululan por los clasificados online en la Internet o en los periódicos buscando con desesperación un trabajo digno? No es un secreto que las empresas prefieren jóvenes, fáciles de moldear, de seguir instrucciones, bajos salarios y menos beneficios. Es una falacia que si te reinsertas laboralmente vas a ser tan feliz como una lombriz. Me retracto, sí, es verdad, como una lombriz arrastrándote para que te den las migajas que botan los amigos acomodados de los gobernantes.

No importa el color ni la ideología que representen, ni el idioma que hablen, siempre los amigos de los que comparten el poder son los agraciados. O díganselo a los cientos de profesionales desempleados con un alto nivel de experiencia y educación que compiten entre sí por el pedazo más pequeño del bizcocho que sobra. Así que no hay trabajo para los profesionales que no tienen padrinos en las altas esferas gubernamentales o privadas. Y menos para los ancianos como yo. El sector privado, créanlo o no, también depende de quién está en el poder.

Es cierto, la crisis es mundial, lo es desde hace más de una década y ahora es que se dan por enterados. Como ven, la desinformación crea ignorancia, y por ende surgen los tiranos en la historia de los pueblos.  Desde la caída de las torres gemelas en los Estados Unidos el equilibrio de las finanzas capitalistas se vino abajo. Y nadie se dio cuenta. Si la ceguera es local, internacional o mundial, no importa, todos estamos en el mismo planeta igual de confundidos.

Pero la situación puede ser peor si cuando muera hay que pagar un impuesto celestial para entrar a los predios del Paraíso. Imagínate que no permitan más reencarnaciones a menos que tengas un padrino influyente en el Infierno. O que desde el próximo año no se asignen ángeles guardianes para nadie, incluso para los hijos recién nacidos de los acaudalados. Sigo quieto, en el mismo lugar de cuando empecé a narrarles esta historia. Mi esposa permanece sentada al lado mío con la esperanza de que el estado de coma termine. Tengo miedo de regresar a la realidad, pasar hambre y sufrir. Y no pueda ayudar a mis hijos, ni a mis amigos, ni a mi familia. Todos tienen problemas monetarios. Nadie está exento. Todos están desesperados.

Ahora mismo no sé en dónde me encuentro. Camino hacia un lugar con poca iluminación y en el corredor un ser transparente me da un anillo dorado como pasaporte de entrada a este extraño recinto. Miro con atención el grabado iluminado al reverso de la sortija: El Limbo – Suicidas 2012.

 

No puedo dejar llorar


Es increíble
esta sensación de desearte
y no tenerte,
se deslizan por mi tráquea,
salados buches sudorosos de melancolía.

Es como si fueras agua
que te escurres
entre los dedos de mis manos,
temblorosas, arrugadas de intentar atraparte sin éxito.

Solo me queda
en la memoria, mareos, retortijones existenciales,
soledades imantadas de dolor, vergüenza huérfana, migajas carentes de dignidad,
el repaso de este intento fallido por dejarte
cada día se propaga por mis venas con más furia,
alocado por tus rechazos,
y comulgo tragándome la ostia
de tu maldita indiferencia,
el insondable deseo de poseerte se acrecienta
se desbordan las pasiones alucinantes, insolentes.

No puedo respirar con tantas lágrimas al borde del abismo en mis párpados,
ellas huyen, se tiran desde las orillas de mis mojadas pestañas,
se suicidan una detrás de la otra
por tal de huir de este infierno.

Y tú sigues aquí, a mi lado, holográfica, seductora, irreverente,
jugando con mis sentimientos,
y yo, ilusionado aún, salivando las angustias,
tras el efímero
olor
de tu
silencio.

Anhedonia


La semana se acaba, de golpe y quedo en nada
me obscurezco desde adentro aunque haya escampado;
hace mucho que no amanezco.
Innocuo yago cooperando a los hechizos,
entregándole mi alma a los mismos diablos
con los ojos en el cuerpo y la mirada en los secretos,
se me escapa la vida de las manos.
Sin querer serlo me convertí en las horas
una anhedónica angustia que no se siente,
donde la vida me parecía redundante
en las lagunas frías de mis errores
ambivalente en medio de sus caras
haciendo trueque con mis dones.

Psicodelia


I. De Humores Sorprendidos

Ese día se despertó tarde
y sin quererlo de sí mismo se rió.
Se acordó de los pesares insinuantes,
los cobardes que le persiguieron la noche anterior.

En el fondo retumbaban
las heridas y los males,
se sorprendía con migajas
su instinto depredador.

Con enojo se alió a sus temores
estrategia peligrosa para quien no controle sus humores,
explosivas se tornaban sus movidas,
tan acostumbrado estaba ya a sus relaciones suicidas.

En lo hondo alucinaban
las heridas y los males,
aniquilando sus pocas hazañas
con instinto depredador.

Eran apenas las ocho y diez,
a su alrededor aún no se descubría el sol.
Llevaba llenos de ampollas sus pies,
sus ideas rotas lo encaminaron por donde se omitía el honor.

II. La Raíz de sus Males

Aleluya, aleluya, Dios bendiga sus pecados, los ha críado y manipulado como un padre con sus hijos alegando amor. Santificados sean los reinos tanto en la tierra como en los cielos, en los mares y las tribunas donde se absuelven a los cleros. Dennos hoy el pan de cada día y que el vino sirva para perdonar ofensas o a quienes nos ofenden, para que se extingan del mundo las vírgenes y no se reproduzcan las ciegas directrices. Oh aleluya aleluya simulemos el tic tac del reloj, esperemos con hambre la codicia, la avaricia y la lujuria, el motor oculto que nos hace ser quien somos y nos separa de ese ancestro animal. En el nombre del padre, del cínico y del espíritu sabio, que se exponga nuestro carácter humano, la raíz de todo mal.

III. La Lítost

Se escondían las salidas
los murmullos y semblanzas,
no veía nada más que apatía,
sin refugios ni esperanza.

La miseria amiga
su única compañía,
le permitía con disimulo ser dos:
Lítost.

Aún con penumbra ausente
no podía ser valiente,
en su mar se ahogaba sin motivo ni razón.

Intentó adoptar historias
fantasías y discordias,
nada pudo liberar su obsesión:
Lítost.

Su oración, su antídoto,
su realidad, su depresión,
los colores que nublaban su visión:
Lítost.

Le sobraban tantas sonrisas
las máscaras más desconocidas ,
las lagunas de una mente sin control.

Los anhelos como balas perdidas,
disparaba a las almas amigas,
se clavaba a sí mismo su impaciente decisión.

En su fondo alababa
sus heridas y sus males,
se sorprendía y renegaba
su psicodélica imprecisión.