Nocturno de escritora


Escribo.

En esta noche cerrada a las musas, la locura me protege, es mi fiel compañera, la soberana. La tinta sangra para que no se detengan las palabras; el alma se envenena cuando no se derrama.

Escribo.

No enmudezco esta voz, escapo de una muerte lenta y agónica que se bebe mi sed. Mi espíritu es una pluma al vuelo, que me desafía, me delata. Hoy escupe lo que soy y me ama mañana.

Escribo.

La luna inventa otra luz en este cielo mío, teñido de letras y escarcha sin flor. Yo, sin mí, estallo sobre esta hoja en blanco ansiosa de vida, de muerte y de dolor. Y en la negrura de este aire que me habita sacudo la alegría, la tristeza y el placer.

Escribo.

En medio de este silencio que lo llena todo, yo, me vacío, me entrego, me arranco esta piel y hiervo en el fuego eterno de la palabra, llama viva que alumbra y apaga un corazón abierto. Se quemará el papel, no el sueño.

Escribo.

Soy un animal escondido en la sombra que baila en la pared. Respiro su poder, lamo mis heridas y las abro otra vez. Es tiempo de vivir para escribir, de rendirse al poema o de morir.

La otra niña…

La otra niña…


Garra azul (poética)


te asomas desde los abismos

como el junco

al río

 

te asomas

al infinito helado

de la hoja en blanco

pero la chispa quedó

 

te asomas

—solo te asomas—

divina

garra azul

 

el insomnio del animal que busca

Fauna autóctona

Fauna autóctona


Cada día viste igual. Y grita. Pasea gritando y maldiciendo por los pasillos de la biblioteca. Elegante y desquiciada como una jirafa rota. Sigue leyendo

Atrapado

Atrapado