Las verdades de hojalata


Una imagen vale más que mil palabras” y otras mentiras según el cristal que te pongan al frente.

No se trata del formato, sino de aquel motivo que lo construyó. Por delante y desde atrás, hay palabras que rodean a la imagen que tanto asombro produce en tu mente. Pero es así como deseamos buscar una razón para justificar lo impresionante de las realidades que a diario nos orbitan.

¡Estamos locos!, jodidamente abstractos en el espacio. Al mismo tiempo nos proyectamos concretos en un específico punto y lugar, en conjunto con otros propios similares nos debatimos la propiedad de las verdades pero nadie acepta el peso de sus mentiras.

Nuestros pensamientos surgen de bonitos lugares – inocentes acciones – innata curiosidad. Y aunque todo puede brotar de la naturaleza pura, no justifica que cada fortaleza de hierro (u otra materia) logre sostenerse firme frente a la corrupción de la maldad intangible.

Es bondad lo que se aspira, y aunque mucho terror se respira el añoro por memorias felices son las postales que llevas enmarcadas en tu armadura de hojalata, aquellas bellezas pegadas con certeza sobre la corteza de tu corazón, serán plenas por largo tiempo y un gran símbolo de admiración. Sonríe y cúbrete con la verdad porque es el único manto que te protegerá.

 

 

 

 

 

 

 

Temperatura de asombro


 

Cobertura de helado, abrázame más fuerte.

Tengo frío pero busco estar contigo, damisela nevada.


Una brújula en medio del océano congelado me condujo por el sendero de los olvidados.

Marque con una tiza el camino, era de un tono dorado.

El pavimento de un natural glaseado y las montañas, construidas con hielo perfilado… parecía un sueño.

Y yo, un pingüino sureño, llegando del simpático verano.

Esperando ser recibido por tí, la mujer más fría de toda la gélida bahía de focas.

Justo allí, después de pasar lo osos y los elefantes marinos, llegando a la punta del iceberg de los vecinos.

Te encontrabas tú, risueña y feliz con tu sonrisa plateada y ligeramente oxidada.

Te adoro, mi vida. Siempre tan fría, y de piel fuerte con dureza como ninguna.

Adornas este mar desolado, lleno de figuras repetitivas que danzan en las profundidades, sin vida.

 

 

Confundida


Huelga
el obrero
pero
también
la palabra ancha,
un adjetivo inoportuno.

Sobra de mi vida
el límite
—frontera fundida en línea—,
apenas uno.

En este extravío
me extraño
enajenada de mí,
tan encallada.