De perpetua belleza

De perpetua belleza


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Tormenta primera


 

 

Y los árboles no podían taparlo

en la selva de noches y palacios.

El idealista, sofocado, solo veía rocas

imaginando muertes,

y lugares de náufragos.

Él tenía zapatos que se lustraban con sangre;

ella, un mundo de mareas,

enérgica y buscando sus ríos,

donde se hacía nueva la cara cuando se abrazaban,

llenando las habitaciones de luz,

era todo nuevo y larga su melena.

Ese día miró arriba, a los atardeceres lunares

sobre los tejados de un planeta lejano.

 

(Fotografía del autor)

Piel


Hace tiempo que, en los palacios de oro,

ya no tienes la piel de esas noches.

El lunar donde cabe un mundo tan intenso.

Desmesurado, pero que me hace soñar

despierto, lo cual es un poco más de vida.

O todo lo que será felicidad.

Pero sí pienso en un calendario.

Ahora los zapatos se lustran con sangre.

(Fotografía por Kari Basanta, fotógrafa argentina, con permiso de la autora).
Una sola palabra…

Una sola palabra…


Campo santo

Campo santo


Animales tras el muro


Entonces a ojos de los ángeles,

los del azul cielo y los del fuego eterno,

seremos animales agachados

junto a los muros de cualquier noche.

Y también de esos otros ángeles.

De los demonios que respiran tras el muro.

Foto Propia
El vuelo del águila…

El vuelo del águila…