Allí caen las estrellas


No seremos inmortales,

las palabras que escuchas proceden de muchas tierras,

escucho esa música junto a ella.

Siempre pensando en sus hombros y su mirada.

Allí caen las estrellas en verano.

Foto del autor. Lucerna Suiza.
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Maldiciones


Maldiciones,

para quienes tienen un cerrojo en la frente,

invisible y enrevesado.

Como hambrientos pulmones

de niños aún soñando,

a los que despierta un mutilado lobo.

 

La historia se mueve


Más que vivir la historia, ella es como un tren enorme que a veces nos envuelve con su ruido, y empequeñece las imágenes que realmente nos pertenecen: El contrato de trabajo, las horas entre apuntes de la universidad, el adiós a una ciudad, las vacaciones entre grandes montañas. No, eso no es lo más profundo de la historia. Es la inmensa barbarie que se esconde cuando sólo importa lo que se mide con riqueza y pasión ciega, y comienza a gritarse con descaro que deseas degollar la garganta de tu educado vecino. Es cuando la historia decide moverse sonriendo a vivos y muertos.

 

(Foto del autor)

Sombras


Sombras al mirar tu noche,

sombras al mirar el espejo.

De esas sombras nunca acaban las lanzas

de hundir en la carne sus voces intranquilas.

Verdades


Las derrotas con mieles siempre son prefabricadas

(los perdedores felices son para los cuentos).

Y mucho azúcar acaba provocando enfermos.

En cambio,

una verdad, intensa como una mirada,

no tiene demasiado dulce,

ni hace llegar el tiempo

de la vergüenza.

 

Fotografía del autor

Órdenes


El invierno de las almas

es demasiado largo en los egoístas.

Su maldad se disfraza de cuotas,

cumplidora acumulación y órdenes directas.

Consiguen premios y matar todas tus nubes.

Poetas


Los poetas también se arrastran

entre barro, o calles sin asfaltar.

Como soldados heridos

o héroes de Troya.

Suelen abandonar las fábricas,

encerrándose en bibliotecas,

(entonces los cerrojos arden)

y callan sus secretos jugando con números.

 

Fotografía del autor.