Historia de un martes de cervezas y una motocicleta


Un martes quería salir a pasear en la motocicleta y beber cervezas con B, pero B estaba indispuesta para salir conmigo. Pensé entonces en C, pero para el momento en que pensé en C, ya estaba en un bar y llevaba la primera cerveza.

Pensar en C era volver a mi zona de confort. Entonces pensé en A. El plan A era el mejor realmente, pero soy zurdo y hago las cosas como quiero y no como debo. Me dije: yo quiero ver a B, aunque B no quiera verme.

Lo que yo quiero no siempre sucede y pensar en eso me causa desdicha.

Mi error ese martes fue iniciar con el plan A, que era B, en lugar de iniciar con el plan B, que era C; pero el plan B se ha repetido tantas veces que ya perdió el sabor hasta de la conversación. Concluí finalmente, porque las conclusiones son agentes finalizadores, que el plan C, que era A, era el mejor plan para ese día (aunque eso ya lo sabía).

A tiene las mejores pláticas y siempre sabe las respuestas para mis dudas.

Entonces yo ya iba por la segunda cerveza.

Después de la cuarta cerveza me di cuenta que el plan R, que era R, no era un mal plan. Además había llevado conmigo un pequeño libro que nunca devolví y ¡vamos!, el sabor de la cerveza no depende de la cantidad de personas que interactúen en una mesa.

Por la quinta cerveza supe que al día siguiente, miércoles, estaría pensando en hablarle a B o a C, o quizá hablarle a A de C y de B. Es verdad que A siempre despeja mis dudas, pero sobre cuestiones amorosas no me gusta pedirle opinión.

Ya pasó una semana y no vi ni a B ni a C, y sé que tengo que hablar con alguien de C y de B, pero no puede ser A porque regaña.

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El Uruguayo y sus feligreses


Elvira Martos

Jorgito abre su tasca en el centro de la ciudad.

6 am.

Y empiezan a acudir ante su llamada los feligreses. En fila india y golpetones.

Rezan sus mismos mantras diarios y confiesan penurias y miserias. Se arrodillan por un cigarro (el tercero o cuarto de la mañana) y comulgan emocionados con vinos muy rojos y cervezas muy frías.

El Uruguayo oficia su misa diaria entre legañas, protestas y olor a botafumeiro.

Nadie se santigua ni parece siquiera ver el calendario de la Virgen de la Macarena que preside el altar mayor la barra.

Elvira Martos

 

¡Hasta el fondo!

¡Hasta el fondo!