Incendios de mentirijilla y otras actividades lúdicas


ElviraSeville

La alarma de incendios de mi edificio está rota. Suena una o dos veces al mes.

Bajamos todos los vecinos en fila, cansados, sin ninguna prisa. Cada vez son más lo que se quedan en su casa sin inmutarse, esperando que pase el molesto pitido y la frase repetida en bucle. Please, evacuate now!!

¿Qué cogerías si se quemara tu casa? —se preguntan.  E imagino todo convirtiéndose en cenizas. No lo sé.

Los vecinos, en bata y ya en la calle, empiezan el debate. Y el colgado del segundo A aprovecha para fumarse un piti.

Por mayoría aplastante ganan los álbumes de fotos. Y volvemos a entrar en el portal y a subir las escaleras con la pesadez de la frustación y de la noche a hombros.

Yo, mientras, voy pensando que no tengo álbum de foto alguno. Y decido que a partir del día siguiente voy a pintar el mío. Me propongo dibujar a cada persona importante de mi vida, cada situación, plasmar cada ciudad pasada o presente. Y me voy a dormir con la cabeza llena de fuego y colores.

Pero sobre todo, convencida de que llegado el momento, dejaría que todo ardiese igual.

Al carajo los recuerdos. Al carajo todo.

ElviraSydney

 

 

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Sevilla


La tasca


Elvira MartosElviraMartos

No me odies…

No me odies…


Esperanza


BARCELONA 22/09/2003 TRAFICO INTENSO EN LA GRAN VIA EN EL DIA EUROPEO SIN COCHES FOTOGRAFIA DIGITAL DE FERRAN NADEU

Caminas por la ciudad,
doblas sus esquinas,
cruzas sus calles desiertas,
casi olvidadas;
también sus avenidas asfixiadas
en tu trayectoria laberíntica.
Respiras el humo de demasiados tubos de escape;
partículas diminutas en suspensión viajan hacia tus pulmones
para quedarse.
Encuentras semáforos en rojo;
esperas,
esperas
y esperas paciente
el cambio al verde…
Aparece el ámbar;
una luz parpadeante,
un aviso de peligro,
una llamada a la duda es la prudencia.
Tu pie titubea,
tan bien como tu boca;
el asfalto quema en la calzada
y, maldita sea, te rompiste las sandalias de dedo
tras sobresaltarte con el ladrido estridente
del puto claxon de un camión
inhumano.
Pensaste que esas playeras no servían para caminar,
pero no te hiciste caso y zanjaste la duda con un portazo.
Ahora tendrás que sortear descalza las piedrecitas pequeñas
que no se ven,
peor son los cristales rotos de esas botellas quebradas.
Dejas tus huellas invisibles en el asfalto;
el cemento y el alquitrán jamás se estremecieron
ante el roce de la piel.
Vives en una selva
de ladrillos y anhelos
de amor.
«Continúa, continúa», piensas sin verte,
«en la próxima esquina, seguro que encontraré un taxi».

 

Mayca Soto. El Gris de los Colores

Foto: Ferran Nadeu

La farola

La farola


y entonces


tejados

y entonces

toqué la ciudad

pasé la mano

por el puente los tejados la cruz de

la catedral el río

quieto

que sigo hasta

rozar una palabra pájaro

que intento sostener

entre mis dedos

sus plumas el viento todo

pero se escurre

y yo inútilmente yo mientras

su calor desaparece

escribo