Confesión


Ayer perdí la respiración por unos minutos. Creí que era un ataque cardiaco. No me atreví a llamar a nadie. Salí desorientado al balcón. Miré al cielo. La noche se había tragado la luna y las estrellas. Pensé que moriría sin tener la oportunidad de pedirte perdón. Perdón, sí,  como lo oyes, por no atrever a decirte lo mucho que te amo. Y ahora todo está oscuro, en silencio. Extraño el ruido de tus besos, tu olor, las cosquillas de tu barba en las mañanas. Estas lágrimas no son suficientes para sanar mi dolor. Fui un ingrato. La prisa, los fantasmas, los miedos y mi obstinada hombría no me dejaron disfrutar tu dulzura, tu sensibilidad.

Sé que muy pronto nos reencontraremos. Espero que me des la oportunidad de mirarte, de tocarte, de sentirte de nuevo. No tengo idea si hoy es el día de mi muerte. Pero de serlo, en el cielo, mi querido padre, nos volveremos a tocar los corazones. Pues también me criaste como tú, un ser humano digno… bueno.

Se vende


Se vende
una ausencia anunciada
un suspiro latente,
un adiós que no se va
y la sal en mi vientre
mis palabras sin decir
las almohadas videntes;
hoy vendo quien yo fui por ti
exhausto de mente.

Ayer salí a las 3, era temprano
me encontré con mis antojos de verano
y unos cuantos secretos de barrio.

Me encerré en lo abierto de los campos
incendiaba mis placeres, mis encantos
dejaba titubeos peregrinando.

Se vende
una vida hipotecada
una voz que no miente,
canciones olvidadas
cartas sin remitente
una sonrisa fugitiva
y un culpable sonriente
una verdad inventada
mis lunas nacientes.

Y es que no soy más que simbolismos
una señal mal formada en el abismo,
tatuajes descifrados en espejismos.

Solo soy la mercancía rota que demandas
la ideología más remota y olvidada,
la falacia más absurda, pero amada.

Me vendo
esperando que me robes, no me compres
que en manos ilegales pertenezco,
delitos concebidos cual recesos
en medio de lo carnal de tus pagos
rejuvenezco.