Extraño amanecer contigo…


Salvador de Bahía, marzo 16 de 2018

Extraño tanto, hermosa de mi vida, amanecer contigo,
mirar absorto tu aquietante y desmesurada belleza,
palpar la fragilidad y la sagacidad de tu cuerpo desnudo,
tan místico, deslumbrante y audaz, pero tan sereno.

Extraño las caricias que entre dormido me das
cada vez que abro mis ojos y se acelera muy elocuente mi corazón.
Extraño mirar tu rostro y desinhibirme con tu dulce semblante.

Extraño amanecer contigo
y con tu cuerpo entrelazado al mío.

Extraño tanto, amor mío, amanecer contigo…

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«Amanecer en Patamares, Salvador de Bahía (Brasil)», fotografía por Alejandro Bolaños.

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Tu cuerpo, playa


Tu cuerpo playa

Poema y dibujo a tinta por Juan Machín sobre una pintura de Pilar Hinojosa.

 

Tu cuerpo: playa

que besan mar y sol

al atardecer.

Libido


La pasión hace que nuestras almas salgan de su escondite
y se arrullen con desmesuradas caricias.
Que tu cuerpo no descanse sino sobre el mío,
que mi amor y mi lujuria se abrumen
y se apacigüen cuando estoy junto a ti.

Sensaciones inescrupulosas que trastocan uno a uno
los espacios mínimos de nuestra piel,
cada vez que la intransigente libido nos desequilibra de forma descarada.

En ese momento, cuando las miradas se vuelven infalibles e incitantes,
ahí se completa nuestro mapa de caricias
que, sin estrecheces,
da inicio a mil combates de piel con piel y pura miel…

people-2589817_960_720Imagen: Pixabay (CC0).

Besos y caricias imborrables


La Habana, octubre 12 de 2017

Pensé que solo vos me extrañarías.
Pensé que solo vos me recordarías,
pero un apabullante y exasperante cúmulo de sensaciones,
placeres y recuerdos me tienen loco y añorándote.

Mi cuerpo y mi ser se abruman con tu impecable y sencilla ausencia.
En ese momento me corroe una vil y mágica sensación
que reafirma que tus besos y tus caricias son imborrables
de mi ser, de mi mente y de mi corazón.

Besos indelebles que me recuerdan que esas caricias
tan sofisticadas las creas diaria y exclusivamente para mí.
Caricias melosas y escabrosas que me reavivan la sensación
de aquellos besos extenuantes que calientan y trastocan
cada milímetro de mi piel y escandalizan a todo mi ser.

Besos y caricias imborrables que hoy
son mi único antídoto para aplacar la tristeza
de no estar junto a vos, mi hermosa mujer manabita.

Naranja Atardecr

«Atardecer en San Jacinto, Manabí (Ecuador)», fotografía por Alejandro Bolaños.

Te recuerdo…


Dedicado a la hermosa Mirosh

Agrietado en tu cuerpo,
sosegado entre tus caricias,
gustoso entre tus brazos,
alegre con tu sofisticada pasión,
vivo abrumado y tranquilo,
con tu exótica y libidinosa sonrisa,
con tus besos extenuantes,
con tu boca y ojos deslumbrantes,
con tu descomplicada y deleitante cintura,
digo con tu exquisita y delirante figura,
te recuerdo, me abrumo y te quiero.

Te recuerdo que me alegras cuando me amas.
Te recuerdo que tú y todo tu ser,
tus olores y sabores, son míos.
Te recuerdo, te extraño y te amo.

Cadenas y suspiro


Amanece y el rostro incoloro

se cubre de dudas por este nuevo día;

desteñida la tez

y la piel destruida,

buscan abrigo en la oscuridad hambrienta.

 

La vida que acontece en castigo

sin piedad le mantiene en una ruina,

la luz solar no le alcanza

apenas la carne acaricia,

y la mantiene en supervivencia errante.

 

Cómo se prolonga el sufrimiento

la voz derrapa en los ecos del sonido,

el cansancio ya no tiene algún concepto;

el mismo hombre sabe que no hay remedio.

 

Panacea universal

auxilia una vida para que pueda brillar;

el futuro perverso se apodera

de un cuerpo humano que no ríe;

no siente,

no goza,

no llora.

 

En l’interieur yace la lúgubre verdad de un vacío,

un clavado embocado no es el ideal destino.

 

Quiero…


Gracias por la inspiración, mi bella Mirosh

Quiero deslizarme en tu encanto,
sacudirme en tu lujuria,
aturdirme con tu pulcra dulzura,
mirarte a los ojos y besarte el alma.

Quiero tocar tu piel,
y corroerme con la tibieza de tu ser,
quedarme en silencio, sosegado e impaciente;
sin concentración alguna,
sin poder distinguir tu hermosura de tu ternura,
digo, tu locura de tu exquisita figura.

Quiero comerte a besos
y arrollarte con mi cuerpo,
quedar trabado e impregnado con tus olores
y sabores.
Pues con tu sobria y quieta belleza
me dejas impaciente y delirante,
al verte desnuda, tranquila y dormida.

Quiero estar en tu cuerpo
pero abrumarte con mi ausencia.
Quiero que me añores
y no salir de tu esencia.

Quiero estar colgado entre tus caricias
insensatas, escandalosas y melosas,
aquellas que has creado exclusivamente para mí,
luego desfallecer ante tus besos extenuantes
que parpadean en mi ser,
que lo alteran,
que lo apaciguan,
y que lo aman.