Momentos de desesperación…


Por ahora no necesito que me recuerdes que estoy vencido,
que la alegría se me va como agua entre los dedos.
Hoy no necesito que me digas que me extrañas
porque yo mismo me siento extraño.
Hoy no necesito que preguntes si estoy bien
o si aún sigo mal, solo requiero de tu ayuda.
Hoy requiero de tu esencia, de un te quiero de la nada,
uno así de puro y lisonjero.

Hoy requiero que no calmes mi llanto, sino que llores conmigo,
que enjagüemos juntos los tormentos, que en este trance,
son triste y únicamente míos.
Hoy requiero que tus palabras azoten mi amargura con serenidad
y no se resquebrajen con verdades de medio talle.
Hoy requiero que tus palabras acechen con imprudencia tal,
que espanten cínica e infaliblemente mi depresión y desesperación,
que el monstruo se vaya y me deje tranquilo.

Hoy necesito que tu incondicionalidad no la pongas en tela de juicio,
sino que, así, sin más ni menos me digas ¡aquí estoy!
Hoy requiero que tus manos no solo no me dejen caer,
sino que me salven y le hagan contrapeso a este mal,
a esta execrable y pedante depresión.
Hoy requiero que tus brazos de forma insolente
arrecien conmigo, me levanten y no me dejen morir.

Hoy necesito de tu esencia, de tus destellos de alegría,
de tus inquebrantables ganas de vivir.
Hoy, solo por hoy, no reclames nada de mí,
solo soy yo y esta estúpida tristeza,
solo soy yo y esta matutina desolación que me corroe.

¡Lo siento mucho! Sé que añoras todo de mí:
mis risas, mis alocuciones disparatadas, mis alegrías y mi discreta locura.
Y de sobra sé que cuento contigo, pero ya no solo quiero contarte,
quiero convertirte en mi amparo, en el augurio sagital para salvar mi vida
de esta feroz desolación y de esta atroz depresión que aniquila mi ser.

Respira, respira…


Dejo caer todo:

mi cabeza,

mis hombros,

mi pecho.

Entrelazo mis dedos

y acaricio el cielo.

No abro los ojos.

Nunca abro los ojos.

Me dejo caer…

Me entierro en el suelo.

Soy una muñeca de trapo.

Me pesa todo.

No abro los ojos.

Nunca los abro.

Siempre duermo.

Y me mandan,

me sugieren,

que mis párpados se abran;

y salgo

con las lágrimas quemándome en el alma.

Y ando como si me hubiese quitado de encima

la parte de muñeco de trapo

que creo que era lo mejor de mí,

la mejor parte de mí,

al menos,

para el resto.

Realidad empañada


 

—¡De verdad! ¡Yo no lo quería hacer! ¡Yo, yo, no no no no que-quería hacerlo! Yo no quería…

»Solo necesitaba que me dejaran en paz. ¡No paraban de decirme lo que tenía que hacer! ¡Estaba harto! ¡Harto!

»Y tuve que hacerlo… Os lo juro que no me quedó otra opción… No quería, no quería quitarlas de en medio. ¡Jamás les hubiera hecho daño como ellas me lo estaban haciendo a mí en vida!, pero tuve que matarlas una por una, una por una.

»Todas fueron mías. Vivían conmigo. No podía. No puedo. Lo siento. Lo siento mucho…

»Yo, yo estaba harto de sus consejos, de sus locuras, de sus idas y venidas. ¡Esas putas!

»La primera de ellas murió tan pronto…, que aún ahora me sorprendo, ¿sabe? Había sido tan mía…, tan querida…, que no sabía que podría deshacerme de ella tan fácilmente. Me hacía sentir que estaba vivo. Con ella a mi lado me sentía el rey del mundo. Era capaz de cualquier cosa, ¡cualquier cosa, joder! Todo era más brillante. Hablaba sin parar. Lloraba y reía sin ningún tipo de vergüenza. Salía a todas partes. Conocía a muchísimas personas. Dejaba que me enamorara de todo, de la vida, sin límites. El límite lo poníamos nosotros.

»Pero un día, ese maldito día…, me costó levantarme de la cama. Me empecé a encontrar mal. No tenía ganas de nada. La noche anterior, es verdad, me había peleado con un tipo por un resultado de un partido que ya no me acuerdo cuál fue.

»Sabía que se estaba alejando de mí. Lo notaba. Era como si me estuvieran arrebatando a un hijo de los brazos. Y apareció su amiga, su puta e inseparable amiga, ¡a joderme más la existencia! Mi amada debió pensar que ella me ayudaría. Y se fue y se convirtió en un recuerdo doloroso de lo que yo había sido. Y me quedé con su amiga.

»Empezó a meterse en mi cama por las noches y en mis pensamientos por el día. Hasta que nos quedamos en la cama una buena temporada. Apenas comía. Apenas me aseaba. No entendía cómo no podía sentir asco. Asco de mí mismo. Me deprimía cada vez más y más. Sus consejos eran de arena. Me tenía atado de pies y manos. No le importaba nada. Solo quería que fuera su esclavo. Y en eso me convertí. En una marioneta.

»La última, la mejor de todas ellas, a la que más quise, a la que adoré, era el término medio que tanto había buscado. Me convertí en una mejor versión de mí mismo. Tranquilo, sereno, las cosas bastante claras. Una persona normal.

»Os juro que lo intenté por todos los medios, no hacerle daño… Pero descubrí que me era infiel. Ese monstruo, que conocía de sobra, que nunca me dejó quererla como se merecía. La maté porque no quería que él la tuviera. Fue la más dolorosa…

—¿Cómo se deshizo de ellas?

—Nooo, no se lo diré hasta que me dé una maldita solución ¡ya!

—Está bien. ¿Qué pasa con él? ¿Por qué le cuesta tanto deshacerse de él si es el responsable de todo lo que le pasa?

—¡¿No se han dado cuenta aún?! ¡¿Cómo tengo que decírselo, maldito zopenco?!

»¡Yo no puedo luchar contra él! ¡Lo he intentado de mil jodidas maneras diferentes! ¡Con amor, con rabia, con desprecio, con desesperación hasta rozar la muerte!

—Pruebe entonces con esto —Deslizando sobre la mesa una caja pequeña de cartón.

—¿Qué es esto…?

—Por ahora, su último recurso para dejar de ser esclavo del miedo. Quetiapina.

—Yo, yo, yo es que no puedo más con estas cosas…

—Pruebe y ya me contará en la próxima sesión. Tranquilo, esto es como el dinero: no da la felicidad, pero ayuda.

Situado


Situado en un punto álgido y extremo del amor
no lo vivo, no lo sufro, pero lo disfruto.
Situado en un lado áspero y sugestivo del instinto sexual
no lo comprendo, no lo aprecio, pero lo gozo.

Situado en la parte íntima de la efímera depresión
no la aborrezco, no la conservo, pero la siento.
Situado en la realidad agobiante de la traición,
no la distingo, no la asqueo, pero la conservo.

Situado en la conclusión flagelante que difiere
mi realidad de la tuya, digo de tu traición y mi dolor,
comprendo que fue repugnante la realidad que me hiciste vivir.

Situado entre el dolor del amor y el dolor de ser amado
y de haber amado, finalmente termino asimilando la situación entre
el placer de amar y de ahí en más avanzar al dolor por amar.

Castigos púberes


Con el abanear del campo

de amapolas

mis sentidos descansan

exaltados.

El recuerdo del caballo

recorre aún las estepas

de mis venas.

Me quedo dormido y sueño

frustraciones.

Yo solo quería jugar,

joder,

no sosteneros.

El último ‘selfie’


PhotoFunia Artistic Filter Regular 2016-08-06 09 14 02

Suicidio: Fotomontaje Edwin Colón 2016

Desde mi cama la seguí con el celular hasta el balcón del hotel. Su esbelto cuerpo se contorsionaba. Traslucía su imponente figura. Su vaporosa bata blanca se agitaba. Se pegaba a sus muslos y senos por la fuerte brisa. La vista del Morro era espectacular desde el duodécimo piso. Jamás pensé que ella estuviese tan deprimida como para saltar al vacío. Mucho menos que yo lo publicara en Facebook y decidiera hacerle compañía.

Languidez contemporánea


 

Rostros desencajados

por el monstruo agigantado

que te atrapa y te deforma

en un ser sin lógica ni norma.

 

Caras desencajadas

tocadas con mala vara.

Revoltijo de emociones

a cientos de revoluciones.

 

¿Cuántas vueltas habrás dado?

¿Con cuántas más te desfogas?

¿Andas vagando y te hallas?

¡Frena ya! Reduce tus palpitaciones.

 

P.D.:  Cuando recibí la notificación que anunciaba mi aceptación como autor de Salto al reverso me impresionó tanto que me dejó durante un rato en shock. Así que en seguida pensé que mi primera entrada tendría un impacto fuerte o, al menos, eso pretendería.

Un saludo y un placer enorme estar por aquí.