La bailarina


Aline Baños - Denis Cintra

Aline Baños – Autor: Denis Cintra

Estaba cansada… Agotada. Aquella noche había estado a punto de quedarse en casa. Tras ocho horas bregando con una variada gama de clientes descontentos había salido asqueada de la oficina de atención al cliente de la gran superficie comercial donde trabajaba. «Menos mal», se decía, «todavía tengo trabajo», y así se sacudía la pesada sensación de fracaso, de vacío intelectual que la invadía cada día al final de la jornada laboral.

Su hermano, un sol de hombre, la había animado a que pusiera su mejor sonrisa y acudiera a la cita semanal con la clase de danza oriental. Pol dormía como un angelito. «Vete, Noe, no te preocupes. Ya sabes que el niño estará bien conmigo». A Pere le debía mucho, empezando por la sensatez. A sus 21 años era la persona más madura y responsable que conocía, y no lo había tenido nada fácil… Hacía menos de un año del accidente de Laia… Y ahí estaba, ayudándola a superar lo suyo. Nunca había conocido a una pareja mejor avenida. Estaban hechos el uno para el otro, tan simpáticos, tan cariñosos, tan vitales, tan guapos. Es verdad, tenía que reconocer que los había llegado a envidiar e incluso a aborrecer a ratos, sobre todo desde “lo suyo”.

Mientras se cambiaba de ropa recordó la escena. Jamás se le borraría. Estaba en el sofá, meciendo a Pol, embobada contemplando aquella carita redonda, perdiéndose en aquellos ojos enormes que la observaban curiosos. Cuando Ramón llegó del trabajo y se sentó en la silla, junto a la mesa, se dio cuenta enseguida de que algo no iba bien. Él esperó a que dejara al bebé, ya dormido, en la cuna y entonces, antes siquiera de darle un beso a su esposa, dijo: «Noe, esto no funciona. Tenemos que hablar». Sigue leyendo

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Otra mañana más


“Maldito despertador…”  El mismo primer pensamiento de cada mañana. Ya no recuerda la última vez que se despertó de buen humor, con ganas de afrontar un nuevo día. “Nunca” le parece la respuesta más aproximada. Abre los ojos e inmediatamente le invade un terrible dolor de cabeza. Cómo odia despertarse con dolor de cabeza. Cada noche antes de acostarse tiene que elegir: dosis de somníferos regados con un generoso lingotazo de whisky para lograr dormir algunas horas, lo que paga con la asquerosa migraña que ya no la abandona en todo el día, o arriesgarse a una noche libre de sustancias químicas, pero libre también de sueño, con lo que acaba recurriendo igualmente a los somníferos a las tantas de la madrugada. Hace meses que escoge la primera opción.

Se siente una verdadera mierda, ya no queda rastro de aquella joven vital que aspiraba a comerse el mundo. “Agradecemos su dedicación durante todo el tiempo que ha trabajado para nosotros, pero ya no vamos a requerir más sus servicios”. Y eso fue todo. Así la despacharon, sin aviso previo, sin alternativa posible, a través de aquel memo repeinado, al que habían contratado para hacer limpieza.

“Levanta, venga, no puedes quedarte todo el día en la cama. Te duchas, te pones guapa, desayunas bien y a la calle, que hoy seguro que encuentras trabajo…”. La vocecilla interior sigue apareciendo cada mañana, pero cada vez la escucha más lejana. Le vienen ganas de extirpársela y meterla en ácido. “Lo sentimos mucho. Reúne usted excelentes cualidades, pero no es el perfil que buscamos en este momento”. Hace de tripas corazón para continuar presentándose a las entrevistas de empleo con la mejor de sus sonrisas (le quedan pocas), y tiene que recurrir a todo su aplomo (cada vez más escaso) para no mandar a tomar por culo al tipo de turno que la rechaza con el mismo discurso prefabricado, frío, vacío de contenido. Después de docenas de entrevistas, todavía no ha encontrado un mínimo de empatía, y eso la está amargando. Sigue leyendo