Te elijo a ti


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Foto: Brooke Cagle (CC0).

 

Te elijo a ti, más que a las prisas matutinas

y al reloj que marca los pasos hacia esa calle desierta,

sin propósito ni miradas despiertas.

 

En este sueño sin miedos ni sentido, te elijo a ti.

Porque bailas en la cuerda floja del destino, dejándome caer,

sin esperar más de lo que hoy quiera ofrecerte.

 

Te elijo a ti, por encima de mis sombras y locuras,

por debajo de estas sábanas donde la vida comienza

cuando muerdes mis labios y atrapas mi deseo sin preguntas.

 

 

Te elijo a ti, en medio de esta vida congelada de diciembre,

lejos de las luces de este árbol desnudo de promesas,

llenando de vacíos y esperanza mis heridas de muerte.

 

Sí, te elijo a ti, igual que la vida abraza el aire,

con domingos de café y bicicleta; sin ruidos ni testigos.

Sin un “para siempre”, solo tu alma en mi latido.

Domingo (VI)


La lucha contra el crimen boquiabierto
de los sustos y las sorpresas,
mora entre la decadencia subcutánea
del algodón plácido
y desbravado de regia cornamenta
por unas largas y dúctiles orejas
que agachar con los picores
de algún varazo.

Han muerto los cabezazos
contra la pared,
los errores que tienden
siempre a ser erráticos
en un laberinto grande
y naturalmente errante
como el tiempo sin edad.

Y al final los instantes
serán solo páginas
con el vértice doblado
en las que pone
algo importante,
recuerdos de ese sabor
salino y genital
que te da la risa.

Coge los tiestos, y arranca la nave.
Arriba todo esto, parece un museo
colosal de guisantes.

– Enrique Urbano.

La mujer del tiempo


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el sábado anuncia tempestades

que el domingo nos entrega sin piedad.

mis pequeñas depresiones,

anestesiadas.

 

en un sin vivir,

sobreviviendo

a nada.

 

 

(Para más fines de semana inaguantables y más poesía diminuta, visita http://www.lachicaimperdible.wordpress.com )

Domingo en otoño


Lengua de Venus

El día despuntaba cálido, lleno del bullicio de las calles. Se le antojaba un lunes de inicio de mes, de esos que le permitían perderse en largas horas de trabajo, en cambio era el primer domingo de otoño. La vida se burla de mí –murmuró desganado mientras sorbía el café quemado–. Había jurado no volver a comprar el café en el molino de la esquina, pero los tiempos eran difíciles, la mala racha económica del país se había convertido en un año de crisis para profesionales que trabajan por su cuenta.

Para Ángel, la crisis representó sacar el hedonismo de su vida. Entre otras cosas, dejó de frecuentar cenas maridaje para su cava personal, ahora debía conformarse con un vino joven de toque avinagrado comprado en el supermercado por menos de 50 pesos. Renunció a la ópera y los viajes; a la cocina de autor que tanto deleitaba su paladar…

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