Confesiones inauditas


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Castigos púberes


Con el abanear del campo

de amapolas

mis sentidos descansan

exaltados.

El recuerdo del caballo

recorre aún las estepas

de mis venas.

Me quedo dormido y sueño

frustraciones.

Yo solo quería jugar,

joder,

no sosteneros.

La muerte de un suspiro


¿Qué es un suspiro? Es cuando el alma se emociona y al sobresaltarse obliga a los pulmones a una inhalación fuerte y prolongada seguida de una exhalación, acompañada muchas veces de un gemido leve. Los mortales suspiran desde que se le implantaron los genes de la imaginación. Los investigadores afirman que el ser humano suspira un promedio de quince veces al día. No hay ningún estudio que sustente la falacia de que las mujeres suspiran tres veces más que los hombres. El machista es el que estúpidamente afirma que el suspirar es una señal de debilidad femenina.

Detrás de cada emoción fuerte positiva o negativa hay un suspiro. Los diálogos que establecemos con nuestros suspiros son importantes. Cuando los suspiros son generados por malos pensamientos como el rencor, la codicia, la envidia, la burla, la traición y el coraje debemos detenerlos. Hay que sustituirlos por suspiros positivos.

Los suspiros de nuestros seres fantásticos se generan de sentimientos tales como el amor, el agradecimiento, la bondad, la amistad, el perdón, la caridad, el respeto y la misericordia. Pero no solo de suspiros vive el hombre ni la mujer. Detrás de cada suspiro positivo hay un mensaje, una orden del más allá, del mundo onírico de nuestros padres unicornios. De su hija la imaginación que tanto luchó para que hoy celebremos nuestra capacidad infinita de soñar con libertad. Cada suspiro debe transformarse en acción, solo así la magia jamás abandonará nuestros corazones.

Por eso estoy aquí. Frente a ustedes como un suspiro más dentro de este mundo maravilloso de artistas. Entro a salto al reverso, sin permiso, quizás por última vez, para que mis suspiros jueguen con los tuyos antes de mi anunciada muerte.

Temporal adentro


A veces,
pasan los años
y no nos damos cuenta
de cuántos días hemos contado
pasando,
mientras tanto.
Vino la lluvia
y aún me sentía
de la misma forma.
Vino la lluvia
como siempre viene.
Hay personas,
años y lluvias
destinadas a provocarte
el mismo sentimiento.
La lluvia de aquel día,
los años que pasaron
y tú,
siempre venís a mi encuentro:
temporal adentro.

Gotea mi corazón


Ni las palabras
hacen serpentear mi lengua
como tú.
Mi corazón gotea,
cada segundo,
contigo.
Plic. Plic. Plic.
Mis pulmones soplan
aire del que le falta
a los pájaros de mi cabeza
y a las mariposas
que eché con alas en polvorosa
en alguno de mis suspiros.
Acerco mis manos
a un curso de agua fresca
y me vomita encima.
Mi glossa repta,
a través de un laberinto carnoso,
profundo y húmedo.
Gotea mi corazón.
Plic. Plic. Plic.
Hasta desaguar.

A diario


06:30 am – Las ventanas de la casa se abren lentamente. El aire fresco danza por la sala con toda la libertad de un invitado de honor y hace su recorrido matutino de frescura, nos ofrece su saludo y con un gentil abrazo se despide.

07:00 am – Alguien se precipita a la cocina y  se dedica a prepararte el desayuno. Conjuga las bebidas, distribuye cafeína, alisa las tortillas; hace malabares con las frutas, corta las trufas y la lechuga, y bendice cada ingrediente con zumo de limón. Hay una dedicatoria en la elaboración. El sentimiento predomina en la receta.

El aroma a uvas frescas es una melosa curiosidad, bienvenida es en su intangible materia y dulce es el despertar cuando el olfato es bendecido con honores prematuros.

07:30 am – Te seducen las cobijas con secuelas tentativas del sueño, accionas vueltas en la cama en modo de protesta, resistes la ternura de lo cotidiano y finalizas dando un brinco con el pie izquierdo de la cama. Retrocedes, porque no es un buen augurio en el ritual de lo mundano, corriges el primer paso y precipitas tu coraza hacia el palacio de tu higiene.

Es un placer levantarse, pero que dolor es desperezarse. ¿Como lo hace el perezoso? (siendo una criatura definida por el subtítulo de la vagancia), para buscar alimento, asearse y dar un paseo por el bosque cada día de su vida. Es un misterio, su matutino ascenso. Y es un milagro, mi despertar sin recaída al descenso.

08:00 am -Me precipito a la cocina en búsqueda de afecto, verdadera atención y delicioso alimento. No soy persona de lujos o exigencias subrayadas solo quiero lo sencillo que a mi paladar consiente. Llegas al epicentro de la gloriosa fantasía pero no hay nadie alrededor que te brinde tal alegoría. El despertar del sueño a la vida, comienza.

10:30 am – Un corazón esperanzado por buenas noticias, sensaciones bonitas y piel que eriza. Finalmente recae en que la vida no es sencilla, el proyector se estropea y la realidad vuelve a las cornisas de mi rostro.

Me levanto tarde, las obligaciones se acumulan. El dolor en la espalda por malas posturas afecta el estiramiento de mi despertar, los músculos se tensan y la consciencia se tarda en llegar a la cabeza.

11:20 am –  El calor que el sol ejerce sobre el techo y las paredes hacen más desesperante las situaciones simples con las que tengo que lidiar en casa. El desayuno no está listo y se queman las esquinas del pan, ¡debo irme! y las cosas están saliendo mal.

04:03 pm – Una taza de café ha llegado a mi escritorio, un tono obscuro que evidencia su potencia y subraya su aroma, me crea fantasías del sabor. La tarde no ha subido la temperatura, el trabajo ha sido ameno y las personas no me ponen cara dura, extraña amabilidad. Mis cejas se levantan en sospecha.

04:18 pm – Ceso la preocupación constante y me dejo llevar por los ritmos alucinantes de guitarras que bendicen mis oídos, la emisora de turno está en fuego y no es casualidad que hoy es intermedio del fin de semana. Lo divino se acerca con el cierre de turno, la labor se pausa y me voy a casa o sin rumbo.

05:30 pm – Cruzo avenida con un amigo, hablamos de la vida y de lo mal que nos ha ido. Caminamos al bar y apostamos por cartas, bendecimos la vida por la fortuna de lo sencillo. Una mujer me sonríe y me mira con antojos, ideas se forman en mi cabeza y la personalidad se me sonroja, se acerca con determinación inesperadamente y me saluda por mi nombre y me entrega mi billetera… que se me había caído en el camino.

Hablamos por media hora y me encuentro animado, mi amigo se nos une y carcajadas nos echamos.

¿06:80? pm – Borroso. Mi ebriedad me miente y distorsiona los inventos del hombre. Los conceptos de lo mundano y pesimista se alejan de mi cabeza, sin desearlo doy vueltas y vueltas. Me pierdo en el sueño venidero, que apresuradamente se forma.

08:00 pm – Me precipito a la cama, antes me miro al espejo y exclamo: “estoy feliz, hoy no fue un mal día… de hecho fue fantástico y no me hundí en mi melancolía. La vida es preciosa y a diario las vivencias se distribuyen. Cada una tiene un espacio”.

08:07 pm – Mis párpados caen con una lentitud increíble, son signos de un buen sueño, de que esta noche sí descansaré. Veamos qué pasa, si la vida me sonreirá o solo me saludará a través de la fantasía. Buenas noches le doy a todo lo que me acompaña y ejecuto un suspiro final con el pensamiento preciso de que los ciclos se repiten y mi vida es un segundo de historia.

 

 

 

 

La historia comienza por las plantas de sus pies


Estoy sentado en el suelo de madera, apoyado contra la parte inferior de la cama, acabándome un porro  enrollado por él unos minutos antes. Lo ha hecho con una concentración inusual que, dada su personalidad extrovertida, incluso me ha parecido tierna. Llevo puesto un jeans ajustado y desteñido, lo heredé de mi hermano mayor cuando por fin decidió largarse de casa para continuar con su vida de forma independiente, dejando atrás un viejo baúl de madera con la ropa en desuso. Es la única prenda que llevo encima, y juego a ratitos con mis pezones descubiertos, tocándolos con la mano libre mientras exhalo el humo de la última jalada. Él en cambio está desnudo, tendido sobre la cama con el cuerpo expuesto.

Al principio me costó trabajo disimular mi embarazo, después terminé por aceptarlo. Se siente realmente cómodo andando de allá para acá en el pequeño apartamento como vino al mundo. La desnudez lo hace sentirse más liviano, según me dijo la primera vez que me topé con su ropa esparcida por el suelo de la salita de estar y fue necesario preguntar.  Admiro esa forma suya de evadirse de todo aquello que le resulta coercitivo o dogmático. Su franco rechazo a la imposición de los convencionalismos sólo es superado por la apertura a la experimentación constante, a la necesidad de aprender arriesgándose, de lanzarse sin prerrogativas a cambio de una emoción más intensa. El contrapunto a la monotonía de sus días en la fábrica de textiles en la que trabajaba cuando lo conocí. Un ir y venir de órdenes y acciones pendientes, de solicitudes dictadas por megáfono desde la esquina superior de una pared cuya pintura caía a cascarones. Hasta volver a casa, donde entonces la rutina lo empujaba a un ambiente familiar hostil, con el padre que agredía a la mujer asustadiza que llamaba su esposa y al hijo cojo, llevado a esa condición por el simple descuido de un hombre irresponsable y una poliomielitis mal tratada.

La inclinación al placer fortuito, al goce momentáneo, resultó un desvarío en medio de aquella intoxicación inicial, un tormento más llevadero y soportable, que añadía una pizca de transgresión y desorden a una existencia ya caótica y furtiva. Surgió de esa manera. El enredo, como solíamos llamarlo, tenía poco de amistad y nada de romance. Así, podíamos lidiar con el riesgo y también con la incertidumbre, sin esperar nada del otro, sin exigir nada a cambio, otra cosa que no fuera esos momentos en que él venía al apartamento.  Jugar videojuegos, charlar sobre algún problema, comer comida del chino de la esquina, o sólo sentarnos en el viejo sofá sin dirigirnos la mirada ni pronunciar palabra. Esa especie de intimidad que brota de la cercanía emocional, de la confusión de los sentimientos. Además, debo confesar que no había ocurrido antes.  Me refiero a la fascinación creciente, al atavío expresivo que de pronto viene a confirmar un miedo vago, informe.

Como la primera vez que sus labios me rozaron el cuello y con sus manos me tomó desde atrás. No pude evitar el escalofrío. «Es una cuestión de buenos amigos», fue lo único que se atrevió a decir. Quizá una frase pensada, o leída en los subtítulos de algún drama hollywoodense. Por ese tiempo le gustaba acompañar a una que otra muchacha al cine, pero nunca logró engancharse realmente con ninguna de ellas.

Ahora, fumo y pienso. Ninguno de los dos se atreve todavía a romper el silencio. Rememoro los mejores momentos de este último año y medio en que hemos jugado a ser otras personas, a querernos sin amor, a compenetrarlos sin apenas conocernos cabalmente. Quisiera dejar constancia de todo ello algún día. ¿Sueños frustrados de escritor? No lo sé. Prefiero no tomármelo muy en serio, no ahora.

«Si lo dejase de ver. Si no abriera nunca más esa puerta por la que él suele entrar una o dos veces a la semana, tan campante». Quisiera decirle que es también una cuestión de perspectiva. Si volteara a mirarlo ya mismo, desde acá lo primero que vería son las plantas de sus pies, suaves, rosadas, tan dispuestas a la excitación y esa rara obsesión de turnar los labios y los dientes para estimular ahí donde sé que la caricia hará que su sangre fluya agitada por entre las venas.

Me gusta chupar sus dedos largos y deformes. Respirar ese aroma dulzón, como vaho caliente, que sólo percibo después de un día de trabajo, al descalzarse y tomar posición. Lo sabe, y me permite ir hacia abajo, reptando como un animal débil, sometido a una voluntad superior.

Si volteara a mirarlo ya mismo. No distinguiría si es una mujer o si es un hombre. Las formas de su sexo permanecen ocultas entre sus piernas, que protegen, benevolentes, esa fuente natural, intensa, de verdadera vida, más allá de la reproducción. El gozo. Pero no volteo a mirar, y tampoco  me detengo a reflexionar en la pregunta por la sexualidad. Más allá de él, el resto me resulta indiferente. «No vale la pena pensarlo dos veces antes de actuar», hago mías sus palabras. Si se vive doblegado por la tensión latente, si se es presa de la mirada indiscreta de otro chaval en el vestidor, al terminar la práctica de ejercicios, tal vez algún día hablaremos de forma prolongada sobre esto. Aclarando el enredo… lo podremos dejar ir sin apenas darnos cuenta, o así lo imagino.