Gravedad


La abadía y su reinado me dejan la conciencia de toque;

hasta la novena jugada cuando por fin inicia el trote,

cada paso dado, construyen un estado consciente.

Alerta.

Despierta.

¡Respira!

No se detiene.

Justo en el sueño es cuando aún más ruido ejecuta,

máquina del futuro que parece de carne componerse.

 

Entrañas vivas,

células muertas.

Que áspera se siente la cabeza.

 

Bidones vacíos, personas desnudas,

una cáscara llena de inconformidades atómicas.

¡Estallido!

Soles fríos.

Espacio caliente.

Estrellas que cantan.

 

El silencio es tan profundo

que a los planetas escuchas hablar.

No quieren callar.

Susurran en zumbidos

y hacen que los cuerpos vibren.

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Abrir mi espacio


La falta de espacio se convierte en un problema
El oxígeno escasea, se hace pesado, se hace tóxico
Cada gota de buen humor se convierte en una cascada de indiferencia
Cada palabra que recibo choca con pared
Se nota… mis ojos muestran el acero y diamante que me cubre
Necesito abrir mi espacio…

Es sólo que no encuentro la estúpida llave
Sí, se supone que poseo una llave, una llave maestra
Y ahora no la encuentro, ha desaparecido
O tal vez la he perdido, eso es más probable
Como todo lo que he perdido últimamente.

La llave no es estúpida, lo sé. Yo lo soy
Por perderla, por perder siempre, por perderme.

Escucho esta canción ahora, me dice que hay un mapa
Un mapa en el rostro de esa persona, me grita
Un mapa del mundo…
Un mundo tan grande que me atemoriza descubrir.

Mientras pospongo el viaje descubro otras cosas
Como esta reciente: soy un estúpido. Bueno, admito que ya lo sabía…
Canto para disfrazar mi estupidez… mi silencio
Yo grito en silencio, me quejo en silencio, me ahogo en silencio
Por eso nadie me escucha, nadie.

Supongo que debe haber gente que me observa nadando en esta pecera
Pequeña, cerrada con seis paredes de acero y diamante
Tratan de meter la mano, pero no pueden, chocan
Pero aun así intentan hacer algo, o eso creo, pienso que algo…
Veo el cerrojo. A lo mejor, la llave que perdí está fuera…
¡Ja! No lo sé, quién sabe.

No soy un dios
Aunque, sí sé una cosa
Necesito abrir mi espacio…

Imagen por Sebastien Tabuteaud

Imagen por Sebastien Tabuteaud

Uno por uno


Pareciera inverosímil
que en un espacio de uno por uno
en una noche quieta
fría y certeramente negra
quepan más de quinientos años
de alegrías y tristezas
de sueños y melancolías
de anhelos y certezas.
Pareciera absolutamente cierto
que al acurrucarse uno mismo
es deseado protegerse
o esconderse o animarse
a recargarse y estar listo,
para al día siguiente
abandonar el espacio inmenso
que llega al enfrentarse
al espejo de la memoria
y tener la fuerza para librarse
del encierro de la debilidad
a veces atemporal
que ha sido encontrado
en una vida de uno por uno.