Eres tú


La espera se me atraganta.
Me atiborra la boca
y la noto ahí mismo
aferrada al paladar,
latiendo; hinchándose
y reduciéndose como el saco
de las ranas bajo la boca.
La espera reseca el aire
que pueda respirar,
agrietándome el paladar,
dejándolo como un vaso roto.

Pero en ocasiones, la espera
se hace aún más terrible
cuando se sumerge
bruscamente
en mi cuerpo, reptando
hacia el estómago
como una lombriz
que va incrustando a su paso
cristales como espinas.

Es la espera imaginando
tu voz al completo
como un aullido
diciendo que sí,
mezclándose con el aire
sin acoger cansancio
ni conjunciones
—aunques, peros o sin embargos—
que la prolonguen.

Es la espera dañina
a plazo fijo,
abundante,
exageradamente presente
y que jamás apaga la luz.
Es la espera
a que por fin
la hagas concluir,
con tu voz
al teléfono
que comienza
de la mejor manera:
desvergonzada.

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La espera


Roure del Giol

Me paso el día esperando, rememorando tus caricias, contando las horas, con la ansiedad por volver a sentir tu contacto. A veces no vuelves, me dejas plantado, y me pregunto si estarás jugando con la misma luna que me mira compasiva. Otras, apareces fugaz, apenas te intuyo, tan esquivo que haces que me pregunte si no te habré soñado.

Te echo de menos en las noches de verano, cuando desapareces durante jornadas abrasadoras y no vuelves conmigo ni siquiera para aliviar mis sueños.

Pero cuando creo que me has abandonado por siempre, apareces desatado, con esa pasión que me desarbola y me desnuda. Mis brazos te buscan y tú los azotas sin piedad.

Caen las hojas.

Mi viento amado, tan dulce y tan salvaje. Libre.

La espera

La espera


Triste espera

Triste espera


Recuerdo


Esta espera

huérfana,

el aquí sin retorno

que grita un nombre

tu nombre…

y en respuesta

una polilla

danza bajo la farola.

Este amor

que huye sin piel,

bebiéndose el deseo

a tientas,

por los rincones

de los sentidos

tatuados de lluvia

y luna.

Estas palabras

mutiladas,

jirones

de nuestras lenguas

en la memoria

del tiempo

roto,

como un rayo de sol en agua.

La espera

La espera


Requiem al vivo


La tristeza desespera

el aire del que espera,

y espera,

componiendo elegías

del momento en el que llegue,

y cuando llegue el momento,

habrá esperado hasta la desesperación

de abandonar la cita,

justo en el instante 

en el que llega la ansiada espera.

 

Y a ti, 

que ahora lees recordando

la tristeza de tu espera satírica

afligida por el tiempo;

no esperes,

ni te marches de la calle

o la casa esperando,

ni camines entre la gente

cual hilo de algodón blanco

tejido a gruñidos de moqueo.

 

La tristeza no debe ser el desamor,

sino diagnosticarse la patología

del amor al morir esperando.

 

Quien espera, desespera,

y entristece gramo a gramo

creyendo que vendrá;

pero, en realidad, 

no es consciente todavía

ni siquiera de quién llegará.

Enrique Urbano.