¡No te rindas!


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[Fragmento]

No te rindas, aún estás a tiempo

De alcanzar y comenzar de nuevo,

Aceptar tus sombras,

Enterrar tus miedos,

Liberar el lastre,

Retomar el vuelo…

Mario Benedetti

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Esperanza


BARCELONA 22/09/2003 TRAFICO INTENSO EN LA GRAN VIA EN EL DIA EUROPEO SIN COCHES FOTOGRAFIA DIGITAL DE FERRAN NADEU

Caminas por la ciudad,
doblas sus esquinas,
cruzas sus calles desiertas,
casi olvidadas;
también sus avenidas asfixiadas
en tu trayectoria laberíntica.
Respiras el humo de demasiados tubos de escape;
partículas diminutas en suspensión viajan hacia tus pulmones
para quedarse.
Encuentras semáforos en rojo;
esperas,
esperas
y esperas paciente
el cambio al verde…
Aparece el ámbar;
una luz parpadeante,
un aviso de peligro,
una llamada a la duda es la prudencia.
Tu pie titubea,
tan bien como tu boca;
el asfalto quema en la calzada
y, maldita sea, te rompiste las sandalias de dedo
tras sobresaltarte con el ladrido estridente
del puto claxon de un camión
inhumano.
Pensaste que esas playeras no servían para caminar,
pero no te hiciste caso y zanjaste la duda con un portazo.
Ahora tendrás que sortear descalza las piedrecitas pequeñas
que no se ven,
peor son los cristales rotos de esas botellas quebradas.
Dejas tus huellas invisibles en el asfalto;
el cemento y el alquitrán jamás se estremecieron
ante el roce de la piel.
Vives en una selva
de ladrillos y anhelos
de amor.
«Continúa, continúa», piensas sin verte,
«en la próxima esquina, seguro que encontraré un taxi».

 

Mayca Soto. El Gris de los Colores

Foto: Ferran Nadeu

A tu regreso


Se ha extraviado el tiempo
entre versos oscuros
de presagios entre sueños
y desafíos emocionales

Son eras de inacabables eclipses de sol
de espirales de mentiras hilvanadas
tan largas como la paciente espera
de un cadáver sepultado
oculto igual que un sentimiento clandestino

Vivir sin sentir

Suprimiendo cualquier sensación
como se evita volver a mirar
cuando se acepta una culpa
y se opta por amontonar las ilusiones
que aguardan en larga pausa

Los relojes que no se terminan de vaciar
idénticos a una historia retardada
indicios de una rara enfermedad

Todo un universo inanimado
sin estallar
sin expansión
desesperando tu regreso

Tormenta


Llega la noche, pero la de verdad, la que te oscurece el alma mientras ni siquiera sabes que sabor tiene la tierra que pisas. Desnudo entre sombras de dolor veo caer los naipes de mi castillo de náufrago. Resuenan voces en lo que antes fue mi conciencia que recuerdan que alguna vez fui alguien. En medio de la tormenta sin barco ni patrón soy un marino de polvo. Dicen que si atraviesas la tormenta eres otra persona, no sé si aspiro a tanto, quizá lo primero sea ver gaviotas de grandes alas blancas o tal vez sea todo más sencillo. Tal vez sea solo devolverme a mí mismo y sonreír.

Una vez tuve un amigo, se fue alejando al paso de mis mentiras de color cereza. Si tan solo fuera eso, pero no es tan fácil, se fue llorando con la amargura de la pérdida y del engaño. La cadencia del tiempo repercute en mi mente, todo es infinitamente lento. Me ahogo en cada bocanada de aire que respiro pues no soporto la densidad en que he convertido todo. Miradas, abrazos, ayudas… todo pesa como el plomo y me hunde en mi tormenta. La tormenta de arena o agua, no la distingo. Solo soy un marino de polvo.

Mis amigos artistas de Saltoalreverso vuelan muy alto…


NuevaTodos tenemos la capacidad para volar, unos más que otros, pero con creatividad podemos hasta borrar tristezas y en su lugar, dibujar esperanzas. Ayer de una manera insospechada fui mojado por una lluvia de hojas secas cuando caminaba descalzo por la calle de mi vecindario.  Aunque no salpicó mi cuerpo la garúa, el sudor de las hojas, sí me enterneció el espíritu. Nació la musa.

Fotografía Edwin Colón 2015

Cenizas con alma


Nos amarran, amordazan, golpean, escupen. Nos queman. Sepultan cuarenta y tres voces. Nuestras cenizas suben rápido a las nubes. Protestan, porque aún tenemos conciencia. Se condensan nuestras almas, nuestros gritos en el cielo. Llueve y esta vez lloverá más de cuarenta días y cuarenta noches. ¿Noé, dónde te encuentras? ¿Dios, por qué me has abandonado?

Blanca


Me llamo Blanca y morí a los 22 años. Esto no es un cuento de bellos vampiros, simplemente estoy muerta. Toda historia tiene un comienzo y un fin. Podría intentar empezar por el principio, aunque no esperéis demasiado, no voy a contar casi nada. Solo es un pequeño prólogo… Digamos que me han pedido un favor.

Fui la última hermana de una familia numerosa, a mi madre se le acabaron los nombres y al verme por primera vez tan blanca de piel, no pudo sino llamarme Blanca, vamos, parecido a Blancanieves; aunque claro, yo nunca tuve esa alma tan pura, nadie la tiene, solo la bendita Blancanieves.

Mi vida no fue fácil, mi hermano piensa que es por mi terrible sensibilidad incapaz de adaptarse a este mundo. Algo de razón tiene, pero las cosas no son tan simples; son ecuaciones de actos y derivadas de vida. Siempre hay consecuencias. No me arrepiento de estar muerta, solo me fastidia el pedacito de vida que les rapté a mi madre y hermanos. Ellos también padecen de “sensibilidad” pero cada uno a su manera ha ido tirando. La vida son opciones, ellos han elegido vivir, sufrir y a ratos… ser felices.

Alguien os va a contar que estoy viva y me escapé a Nápoles… podría ser, al fin y al cabo solo son palabras lo que leéis. Podéis creer cualquier cosa. De eso se trata, de creer. Quizá la barrera entre la realidad y el deseo sea más delicada de lo que pensamos. A la postre todo se genera en nosotros, y nosotros podemos y debemos soñar.

Me he presentado así, muy escuetamente, de cualquier forma, porque este relato no es mío, no voy a decir nada más salvo que a los 22 años era rubia de ojos azules y bonita… Es muy poca información, lo sé, pero ya os comenté que yo no escribo esta historia. Él la escribe, él os la cuenta y sabe que estaré de acuerdo con lo que diga, porque de algún modo, siempre estamos unidos.

Un beso a todos

Blanca