De fantasmas, monstruos y estrellas


©Merche García

Mi hijo


foto-de-leo-y-papaAprovechó la oportunidad para cargarme. No hubo necesidad alguna de emitir ni un gesto, ni un sonido como señal para solicitárselo. Siempre estuvo agradecido por todas las veces que lo cargué con tanto amor entre mis brazos cuando era un chiquitín. Una lástima que no se podrá repetir esta aventura. El camposanto jamás olvidará el dúo angelical que interpretamos al llorar juntos mi partida inesperada.

En el metro de París


Sigue ahí sentado con los ojos cerrados y recostado del cristal de la ventana. Lleva más de cuatro horas. ¿Meditando, durmiendo? Al parecer llevamos el mismo destino. Es de mi edad y estatura, aunque más guapo que yo cuando está dormido. La gente entra y sale del tren sin percatarse de su presencia. No se mueve ni respira. Por fin, se acerca un empleado uniformado y descubre que el pasajero está muerto. Gracias a Dios ya puedo abandonar la cabina, mi cuerpo es sacado del tren pasadas seis horas del infarto masivo.