El collar del perro (4)


3

Entonces llego la policía. Me gustan las mujeres policías, una en especial. Laura Blake. Ella tiene la costumbre de llevar medias rotas, pocas veces se pone pantalones y no usa uniforme, ni números, ni placa, no tengo idea de cómo le hace para llevar el arma en esas faldas. Los hombres policías, sobre todo los que llevan uniformes, suelen ser gordos y pocos profesionales, llegan a la escena del crimen y lo contaminan todo, sacan el celular y se ponen a tomar fotos, van de un lado a otro y casi siempre vienen mascando chicles para esconder ese aroma de alcohol barato, ellos no me caen del todo bien, pero es lo que se tiene y uno no puede ponerse a exigir que nos cambien a nuestro honorable cuerpo de policías por gente más atlética.

Laura fue directamente con la mujer atractiva que iba descalza y que minutos antes había llegado al lugar gritando. La tomó del brazo y comenzó hacerle preguntas.

—¿Quieres contarme que está pasando aquí? —dijo Laura.
La mujer atractiva se sentó en una orilla de la banqueta y dijo:
—Pensé que el muerto era mi hijo.
—De eso ya me di cuenta —dijo Laura—. ¿Cuántos años tiene tu hijo?
—Tiene 17 años, 6 meses y 21 días.
—¿Por qué pensaste que tu hijo podría ser el muerto?
—Porque ésa es mi casa —dijo la mujer, mientras la señalaba con la mano izquierda—. Y porque hace días que mi hijo no llega a ella.
—¿Tienes idea de quiénes son ellos y de dónde está tu hijo en este momento?
—No tengo idea de donde este mi hijo —dijo ella, mientras se cubría la boca con ambas manos—. Anda en malos pasos. A ellos, a los muertos, nunca los había visto.
—¿Qué hacías exactamente fuera de tu casa y casi desnuda a estas horas? —dijo Laura.
—Estoy trabajando.
—¿En qué demonios trabajas?
—En el bar que esta dos calles abajo, me desnudo y bailo, eso hago, no tengo intimidad con los clientes, se lo juro, señorita. Seguir leyendo «El collar del perro (4)»

El collar del perro (3)


2

Sin duda ésta es una historia policíaca, debería decir que es una novela y ser un poco más ambicioso y decir que es una novela negra, pero puede que me quede grande el saco.

La idea es poder escribir algo que yo quisiera leer, el titulo de la historia se la debo a Rubem Fonseca, no me da pena confesarlo, yo amo a Fonseca, es un escritor que no tiene par o eso es lo que yo creo. Me encontré su libro El collar del perro, una de esas veces que fui a la única librería que existe en esta ciudad y me robé el libro, quizá por eso me gusta tanto. Carlos, que soy yo, no tiene pelo, es calvo. Empecé a escribir esta historia mencionando a mi perro, es algo que me ocurrió cuando niño y entonces me resulta fácil hablar de ello, pero es algo que se me ocurrió una noche atrás que no lograba dormir y me daban ganas de salir al patio, fue entonces que se desencadenó esta historia. Una novela policíaca tiene sentido por dos cosas, la primera es que me gusta la idea del acertijo, eso es una novela policíaca, me gusta que aquel que me lea logre deducir antes del final de la novela quién es el asesino y lo atrape. Seguir leyendo «El collar del perro (3)»

El collar del perro (2)


1

Cuando llego el forense y procedieron al levantamiento de los cuerpos, descubrieron una pequeña herida en el espacio intercostal de la séptima y octava costilla del lado izquierdo de ambos cuerpos. Del agujero no salía sangre y en el piso tampoco había rastro de la misma, a no ser por una pequeña mancha que le daba un decorado diferente al suelo; lo que hacía suponer que los habían matado en otro lugar y los habían dejado en esa casa. De quién era la casa y por qué demonios estaban ellos desnudos en ese lugar. Tal vez se trataba de una venganza, contra quién o contra qué, esas eran las cosas que me preguntaba.

Yo soy como los perros, tengo esos cuatro estados de ánimo. Contento, triste, enfadado y concentrado. Ahora estaba concentrado. Las personas que habían llegado hasta ese lugar comenzaron hablar, cada uno tenía su versión probable de la historia de lo que había acontecido en ese lugar. La gente no me suele gustar del todo, suelen odiar la fidelidad y de paso dicen muchas mentiras, si he de preferir algún tipo de gente, prefiero a los mudos. Seguir leyendo «El collar del perro (2)»

El collar del perro (1)


1

Me llamo Carlos, sé que es un nombre común. Me sé el Quijote de memoria y te puedo contar todas las historias escritas por Edgar Allan Poe, sin parpadear. Hace siete años que descubrí lo que tenía que hacer y desde entonces no hay un solo día que no lo haga.

Sé lo que significa estar triste, que es como me sentí cuando encontré a mi perro muerto, pero eso fue tan solo la primera vez. La tristeza ha llegado muchas veces, por ejemplo cuando perdí a Sandra mi mujer, así como a Samanta y a Susana, mis hijas; a las tres las perdí el mismo día. Del dolor que causa la tristeza nadie me va contar.

También sé lo que significa estar contento. Seguir leyendo «El collar del perro (1)»

El collar del perro


Apenas han pasado unos minutos después de la medianoche. El calor está insoportable, me gustaría estar tumbado en mi hamaca, en el patio de la casa de mi infancia, con mi perro. A mi perro lo mataron, estaba tirado en el patio de la casa, tal y como hacen los perros cuando están dormidos y parece que van corriendo, pero mi perro ya no se movía. Yo cerré los ojos y estaba dispuesto a dormir, cuando sonó el teléfono. Abrí los ojos, salí de la casa y detrás de mí, cerré la puerta. Mi perro estaba tirado en el patio de la casa de mamá, tenía espuma en la boca y me dijeron que lo habían envenenado. Yo pensaba que había muerto de viejo o porque sus riñones habían dejado de funcionar, pensé que tal vez el asunto era la edad y no la maldad de las personas. Desde luego que mi teoría no tenía base alguna, así que todo era posible.

Me llamaron porque habían encontrado los cuerpos de dos personas sin vida. Estaban tirados en el suelo al igual que mi perro, desde luego que ellos no correrían para salir a la búsqueda del pan para sobrevivir en el día a día, a leguas se notaba que eran personas humildes que pasaban los días con los pocos pesos que ganaban. Seguir leyendo «El collar del perro»