Yo vi la vida pasar


Yo vi la vida pasar

y tan rápido que iba

no la pude detener.

Al principio me miró

—directamente a los ojos—

ofreciéndome mil cosas,

de hermosos y diversos colores.

Prometió una niñez rosada

en los brazos de mis padres,

llena de cuentos de hadas,

princesas y caballeros andantes.

Luego me haría volar

en el lomo de Pegaso,

tocando miles de estrellas

en el cielo y en un mar

azul turquí.

Me presentó los poemas

para hacerme suspirar:

Béquer, Darío y Neruda,

en sus letras aprendería

a llorar por el amor.

Con Allende, Grisham y King,

me ha enseñado el bien y el mal,

la esencia de la existencia misma,

el lado oscuro y profundo.

Cerré los ojos un segundo

y la vida se me fue,

entre páginas de libros

y algunas que quise escribir.

Camino sobre hojas secas

de variado colorido

en este largo —corto—andar,

que la vida me ganó

—siempre correrá más rápido—

y su paso no se detiene,

ni para esperar por mí.

https://pixabay.com/en/autumn-road-fallen-leaves-wet-2182019/

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Carta para mí, sueño sin fin


El desalojo de la expectativa se deja sentir de golpe.

Tu mirada estática en el horizonte deja de sentir completamente aquella euforia de la majestuosidad de lo que observas, la distancia y la profundidad que hay entre tú y lo que quieres ya no representa una inquietud. No hay miedo.

Sin embargo, existe un trecho que intercala.

No representa sustracción ni suma a lo que ya tienes o eres, es una bifurcación en medio de una escalera, si caes en él, volarás sin tener conocimiento de a qué parte del camino recorrido volverás. Expectativa y dificultad. Estado de desesperación silenciosa, una célula adormecida que no halla su par en el camino a la mitosis.

El último escalón y tu meta.

La pregunta usual al final del camino, respuesta que puede dirigirte al principio. Pero con mayor sabiduría. Crecer, dejar ir. Aprender del ciclo.