Incendios de mentirijilla y otras actividades lúdicas


La alarma de incendios de mi edificio está rota. Suena una o dos veces al mes.

Bajamos todos los vecinos en fila, cansados, sin ninguna prisa. Cada vez son más lo que se quedan en su casa sin inmutarse, esperando que pase el molesto pitido y la frase repetida en bucle. Please, evacuate now!!

¿Qué cogerías si se quemara tu casa? —se preguntan.  E imagino todo convirtiéndose en cenizas. No lo sé.

Los vecinos, en bata y ya en la calle, empiezan el debate. Y el colgado del segundo A aprovecha para fumarse un piti.

Por mayoría aplastante ganan los álbumes de fotos. Y volvemos a entrar en el portal y a subir las escaleras con la pesadez de la frustación y de la noche a hombros.

Yo, mientras, voy pensando que no tengo álbum de foto alguno. Y decido que a partir del día siguiente voy a pintar el mío. Me propongo dibujar a cada persona importante de mi vida, cada situación, plasmar cada ciudad pasada o presente. Y me voy a dormir con la cabeza llena de fuego y colores.

Pero sobre todo, convencida de que llegado el momento, dejaría que todo ardiese igual.

Al carajo los recuerdos. Al carajo todo.

ElviraSeville

 

 

 

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Huelga del 78


La huelga de escritores de cuentos del 78 sería crucial para las nuevas generaciones, en la formación de infantes con mejor capacidad para tomar decisiones que afectarían su desarrollo emocional.

El verdadero impacto se dio en el 79. Las niñas y niños nacidos a partir de 1975 ya no fueron víctimas de la manipulación emocional que habían padecido sus padres y hermanos mayores. Descubrieron (los escritores) que el mayor enemigo del ser humano era la manipulación, mediática y cultural, que ejercía un pequeño grupo de personas sobre toda la sociedad. Los infantes ya no querían ser princesas multicolores o príncipes azules, ¡no!, ahora querían ser como Bastian, Josephine o Sandokan.

En las noches del mes de octubre del 78 las plazas eran puntos de reunión para los manifestantes. Se agrupaban a cantar y a bailar, algunos leían poesía o pequeñas novelas que avivaban a la muchedumbre, daba la impresión que con cada párrafo o estrofa que se leía, las ideas cobraban vida y danzaban al ritmo de las prosas.

Las bibliotecas, librerías y un gran porcentaje de la población apoyaron de igual forma la huelga. Era común ver en las ciudades fogatas inquisitivas en donde quemaban cuentos y libros infantiles. Las personas se habían organizado, la calle era de ellos y el destino de la sociedad también.

Todo indicaba que el futuro utópico sería real. Pero no fue así.

Con el tiempo la huelga perdió fuerza. La gente, aburrida de tanta monotonía, fue embaucada por nuevos líderes que predicaban el culto a «la letra de fuego», donde les inculcaban una doctrina basada en danzas y lecturas cortas. Ni que decir que para 1980, la vida volvió a lo que era antes de la huelga.

La intención fue buena. Todos pedían un cambio y se les dio.

 

Iglú de fuego

Iglú de fuego


Cenizas


Tocó el frío del marfil
en la llanura.
Un gris inesperado
pintó sus labios.
Donde hubo fuego
nada queda.

Aquí
yace.
Allá
murió la hoguera.

El silencio es una boca de piraña.

Ama’de Darïku


¡Corre! Huye a prisa del fuego danzante, la multitud moribunda conspira por tu muerte condenada sobre la llama ¿Contra qué símbolo de la verdad mundana arremetiste ahora? Debes aprender que con el pueblo conservador has de comportarte con cuidado, hasta el más sencillo argumento o acción puede despertar en ellos una revolución defensiva con extremismos y fervor agresivo.

Las montañas oscuras donde los peligros abundan, hacia allá te diriges en búsqueda de resguardo; un lugar seguro en medio del misterio… los árboles turbios danzan entre sí, susurran secretos que a tu oído ponen tenso y a tu cuerpo lo hacen sentir denso. Pero no te dejas ceder al miedo, aguantas el frío y miras con lujuria el tesoro que has hurtado.

El pueblo te busca, te has robado su más sagrado artefacto. Los materiales con que está hecha tal reliquia son de origen divino, recursos no renovables que solo se ven una vez cada milenio; forjados por algún súbdito de la realeza desconocida, de la más alta sangre y con aros de luminiscencia sobre sus cabezas. Cabeza, lo que la gente reclama de tu errante humanidad, la audiencia quiere justicia, sangre y pedazos de carne para a sus propios demonios calmar.

¿A dónde te has llevado las Sauditas del altar?

Dicen en el pueblo de Badusa que el dios DerPa’h descendió desde lo alto de la montaña hace 200 lunas atrás, traía consigo el fuego original, aquel que nace justo en las profundidades rocosas del mar; en una mano lo sostenía sin sutileza como si el mismo brotara de su interior; en la otra mano cargaba el agua fosilizada del espacio, la energía más pura que cualquier mortal haya visto antes en su vida mortal y espiritual.

Ambos recursos de alta potencia era tan poderosos como delicados, así que, como siguiendo un plan trazado por alguna entidad superior, DerPa’h los depositó juntos en el gran florero Agros, ese monumento natural tallado en piedra y recubierto con plata, que honraba a los vivos que habían pasado al mundo intermedio. El dios mezcló los ingredientes con la tierra, y decretó que la energía brotaría de una nueva fuente de vida.

Así fue, durante muchos ciclos terrestres. Y así continuará siendo. Todo está en tus manos, Ama’de Darïku. El pueblo habla desde su furia pero no entiende tu propósito y todo lo que arriesgas.

Te conocerán como el ladrón de flores, pero en realidad eres el portador del fuego vital. La real energía que, junto al néctar del agua fosilizada, lograrán crear un nuevo mundo, alejado de la química destructiva a la que se dirige el humano rebelde, que no tiene causa y por eso se rebela, atentando contra sí mismo, sin fin aparente.

Que arda la tierra antigua, y un nuevo mundo pueda surgir…

Ama’de Darïku.

 

Pólvora y brasas


diables

Autor: Merche García

Intenso olor a pólvora
y brasas sobre el pavimento
tras el paso del correfoc,
esos diablillos y sus tambores
atronadores.

Merche |  La ilusión de todos los días

 

Mediterráneo (ocaso)


En medio de la tierra
aguardas
en el vaivén intranquilo,
desasosegado,
en el pequeño arrebato
controlado.

Y yo me acerco
muy despacio.

Espero
como de los otros
el reproche velado,
la posesión,
el reclamo.

Pero llega el ocaso
y te encuentro callado,
somnoliento, disperso,
manso.

Incontables seres
te han mirado sin verte,
te han traspasado,
invadido, tomado,
sin conocerte.

Han atravesado
sin atender
tus misterios transparentes.

En tu interior hay voces
de niños, hombres,
viajantes.

¿Será que se me permita
ser tu navegante?

¿Será que alguien debe
rozar siquiera
tu piel de colores tenues,
tus brillos tornasoleados,
tu belleza silente?

¿Ser el cielo reflejado
sobre ti mientras duermes?

¿Debe alguien recibir
en sus pies
el beso cálido?

¿Tomar de tu orilla
la piedra
como un regalo?

—Azotada e inacabada,
pulida a medias,
incrustada de brillantes,
caótica y bella—

Pongo sobre ella mi mano
acariciando.
Siento sus latidos.
Aguardo.

Fotografías: Crissanta

Fotografías: Crissanta

También: Mediterráneo (mediodía), publicado en La realidad alterna.