Futbol

Fotografía por Mayca Soto.

 

Cada vez que marcaban un gol, Javier vociferaba en el balcón con la bandera blaugrana:

—Visca el Barça!

En el balcón contiguo, Lucas hacía lo propio con la blanca:

—Hala Madrid!

Cuando se anunció el empate, salieron de nuevo, cantando su himno sin mirarse, a todo pulmón, en un revuelto vocal ininteligible.

Por debajo de sus narices, el hijo de Javier miraba fijamente la figura de Playmobil que Lucas, el hijo de Luis, sujetaba entre sus manos.

—M’ho deixes? —le pidió en catalán.

Y Lucas respondió con un “Sí” en español, palabra común en las dos lenguas.

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Meditaciones mundialistas


El mundial nos hace olvidar.
Que bien que se mueve Cristiano, que cagado que está Messi, ¿que era lo del F.M.I?
Nos desconcentra.
Como hizo para clasificar Polonia, que asco que es Sampaoli, que lindo ese islandés, ¿guerra con quién? ¿en donde?
Nos enoja.
Pero corré fracasado, ¡corré! México de mierda, me cagó la penca, que traigan el muro.
Sin embargo, también nos une. Nos hace sonreír con el gol de Panamá en un grosero 6 a 1. Hinchar por países por el simple hecho de ser latinoamericanos, tener tema de conversación con el tachero, juntarte con tus amigos y tirar estadísticas haciéndote el que sabés.
Incluso me hace escribir esto, mirando un Japón-Senegal, aburrido hasta los huevos mientras un japonecito intenta una moña y se tropieza.