Nietzsche (III). El eterno retorno (o Hablar con una pared)


Anda mi blog patas arriba y vengo con retraso a compartir mi aportación al 4 número de la revista Salto al reverso. Se trata de la tercera de las cuatro Visiones en Valladolid (aunque sólo publiqué la primera, una locura). Y añadir mi felicitación a toda la familia del reverso por la revista y la nueva imagen del blog. Un abrazo a todos (pronto volveré a tener más tiempo, disculpen las ausencias).

DOCTOR CASTILLO. -No pasa nada, Gabriel. Sólo ha sido una pesadilla.
GABRIEL. -¿Y cómo puedo estar seguro? ¿Dónde termina la pesadilla y empieza la realidad aquí dentro? ¿Por qué estoy atado a la cama?
DOCTOR CASTILLO. -¿Quieres pasar el resto de tu vida aquí encerrado, Gabriel? Los dos sabemos que aún puedes distinguir entre la realidad y lo que únicamente pasa en tu cabeza. Vamos, Gabriel. Estoy tratando de ayudarte a encontrar el camino.
GABRIEL. -Entonces deje que me marche. Algo aquí me está volviendo loco, cuando me acosté anoche yo estaba en Valladolid, en aquel piso siniestro.
DOCTOR CASTILLO. -¿No sabes dónde estás?
GABRIEL. -En este cuarto de mierda. Estoy atado en este cuarto de mierda.
DOCTOR CASTILLO. -Estás en el sanatorio, Gabriel. ¿Cuánto tiempo llevas internado en el sanatorio? ¿Podrías contestarme?
GABRIEL. -El mundo entero es un inmenso manicomio, no podría. Además no alcanzo a deducir si lo hacéis todo a propósito o si no podéis evitarlo. Alguien debería medicaros a vosotros. Aunque sí que estáis medicados después de todo, os lo dan en las farmacias, claro (carcajadas), y a mí me lo da usted (más carcajadas). Me sentía más agradecido cuando me lo pasaba aquel tipo con cabeza de bate.
DOCTOR CASTILLO. -¡Enfermera! Rápido, ¡otra dosis completa! Sigue leyendo

Abre la puerta, por favor ( I ).


Este es el primero de cuatro relatos que titulé “Visiones en Valladolid”, cada uno independiente del resto. La primera entrega la escribí en la capital castellana a mediados del año 2001, es toda vuestra si tenéis un rato y os animáis a llegar hasta el final. Un saludo a todo el reverso desde el más oscuro frenopático.

Las agujas marcan ahora las 3:07 de la madrugada. Otra vez una luz de la luna sobre un pedazo de papel y el murmullo del bolígrafo, sólo mi sombra y una araña en la pared. Antes compartía piso con el maldito conejo blanco y resucitaba al tercer café en las mazmorras de un inmenso reloj de doce plantas (en el sótano). La salida siempre rezaba: sólo personal autorizado. De algún modo burlé al guardia, Sigue leyendo

Anotación sin título


Desde la alambrada