Fotografía


Logré capturar el tiempo en un instante:

robé una imagen fija de la realidad

solo para obtener una descripción exacta

de aquello que separa la fantasía de la verdad.

Es la explicación de la belleza concreta,

refinada y despojada de todo lo banal.

Sobriedad visual que juguetea con la sensualidad

como lo haría la luz con la oscuridad.

¿Cómo describir la fuerza que emana desde una dimensión?

Líneas que hipnotizan y transportan a un lugar mejor:

a un laberinto delineado por un elegante color.

De repente, aparece una galaxia con dos soles que emiten luz sin piedad

y ejercen una irresistible atracción de la que no se puede escapar.

Aventurarse a explorar ese universo a pie

orbitando definidas trayectorias curvilíneas

que detonan una deliciosa explosión cósmica.

Pulverizado y confundido con el perfume estelar,

abre los ojos este insolente cosmonauta;

es hora de poner los pies en la tierra

después de viajar a través de las estrellas,

e inventando nuevas teorías de astronomía

en un ciclo eterno seguiré mirando

tu fotografía.

Charlie Chaplin era una galaxia y su bigote un agujero negro


Como nubes iridiscentes


Una galaxia
de cristales de hielo
componen tus iris.
Giran
por ondas de atracción
sonoras
alrededor de tus pupilas
—fosos atrincherados
de defensa.
Caigo al agua.
Bebo de tu fuente de virtud.
Nadie regala la salvación.
Somos eventuales
como nubes iridiscentes,
como las vueltas
—transeúntes y flotantes—
alrededor de tus ojos,
como nuestro cruce de miradas.
Tan efímeros
que debo recordarlo
—y repetirme—
tras el primer filtro
de árboles y ramas a mi paso.