Eres tú


La espera se me atraganta.
Me atiborra la boca
y la noto ahí mismo
aferrada al paladar,
latiendo; hinchándose
y reduciéndose como el saco
de las ranas bajo la boca.
La espera reseca el aire
que pueda respirar,
agrietándome el paladar,
dejándolo como un vaso roto.

Pero en ocasiones, la espera
se hace aún más terrible
cuando se sumerge
bruscamente
en mi cuerpo, reptando
hacia el estómago
como una lombriz
que va incrustando a su paso
cristales como espinas.

Es la espera imaginando
tu voz al completo
como un aullido
diciendo que sí,
mezclándose con el aire
sin acoger cansancio
ni conjunciones
—aunques, peros o sin embargos—
que la prolonguen.

Es la espera dañina
a plazo fijo,
abundante,
exageradamente presente
y que jamás apaga la luz.
Es la espera
a que por fin
la hagas concluir,
con tu voz
al teléfono
que comienza
de la mejor manera:
desvergonzada.

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Las flores engalanan los cementerios


Deja de estrujar
con todo tu aplomo
mi garganta,
de prensarla
y extraerle
todo su jugo
hasta arrancar la última palabra.
Deja de estudiarme con tus ojos
que sostienes en alto
como guillotinas,
mientras restriegas con saliva
las paredes de la habitación.

Déjalo porque no soporto más este calor
que no logro arrancarme de los brazos,
ni de las manos,
ni tampoco deshacerme
de toda esta ropa
cubierta de pelo y de sal.

Detente para que la rabia fluya
y complete por fin
su camino,
como un río
que nos encharque los pies
y se nos mueran de frío.

Deja ya
de una vez
de decirme
adiós.

Blog Amenaza de derrumbe

Mal de amores


Se quitó los pantis. Dolores se quedó desnuda ante la mirada atónita del arrabal.

— ¿Mira, qué mosca te ha picado, o mejor decir, en dónde, que te has bajado las pantaletas mujer? —le grita malhumorada la vecina.
—Creo que está enloquecida porque su marido prefirió un macho que a ella —vociferaba el cuñado mientras se la vivía desde los pies hasta el cuello.
—Será estúpida, hombres hay de sobra para sustituirle —replicó su mejor amiga.

La mujer solo se le movía el cabello por el viento leve que la acariciaba. Todos los hombres se acercaron para disfrutársela mejor. Ella les sonrió. Sacó una navaja. Ellos se alejaron despavoridos.

Dolores sin titubear, se cortó la garganta.