Nunca te enfrentes a un herrero


En el campo de la mente
nunca te enfrentes a un herrero.
Se defiende de vez en cuando.
Su cerebro es como su martillo, no, no, no.
¡No caigas en su trampa!
Si lo haces, olvídate de tu estima.
Estarás mejor si no le esgrimas.

No tiene el entrenamiento de un guerrero,
suena fácil, pero no es pendejo;
porque tampoco tiene su honor.
Por cada vez que lo hagas sangrar
su ira aumentará,
Y forjará lanzas con su propia sangre.
Y de cierto te arrepentirás.

Si alguna vez te has quedado sin aliento
y tan solo que tus ojos se humedecen.
Déjame decirte algo.
Mmm… quizás ni así lo entiendas, no, no, no.
¡No caigas en su trampa!
Sus lanzas de hierro y sangre no solo te herirán,
también tu corazón han de contaminar.

¿Por qué no eligió el camino del guerrero?
¿Por qué no se volvió mago o alquimista?
¿Por qué no es un bardo que conquista minas?
Cuando tu corazón esté contaminado
y ya tengas hierro en lugar de huesos,
cuando comprendas la magia negra de su acero.
De cierto te arrepentirás.