Paseo desde tu puerto a mi galaxia


Noche ancha, cabeza tibia. A un lado de la almohada se encuentra el puerto. Destruido ayer por las olas. Caminar, caminar hasta el lado opuesto, atravesando una galaxia gigantesca. Hormigas pateando de hombro a hombro mi cuerpo. Llego a la terminal A del puerto, soy barco atracando en el puerto.

El reloj no marca la hora de mi pulso. Abro los ojos y lo miro, de nuevo, equivocando el ritmo.

Un paisaje reconstruido a charcos y reflejos de árboles truncados. Papeles y plásticos escapan de las papeleras y saltan desplazándose en sucesivos brincos. Mis pestañas se balancean y juego a alcanzar la calle. Sí. Elevo los brazos para tocar la libertad. Sí. Soy papel y plástico. Sí. Consigo adelantar el reloj y ralentizar el ritmo, igualándonos. Sí. La cama omite las conversaciones del día y cuida de que la galaxia que me habita no se destruya. Sí. La fui tejiendo y fui también araña. Sola. Siempre sola. Lenta, muy lentamente*. Busqué un hueco, el oxígeno que no destruyese mis pulmones, la cuesta interminable, el puerto al que llegar y la galaxia que me habita. Sí. A la que doy vida y estrellas mientras respiro.

*«PUERTO ADELANTE», Alejandra Pizarnik.
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Cristalizado


La inspiración,

brinca de pronto a mis alacenas,

emprende la búsqueda emocionante,

a paso feroz y con hambre en la visión.

 

La adrenalina,

viaja por las venas en mi rostro,

juega al sube y baja por todo mi torso,

invade las censuras de mi ira,

me hace danzar en un vórtice,

de vida y poesía,

movimiento.

 

La consciencia,

suaviza el proceso y desacelera,

encoge los hombros y al norte difumina,

coloca el peso de la realidad en tus zapatos,

te escribe el relato de un hecho y no las fábulas de lo cotidiano,

te pesa.

Y en su valor cualitativo te brinda equilibrio,

aquél que solo obtienes en la cumbre de la madrugada.

 

 

 

¡Inspiración!

¡Inspiración!


Inspiración

Inspiración


Ardid


Tu escudo impenetrable me lastima. Tiemblo al pensar que me abandonas. Canjeo pesadillas por insomnios al mejor postor. Y tu curiosa inteligencia sigue pariendo cucos impasibles que me rasgan la conciencia. ¿Por qué sigo contigo? Tu indiferencia me drena la energía. Secas el pozo de la dicha asesinando con ingenio, a mansalva, mi inspiración.

El santuario de la brevedad


santuarioSácale chispas
a un témpano de hielo,
haz escarcha de mi fiebre existencial,
sé bandera, cuna, eyaculación, conciencia, símbolos,
inspiración, erotismo, escapulario,
quimera, sueños, manto,
raza, duda, rezo
dimensión,
hemisferios, música,
arte, magia, creencias, verbo,
todopoderoso del nano silencio, espasmos inéditos, orgasmo de letras,
déjame lactar tus adentros con la secreción pura de los suspiros de la micro
literatura inmaculada, ser madre de las palabras, padre de un verso inexplorado,
primogénito de narraciones reencarnadas en rosarios, hábitos, cruces, vírgenes, calvarios, laberintos y leyendas en la  excitada soledad,
ser el dios de crucigramas y rompecabezas crucificados,
hincados todos en penitencia ante el santuario de la brevedad,
con un eterno
voto de castidad.

rosanaLa foto es original de mi esposa, Rosana Medina Peraza, y ha autorizado su uso en esta entrada. 

Agua y palabra


He pedido a los autores que enviaron obras con el tema ‘El proceso de creación’ de la revista #2, que compartan sus obras en el blog, para que podamos comentarlas y darles más difusión. Siguiendo esto, les dejo un poema sobre mi propio proceso de creación, dedicado a ustedes, compañeros, que me han dado tanto, tanto, tanto. ¡Gracias!

Antes era una lanza,
arrojada contra mí,
y me atravesaba.

Es decir, el dolor
es decir, sorpresa llana.
Y de allí nacía ella,
mi palabra.

Una explosión interna,
agua turbia rebasada
en el pozo de mi alma.

Y el agua siempre escapaba.

Tinta, pluma y libretas,
todas nosotras empapadas.

Aún ahora es el agua
la materia de mi palabra.

Pero algo ha cambiado.

Ahora estoy
en un prado bajo el sol,
seca, cálida, calmada.

Sé que si viene la lanza
podré escucharla
aun con los ojos cerrados,
bajo la luz anaranjada.

Pero ella no viene,
ni viene el agua rebasada.

Nadie viene y sólo escucho
el viento que recorre el pasto.

Entonces, el sonido amado
de un río inunda el claro.

Y yo guardo silencio,
y me embeleso
y me abstraigo.

El agua fluye hacia mí,
clara,
buscando mi cuerpo.

Viene y me cubre toda,
me llena por dentro,
pero no desborda.

Sólo empuja lento
mi lengua
desde la garganta.

Sólo impulsa despacio
mi mano hacia la hoja blanca.
Y mis dedos flotan.

Sólo acerca
mi ser hacia la palabra,
mi alma hacia otras almas.

Abro los ojos y miro el prado,
y veo la lanza clavada
sobre el pasto.

Y además, en lo cercano,
veo que alguien pinta y que alguien canta,
que alguien sueña y que relata,
que alguien escribe y se arrebata.

Y alrededor de mí, todos crean
y el río inunda nuestro prado.
Y el río inunda nuestras almas.

(Y les dejo el link hacia mi primer post en Salto: https://saltoalreverso.com/2012/03/19/inicio/ —Los quiero a todos, muchachos).