La otra tarde


Asoleo mis pasos indecisos,
el vacío devora la palabra,
y se deshace el minuto
en el desgranar perfecto de los segundos.

La calle abre sus compuertas,
en la pleamar de un cuento inconcluso,
con el sol enredado en el cabello,
me abrazo a la higuera.

La jacaranda se mece en la risa de la tarde,
extiende sus múltiples labios
azul-morado
y el día se vuelve una metáfora espléndida.

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