Fronteras

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Entre sombras de gigantes

Entre sombras de gigantes


Porque nací


vertigo

Porque nací con instinto suicida

tengo una constante voracidad de infinito

que me acerca a las estrellas

y a las vías del tren. Quizá, si fuera aviador,

no tendría que asomarme a las ventanas

en un intento infantil de arrimarme al horizonte.

No tendría que mirar al cielo

como ave con ala rota,

ni perseguir la sombra de los pájaros.

Abismado, solo intento sobrevivir

a este mundo interior que me aleja,

con eterno anhelo al mar

y una inolvidable melancolía por las montañas.

 

Allí, donde nacen…

Allí, madre, necesito ir.

 

(atardecer, lavanda, colibrí)

 

– Siento perder la vida que me diste

buscando.

 

El paso del tiempo…


mi cabeza


Bangkok aeropuerto

mi cabeza

es una pecera

donde los peces giran y giran

y giran locos.

alguien los echó de comer

alguien extraño

alguien

que siempre estuvo ahí —agazapado—.

 

(El otro día vi un gazapo / lo vi un instante que pasaba con el coche/ antes de salirme de la carretera/ y comprendí inmóvil/ el porqué alerta y frágil de esta palabra: como la vida./ Es un algodón que huye/ entre pequeñas nubes de polvo).

 

mi cabeza

tiene forma de casco de astronauta

que mira las estrellas

(Porque esa luz/ o cualquier luz/ puede ser una estrella que ya no existe por ejemplo).

que tiembla —como yo— y gira

y giran y giras alrededor

de la farola la polilla —apagada—.

las farolas, me refiero.

y el sol sale a ratos y  esa luz

blanca como al nacer

nos ciega y la música en silencio y nosotros

obscenamente tristes seguimos

sin encontrar respuestas en la cocaína

y ya toca mirarnos

nuestras caras leprosas saliendo de la discoteca.