Víctima


Sal de allí, le dijeron.
Y ella dijo no.
Alza los ojos, pidieron.
Y ella los clavó en el suelo
más fuerte, más,
como una estaca de acero,
como si con ello
pudiera evitar
la entrada de ellos
los lobos,
la invasión de su cueva,
el final.

¡Atrás!,
pensó que dijo
con todas su fuerzas,
con suma autoridad,
en medio de un grito
sonoro y severo,
fugaz.

Pero no.
Para entonces
ya no tenía garganta
con que gritar
y un hilo carmesí
corría entre los colmillos
del feroz lobezno
que la alcanzó primero.

Foto de Edgar Salazar, publicada en DimedioEstudio

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