Opuestos irreconciliables


Dibujas la vera con la punta de tu pluma
y cuestiono si la frontera es real o hasta dónde
llega. Rechazaré todos los opuestos, incluidos a
los que me incluyen. No te buscaré para encontrarte.
No te encontraré aferrándome a ti, vida; aterrorizada
de muerte por perderte. Obsesionada a perderte, mal
de muerte. Manipulo los opuestos y controlo la frontera que
es una vera que esquiva y elude la atracción de norte y sur; de
todos los opuestos irreconciliables que viven en la luna y duermen
plácidamente en el sol. En los opuestos irreconciliables, nuestra ficción.

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Recuerdos imaginarios


Recuerdo imaginarnos tras varios años de incertidumbre y ocultismo; recuerdo preguntarme, ¿y si nos volviésemos a ver?

Desafortunadamente, esto hizo que mi cabeza no parase de preguntármelo, era como si necesitase que le contase un cuento para luego irse a dormir. Así pues, tras largos días de insomnio decidí contárselo —contármelo—.

Nuestro encuentro sería en una calle cualquiera, pues visitamos cada esquina de esta, nuestra ciudad. Todo se volvería más vivo, como si el inconsciente del corazón comenzase a latir por voluntad propia y sin atender a la consciencia.  Sin hablar, nos observaríamos durante unos minutos, recordando, anhelando, y detestando aquellos tiempos;  luego te preguntaría qué tal te va todo, mientras nos sonreímos; yo a ti, ocultando mi tristeza, y tú a mí, con total transparencia. Te abrazaría, sintiendo tu calor, olvidado ya, no intencionadamente, pero olvidado. Viendo el tiempo pasar, continuaría hablando contigo sobre nimiedades, huyendo de la despedida, aunque a la vez la desease. Sabría desde el principio que me quedaría toda la tarde hablando contigo, invitándote así a tomar un café. Puede que en la realidad no aceptases, pero me prometí un cuento feliz.

Iríamos a un bar diferente, inhóspito, para empezar desde cero. Te hablaría de mi familia, aquella que llegaste a conocer y a la que contagiaste esa cálida simpatía tan tuya. Te hablaría sobre mis sueños de recorrer el mundo y de cómo tenía ya planeado comenzarlo en verano; vería cómo tu cara comenzaría a irradiar aquella simpatía tan dulce y viva. Comenzaría así un soliloquio contigo de invitada en el que, inconscientemente, realizaría la tentativa de recuperarte.

Acabaríamos en la barra del bar, riéndonos de nuestros tiempos, de todas las discusiones convertidas en tonterías, de todos los buenos momentos, de cómo nos conocimos, de ti. Después, soltaría la pregunta: ¿te imaginas si todo hubiese salido bien y siguiésemos juntos? Sé que te reirías y que no responderías nada, mas en tu interior, al igual que yo, no pararías de preguntártelo.

Una vez algo achispados, te hablaría de mis sentimientos y te invitaría a que vinieses conmigo a viajar por el mundo, algo que teníamos pendiente de la otra vida, de nuestra añeja relación y sus promesas. Aceptarías, y te besaría, sé que no sería lo correcto pero no siempre lo correcto es mi correcto. Te invitaría a mi nuevo piso, alejado de ti y nuestros recuerdos, impersonal, indiferente. Haríamos el amor toda la noche, alocados como adolescentes, ilustrados como adultos.

Nos despertaríamos al día siguiente vivos, felices, como si nada hubiera cambiado y siempre hubiésemos estado juntos. Acariciaría tu sonrisa, tu pelo, tu todo. Te haría el desayuno y comenzaríamos a hablar de nuevo, pero desde el romanticismo y sus caminos.

Empezaríamos de nuevo, borraría aquel punto y final, para vivir en nuestro ayer eterno.

(Lo siento…).

Adornos y restos


Dejaste las mejores sonrisas
colgando de las paredes,
en mi habitación.
Guardaste las miradas supremas
cuando bajabas por mis pirineos
—espina dorsal.
Se gastó la chispa
al girar contra mí,
demasiadas veces,
demasiada fricción.
Apretamos pulsadores,
abriendo todas las válvulas,
disipando la chispa adecuada.
La llama se mantuvo encendida
el tiempo que aguantaron nuestros dedos
—pulsadores y válvulas.
Adornos en la pared,
en mi espina dorsal
y restos en el depósito.

Gotea mi corazón


Ni las palabras
hacen serpentear mi lengua
como tú.
Mi corazón gotea,
cada segundo,
contigo.
Plic. Plic. Plic.
Mis pulmones soplan
aire del que le falta
a los pájaros de mi cabeza
y a las mariposas
que eché con alas en polvorosa
en alguno de mis suspiros.
Acerco mis manos
a un curso de agua fresca
y me vomita encima.
Mi glossa repta,
a través de un laberinto carnoso,
profundo y húmedo.
Gotea mi corazón.
Plic. Plic. Plic.
Hasta desaguar.

Gotas


Y allí me hallaba, mirándola fijamente, con deseo y anhelo; acariciando con mis ojos esa silueta perfecta, tan sutil, tan suya.

Y allí se hallaba ella, mirándome fijamente, mientras sonreía; notando como esa transparencia convertía cualquier infierno en cielo, nuestro cielo.

Yo reflejándome en ella y ella en mí.
Haciendo el mundo minúsculo, pues ella era mi mundo, y yo el suyo.

Yo tan yo y ella tan elegante, sin perder ni un hálito de compostura a expensas de la muerte. Pues ella no entiende de reglas, y menos del réquiem y de sus siguientes pasos.

Yo tan efímero y ella tan eterna.
Sé que nuestro amor durará poco, allende la vida, allende este texto.

Camina conmigo, de nuevo


Cuando te miro

y veo la poesía de tu cuerpo

perfeccionándose con el paso del tiempo,

recuerdo viejos días

en los que éramos jóvenes

y estábamos locos

y no nos importaba nada

Nuestros días pasaban mirando el cielo

encontrando formas ancestrales en las nubes

observando el mar

experimentando con la realidad

como si fuera un plástico flexible

que podíamos moldear a nuestro antojo

Ahora, cuando veo tus ojos

el tiempo no borró el salvajismo en ellos

el mirar-através-del-futuro

que es nuestro presente

las olas golpeando dentro

y mientras las lágrimas se asoman a mis ojos

tan solo dame tu mano

y camina conmigo

hasta la costa de nuevo