Obelisco


Desde las olas del mar hasta el borde del precipicio en la punta de la montaña, así pesa el escalofrío de una presencia no identificada precipitándose con una velocidad incalculable al portal del hogar que te pertenece.

La falta de seguridad resplandece con ánimos de socorro, las llamaradas de bengala no atraen ni a los carroñeros más curiosos y el temor se apropia deliberadamente del momento.

Sollozos con marca de desesperación empiezan a brotar de tu íntegro y valiente ser, dejan el orgullo atrás y descienden hasta un nivel de inocencia que no te deja pensar, solucionar. —¿Qué prefieres hacer ahora?, te pregunta silenciosamente tu consciencia. La criatura que te espera detrás de la puerta que te «protege» no es más que otra tarea que tú puedes vencer, parece imposible… Lo sé. Pero ¿acaso no has logrado combatir con 10 males comunes al mismo tiempo, que superan esta calamidad desconocida? —Yo, sencillamente no puedo. ¿Qué es eso que está gritando afuera? No tengo ni idea, no poseo espada ni luz de escudo para defenderme, solo deseo huir, ¿o acaso no lo entiendes?

—Las soluciones no son despachadas, la adrenalina sube al borde de tu armadura de carne pero no la aprovechas, se disuelve como la estrella que pestañea frente a ti antes de morir. Si decides quedarte al borde del precipicio o luchar entre las olas del océano en plena tormenta, solo te pido que no desfallezcas. Tú puedes sobrevivir un poco más, está en tu fuerza.

El fin de la lucha


Lentamente cae la noche y empiezan a reinar las tinieblas. Atraviesas fugaces prados y compartes el campo de batalla con las sombras de tu enemigo sin que él sospeche nada, porque sabe que nunca te tiembla el pulso a la hora de tomar decisiones y firmar sentencias. Comienza la lucha. Peleas con valentía hasta la extenuación, utilizando tu espada de madera y tu armadura de cristal. Eres consciente de que son superiores en número y están mejor entrenados que tú, pero no cuentan con la energía que le queda a quien se sabe vencido, no saben que resistir es solo el preludio de lo inevitable y luchar es acercarse sin motivo al límite del destino. Por eso vivir, como dijo el poeta, no es más que morir poco a poco. Así, tal cual, de la misma forma que morimos todos.

Ser consciente


* Ser consciente tiene un precio*

Pululas, trashumante, por las ruinas
de un mundo agonizando entre estertores;
censuras, sin piedad, necios temores
y exhortas esas ansias más genuinas.
Avanzas entre ciénagas oscuras
perdido en una noche sin costuras,
ajena a claridades trascendentes
acervo de las almas soñadoras
que tejen, incansables, mil auroras
escarnio de esos pobres inconscientes.

Sonríele a la vida aunque te duela
e hinque el mal sus garras en tu carne
con furia primitiva y te desguarne
el alma de los dones que revela.
Si encintas van las nubes de dolor
del llanto de tu estrella sin fulgor,
la umbría soledad de tu destierro
no debe estremecer tu confïanza
ni urgirte a abandonar toda templanza
vagando tan doliente como un perro.

Rosa (29/10/2013)

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Desguarnir:

1. tr. Mar. Zafar del cabrestante las vueltas del virador, la cadena de un ancla, etc., o despasar la beta de un aparejo que laborea por motón, cuadernal o guindaste.
2. tr. ant. Despojar de los adornos y preseas.

Preseas:

Joyas, alhajas, aderezos…