El camino invisible


 

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Foto por @joebeck

 

Los años, trazos abiertos en el límite del cielo,

flores dormidas que desprenden aromas

y se encierran en frascos de efímera ilusión.

El amanecer, sueño que se extiende eternamente

hasta donde los ojos se cansan de ver,

boceto de un rostro pálido, sin sonrisa ni voz.

La luz, falsa esperanza que me ciega,

que no me reconoce y congela mis recuerdos

pintados al carbón, entre sombras y grises.

La lluvia, reflejo roto sobre los besos húmedos,

frágil deseo que nubla el lejano horizonte

y se desvanece en la huella de la vida que no vuelve.

El otoño, espiral que agitas mi alma a voluntad,

soplando las líneas torpes que se escriben

en el mapa de este camino invisible.

Nur C. Mallart

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Cadenas y suspiro


Amanece y el rostro incoloro

se cubre de dudas por este nuevo día;

desteñida la tez

y la piel destruida,

buscan abrigo en la oscuridad hambrienta.

 

La vida que acontece en castigo

sin piedad le mantiene en una ruina,

la luz solar no le alcanza

apenas la carne acaricia,

y la mantiene en supervivencia errante.

 

Cómo se prolonga el sufrimiento

la voz derrapa en los ecos del sonido,

el cansancio ya no tiene algún concepto;

el mismo hombre sabe que no hay remedio.

 

Panacea universal

auxilia una vida para que pueda brillar;

el futuro perverso se apodera

de un cuerpo humano que no ríe;

no siente,

no goza,

no llora.

 

En l’interieur yace la lúgubre verdad de un vacío,

un clavado embocado no es el ideal destino.

 

Noche de luz


El tiempo se detiene
el mundo se para
al romper en la noche
el primer llanto
de una nueva luz
que llega al mundo.

Merche | La ilusión de todos los días

 

Paisaje yermo


Imagen: Cortesía de Pixabay.com con licencia Creative Commoms para uso comercial.

Imagen: Cortesía de Pixabay.com con licencia Creative Commoms para uso comercial.

Araño la nostalgia del árbol deshojado

que impávido ha mecido mis horas,

y titila adormecida aquella luz

de un bosque color sepia encadenado.

En los besos que saltaron al abismo

se desdibujan los pájaros del horizonte.

Grita tu requiebro en el silencio de mi tumba

y crece la sombra enmohecida de tu nombre.

Existes en la nada de estos labios baldíos

y en la gélida aurora que se evoca, y muere.

¿Por qué guardar estos secretos vacíos?

Cenizas de este sol que no amanece.

La lluvia de mis ojos desvanece el tiempo,

pisado entre las flores que sembramos.

Y lloran sin tregua ni color las nubes,

caricias de terciopelo entre mis manos.

Nuria C. Mallart

Inspirando letras y vidas

 

La farola

La farola


Sombra

Sombra


¿Y esa luz? Es tu sombra. Dulce María Loynaz

Abriendo los ojos…

Abriendo los ojos…