Sobre otro sobre otro


Un café sobre un café sobre un café

sobre otro sobre otro sobre otro

y un cigarro se consume despacito

y me quema los dedos y los labios y los ojos.

.

Cierra la ventana que entra el viento,

ruge una voz en vendavales de silencio.

Cierra la ventana que entra nada,

me respondo susurrando al son del tiempo.

.

Minuto parado, instante eterno:

el que uso para cerrar la ventana

y coserme las palabras desde dentro

con hilo de tinta y vocecita de aguacero.

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Día siguiente


Mañana
es el lazo
que hoy atas a tu pie derecho.
Con él
quieres anudar
los ciento volando
y cualquier escalada
a esta parte del plano terrenal
inclinado,
apuntando al infinito.

Mañana
vive con la esperanza
de la armonía armada,
de la felicidad cosechada,
de la tormenta perfecta,
de la explosión solar.

Mañana,
día siguiente,
de un hoy urdidor.

Ante su calidez


Me abraza el frío
y el gris extendido
en el día de hoy.
Unos golpes continuos
en el techo, me avisan
de que el piso de arriba
ha despertado.
Se cuela por mi ventana
el olor a café y a tostadas.
Maldigo al fuego
que las quemó, abrasándolas.
Dibujo una línea única
que me une al día de ayer
y a la mezcla de aromas que poseen
las sensaciones infantiles de mi nariz.
Cuando otras manos
hacían alquimia conmigo,
al conseguir la combinación exacta.
La que esclaviza mi suspiro.
La que libera al sol,
de algunas nubes,
para que pueda salir.
Y me abrace
poniéndome en libertad
ante su calidez.

Los cables cruzaron mi calle


La eternidad condicionada de una escalera mecánica, las baldosas resbaladizas de una limpieza apresurada. El ambiente denso, húmedo. De una mañana sin nombre.

Un despertar sin café, sin desayuno. La arepa, los huevos, el jugo, y la ropa sucia, desnudo. Ausentes.

Sin ajuste, una receta para perder la razón… sin haberla tenido en primer lugar. No tengo espacio para dudas porque yo no lo habilito, solo me siento en desdén, con todo el espacio del mundo pero sin poder llenar la alacena, una caída libre que yo no elegí tener cada mañana. Impuesta.

Una mañana sin fe, me lleva a suspirar sin aliento. Y aunque muchos lo lamenten, no es tristeza de un solo momento. Me mido, me controlo… Guardo silencio, pero implosiono.