El día del portero


Un día todos, cansados, se fueron. Incontable fue la gente que se quedó encerrada y llegó tarde al trabajo, lo que supuso un golpe brutal a la economía. La bolsa cayó en picado. Infinitas doñas se quedaron sin su psicólogo low cost, la inseguridad tuvo picos históricos; nadie estaba dispuesto a salir de su casa por miedo a que lo roben. Así se generó una sociedad ermitaña y aislada. Cada uno en su hogar, protegiendo lo suyo. Y así seguimos. Y así nos fue.
El mundo simplemente no estaba preparado para el día del portero.

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Azul


Azul. Todo es azul. Mis ojos se van para atrás, fugaces, esquivos. Siento la victoria, el éxtasis puro reservado casi exclusivamente a reyes e idiotas.
El fluido me posee y me lleva a ese lugar donde solo estoy yo, y estando así de solo, no puedo sentirme más acompañado. Azul, todo-sigue-azul.
De pronto salgo, lo miro a él. Él ríe. ¿Y, cómo te estás sintiendo, pibe? Y yo quiero decirle, quiero decirle que el ser está ahí, escondido entre esos pastitos, al alcance de cualquiera. Pero le digo bien. Bien de bien. Porque decirle otra cosa no tendría sentido, porque el lenguaje es nada más que un manotazo de ahogado, un intento inútil de comprensión.
Andá al kiosco, que falta Sprite, le digo.

Visiones


Esa era solamente la segunda vez que veía a un caballo usando un paraguas. No podía cazarlo, me trascendía. Me trasciende. Empiezo, lo miro. Me mira. Intento capturarlo: primero la pata trasera, sutil, salvaje; nunca una herradura.

Me equivoco, rabio, demasiado perfecta. Borro. Mi lápiz va más rápido que mi mente, que mis ojos. Necesito atraparlo antes de que se vaya, siento que no habrá tercera vez.

La primera me agarró desprevenida, en sueños, desarmada. Pareció enojado, relinchó como diciendo: «Yo acá tan caballo con paraguas y vos ahí tan artista sin un lápiz».

Creo que entendió que para mí había sido imposible. Creo que solo por eso me dio otra oportunidad.

Sigo, intento hacer el hocico, tomo bien sus curvas, alcanzo su textura. Me gusta el resultado. Arriba de la nariz, el paraguas. Grande y negro. Imponente. Hermoso.

El resto me cuesta más, no consigo el color marrón desgastado del vientre, las ideas se me escapan, él me mira. Termino el vientre como puedo y me concentro en el pelaje. Tiene que estar perfecto, es su esencia. No lo consigo, no soy suficiente. Ya me quedó diferente, me voy a tener que matar.

Él me mira, triste, se da cuenta de mi error. Se da cuenta de mi imperfección.

Se va.

Han muerto hombres, han empezado y acabado guerras; yo lo sigo esperando. Solo una chance más.

Migajas de salvado


Una vez, hace varios años ya, mantuve un período de noviazgo con una mujer bastante particular. Loca clase P, la categorizaría. No de política, no de plástica, ni tampoco de malas palabras u oficios delicados; no. Era la letra P que da inicio al estado profético de “pitonisa”.

Antes de explicar que es, para aquellos analistas y curiosos que desconozcan dicha palabra, es un término acuñado a la capacidad de un individuo de “ver o predecir el futuro” a voluntad o de manera espontánea; a tiempo continuo (cerca de suceder) o en próximos-distantes períodos.

Ya aclarado lo anterior, prosigo con el tema; esta señorita con la que me enredé resulta que tenía dicha habilidad y nunca me explicó el contexto de su origen, sin embargo desde el día uno que arrancamos el barco, ella había visto la culminación de nuestra relación.

Era sorprendente mi incredulidad desde el primer día, si bien ella no insistía en hondar respecto al tema y, solo se justificaba con el “hecho” de que debía tener en cuenta las fallas, discusiones y otros roces para mis nuevas relaciones con las otras personas que conocería, la nueva chica que vendría y las posibles hermosas siguientes. Era una locura, pero de esas que a mitad se perciben simpáticas, y por otro lado se tornan ásperas, tediosas.

A medida que los meses transcurrían y para mí el tiempo se alteraba (a veces lento, o demasiado deprisa) quizá por aquel efecto de la teoría de la felicidad y adaptación, “la luna de miel”; aunque para entendedores, yo me sentía en Plutón, lejos de montañas rusas curveadas o dragones pesados que combatir; ella presionaba el pedal de freno cuando le hablaba de futuro en pareja, como si el presente estuviera danzando sobre el hilo delgado e invisible de una colisión predestinada. Me decía cómo sería o podría ser mi próxima novia y qué cosas debía no hacer para que tuviera una próspera primavera.

Estas cosas cesaron cuando una serie de eventos muy afortunados y a la vez desafortunados comenzaron a suceder en la vida individual de cada uno, su capacidad pitonisa no volvió a manifestarse hasta el día en que yo cerré la persiana y ella apagó la luz.

Me alcanza un ligero y curioso escalofrío al pensar en el cómo una persona es feliz al estar junto a otra cuando figura en su atención principal todo lo errado que puede acontecer. La colisión de dos individuos diferentes está en teoría predestinada a ocurrir, pero por más experimentada o preparado que te sientas en tu estado de vigilia del porvenir, no esperes lo peor. Siempre da un ángulo alzado a tu mirada, buscando horizontes de buenos inicios, progresos continuos y mejores conclusiones.

Piedra filosofal incompleta


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Luego de mucho entrenamiento, cierto joven alquimista logró crear una piedra filosofal incompleta. Usó sus conocimientos de alquimia para replicar la estructura espacial de un alma humana y depositarla dentro de una piedra creada mediante la condensación de ánima. Tanto la piedra como la réplica del alma fueron elaboradas de forma muy rudimentaria, por lo que su apariencia y capacidades no eran, ni de cerca, comparables a las de una piedra filosofal completa.

Entre las principales diferencias estaban la textura y el color. La piedra incompleta era áspera, de un color rosa pálido y opaco. La piedra completa debía ser suave, de un color rojo y brillante. Pero la diferencia fundamental radicaba en su naturaleza. La piedra incompleta no era un objeto viviente. La funcionalidad del objeto incompleto era también muy inferior. El intento de piedra filosofal tan solo servía para contener una porción de espacio muy superior a la de sus dimensiones físicas.

El joven alquimista, muy contento por su logro, decidió usar la piedra para asegurarse una vida tranquila que dedicaría a su investigación acerca del núcleo del alma humana. Apenas había descubierto que el alma es, en sí misma, un lugar. Aquel conocimiento fue el que utilizó para crear su piedra incompleta. Copió una porción del espacio de su alma y lo colocó dentro de una piedra pequeña, obteniendo como resultado el espacio equivalente al de un casillero dentro de una piedra que cabía en la palma de su mano.

Con aquel objeto, visitaba las tiendas para robar alimentos, ropa o cualquier cosa que le permitiera mantenerse sin necesidad de trabajar. El resto del tiempo lo pasaba en las montañas o en los bosques, realizando la investigación necesaria para completar su proyecto más ambicioso: una piedra filosofal viviente.


Texto: Donovan Rocester

Imagen: Pixabay

Raro


—Nos sorprendemos al ver, escuchar, leer o sentir cosas raras; ya que esta singularidad es la que nos llama la atención, alejándonos de todo lo ordinario y provocándonos miedo, odio, alegría e incluso amor —reflexionó mientras él miraba al suelo sonriendo y ella le observaba.

—Tú sí que eres raro, mas no creo que por eso sienta algo por ti —dijo ella, queriendo picarle mientras sonreía pícaramente y él observaba el suelo.

De repente, él apartó sus ojos del suelo para contemplarla. Sonrió y dijo:

—Seguramente te refieres a que no sientes nada por mí en términos de amor, pero si de verdad piensas que soy raro, algo sentirás por mí; ya sea intriga, displicencia o puede que miedo. Porque ahí está la gracia, cada uno elegimos qué sentir ante lo insólito. Como dos copos de nieve, nadie siente igual.

Fue entonces cuando ella decidió besarlo, sorprendida por su misterio.

Sintiendo algo por él.

Y él por ella.

Objetos vivientes


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Amuleto de enseñanza de alquimia del tiempo

Limpiando las bodegas me encontré un libro. El título dice “Bases de la alquimia sagrada”. Es de lo más extraño.

Prólogo

Cierta raza extraterrestre desarrolló un tipo especial de alquimia conocido como alquimia sagrada. Este tipo de alquimia consiste en la infusión de ánima dentro de un objeto. Cuando un ser inerte se vuelve contenedor de ánima se llega a considerar, para propósitos de alquimia, como un ser viviente.

La creación de objetos vivientes ayudó mucho al desarrollo de la civilización de aquella raza. Los objetos vivientes tenían formas y aplicaciones muy variadas. Muchos sabios y artistas marciales utilizaron los procesos de la alquimia sagrada para encerrar  copias artificiales de sus conciencias dentro de amuletos cuya función era la de proyectar un holograma interactivo con rasgos de su personalidad. Estos amuletos eran capaces de relacionarse con otros seres mediante una inteligencia artificial muy avanzada.

Otra aplicación de la alquimia sagrada fue la de crear armas poderosas capaces de elegir a su dueño mediante criterios incorporados. Muchos herreros y maestros de armas utilizaron esta técnica para evitar que sus creaciones y técnicas fueran usadas para fines contrarios a sus ideales.

Algunos alquimistas aprovecharon el conocimiento de los objetos vivientes para desarrollar amplificadores alquímicos que les permitieron usar sus habilidades a niveles imposibles hasta ese entonces. La piedra de los filósofos es el amplificador alquímico más poderoso jamás desarrollado, muy pocos alquimistas han logrado fabricarlo. El secreto de la fabricación de la piedra es guardado celosamente por los pocos que lo conocen.

Los Limitantes, como militantes antievolutivos que son, prohibieron y persiguieron cualquier forma de alquimia sagrada.

La posesión de textos, amuletos y cualquier cosa que haga referencia a este tipo de alquimia están penados por la ley de Los Limitantes.

La posesión de este libro constituye un delito interdimensional. Léase bajo su propio riesgo, consérvese oculto.

Hay muchas cosas interesantes en él. Lo leeré con detenimiento.

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Reportó para ustedes, el #21.


Texto: Donovan Rocester

Imagen: Pixabay