Momentos de desesperación…


Por ahora no necesito que me recuerdes que estoy vencido,
que la alegría se me va como agua entre los dedos.
Hoy no necesito que me digas que me extrañas
porque yo mismo me siento extraño.
Hoy no necesito que preguntes si estoy bien
o si aún sigo mal, solo requiero de tu ayuda.
Hoy requiero de tu esencia, de un te quiero de la nada,
uno así de puro y lisonjero.

Hoy requiero que no calmes mi llanto, sino que llores conmigo,
que enjagüemos juntos los tormentos, que en este trance,
son triste y únicamente míos.
Hoy requiero que tus palabras azoten mi amargura con serenidad
y no se resquebrajen con verdades de medio talle.
Hoy requiero que tus palabras acechen con imprudencia tal,
que espanten cínica e infaliblemente mi depresión y desesperación,
que el monstruo se vaya y me deje tranquilo.

Hoy necesito que tu incondicionalidad no la pongas en tela de juicio,
sino que, así, sin más ni menos me digas ¡aquí estoy!
Hoy requiero que tus manos no solo no me dejen caer,
sino que me salven y le hagan contrapeso a este mal,
a esta execrable y pedante depresión.
Hoy requiero que tus brazos de forma insolente
arrecien conmigo, me levanten y no me dejen morir.

Hoy necesito de tu esencia, de tus destellos de alegría,
de tus inquebrantables ganas de vivir.
Hoy, solo por hoy, no reclames nada de mí,
solo soy yo y esta estúpida tristeza,
solo soy yo y esta matutina desolación que me corroe.

¡Lo siento mucho! Sé que añoras todo de mí:
mis risas, mis alocuciones disparatadas, mis alegrías y mi discreta locura.
Y de sobra sé que cuento contigo, pero ya no solo quiero contarte,
quiero convertirte en mi amparo, en el augurio sagital para salvar mi vida
de esta feroz desolación y de esta atroz depresión que aniquila mi ser.

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Este momento


En este momento
frágil, lento, dulce,
equilibrado, de total calma
y de máxima concentración
requiero de la tibieza de tu ser.

En este momento
pienso en vos
porque no te tengo,
pero te necesito.
Digo, lo que pasa es que
vos estás conmigo, en mi mente,
caminas conmigo, estás aquí.

En este momento
cuando la muerte puede sorprenderme,
en este momento
es cuando te quiero.

En este momento
te quiero aquí, junto a mí.
En este momento
te quiero conmigo.

Momentos


Las memorias vivas

Entre las notas altas y dispersas de una vida

aparecen los inhóspitos arpegios,

únicos momentos que despejan lo que abruma

al corazón de un solitario en ayuna.

Lo que todos desean es constancia,

tal instancia solo es primera si se alimenta de momentos,

evitando la premisa de los lamentos.


De adelante voy hacia atrás y me pierdo en el retorno

Allanan mi morada las luces del ocaso,

proyectan ilusiones a las que yo ya no hago caso,

en el sendero me he perdido de regreso

me siento preso,

en circunferencias viajo cazando un eco distante.

Persona

Quisiera dar color a mis paredes nuevamente,

a mi alrededor hay lienzos blancos quebradizos,

mi palacio mental es una ruina de antaño,

repetitivo y tedioso es el sepia que lo cubre,

se ha vuelto lúgubre e inhabitable.

Siento que mi espacio ya no es mío,

he dejado de ser yo,

pero aún no me convierto en nadie.

Promesa

En momentos desesperados aparece una promesa

un manto sagrado ajeno a la comprobable se manifiesta,

vendiendo ideas etéreas y difusas,

pero maravillosas y abundantes…

un mar de duda, pereza e inseguridad atenta contra aquella luz,

y de allí nace la excusa perfecta,

la contrariedad

para justificar la vida en la cúpula siniestra

de la que tanto reclamas,

sin embargo la veneras en silencio.

Vida

Amas la seguridad consumista

y le temes fuertemente a la naturaleza de los momentos,

a los recuerdos dolorosos olvida,

que tu alma viva en paz con tu cabeza.

Avanza un poco más allá de tu palacio,

deja la tristeza en el pórtico del hogar

y no mires hacia atrás.

Te amo


Te amo.

Pero no de la clase de “te amo, quiero estar contigo” sino de ese “te amo, y estoy bien así”. Tampoco es el “te amo” de antes, es uno nuevo. Uno que no te busca, ni pretende encontrarte.

Un “te amo” tímido y sin pasión pero lleno de compasión. Quizás sea un “te amo” incompleto. Sin sabor pero condimentado de recuerdos.

Tal vez sea un “te amo” mentiroso porque el verbo amar debe estar acompañado de una acción.

Sin nostalgia ni tristezas, podría ser un “te amo” casi como un “te quiero”, casi como un “te aprecio”, casi como un “te cuido”, casi como un “no te amo, solo que no te olvido”.

O probablemente sea un “te amé”.

Aquel Año


Aún se me sigue olvidando cómo nos conocimos,
como las coincidencias se encargaron de juntar los labios
y de robarnos la vida regalándonos caricias,
que rápido se pasan los días, que rápido dejó de existir aquel año.

Aún me dan risa las crónicas que se niegan a caducar,
aquellos incidentes de nuestros sueños truncados
por la incapacidad de perdonar, sí, de perdonarnos
poniendo en contra a la casualidad, condenándonos a ser un par de extraños.

Aún me tiembla la voz al pronunciar mal tu nombre,
los diminutivos que aborrecíamos y que su eco nos retumba
y si hablo en términos de ambos es por la certeza misma
que me da tu mirada desviada, contándome que para vos tampoco fue algo en vano.

Aún me dan ganas de sujetarte y reclamar las sensaciones,
el elixir que una vez cosechamos para ser eternos
y que secó dejándonos a nosotros también huecos
Hasta que la inocencia ocupó de nuevo su lugar de observador aquel año.

Aún sé que recuerdas lo mismo que recuerdo yo,
los cuerpos sin ropa y las mentes sin lógica
las huidas de martes, el vino barato y mi cena mal hecha
el libro que te regalé en el primer mes, cuando aún no sabíamos hacernos daño.

Aún se abren los pulmones para respirar tu aroma
Se reconoce bien la esencia, la piel tiene memoria
como también la tienen las heridas que dejé abiertas
y que no supe sanar cuando tuve tiempo, cuando fuimos plurales, aquel año.