Qué es la vida…


Qué es la vida, sin esas alegrías exaltadas
que estremecen nuestras más íntimas emociones.
Qué es la vida, sin esas exageraciones plenas
que nos paralizan frente a insolentes dificultades
y que en ocasiones son meramente nuevos aprendizajes.

Qué es la vida, sin esa tristeza tan trémula
que nos carcome cada vez que nos sentimos más solos que el mundo.
Qué es la vida, sin esas ligeras sensaciones
que nos incitan a amar y al mismo tiempo a odiar;
en las mismas dimensiones y proporciones;
eligiendo —nosotros— si odiar o amar según el contexto.

Qué es la vida, sin esos choques plenos con la muerte
que nos recuerda que esa es la única certeza para nosotros, los humanos,
y que en ocasiones sufrimos por muchas partidas involuntarias,
rechazando —categóricamente— la ausencia definitiva de quienes amamos.

Qué es la vida, sin la esencia de nuestro pasado,
que sirve infaliblemente para afianzar nuestra identidad
y sostener a las sanas incertidumbres de nuestro presente y futuro.

Qué es la vida: ¡Pues nada!
Un destello de luz, un soplo divino por el cual se nos permite vivir,
desgastar, nuestras locas y apacibles emociones
y dejar huellas indelebles de este brevísimo viaje terrenal…

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Bit-a (Vita)


Vitae Bit 001

No es casualidad,

la base que los sustenta

es indeterminada, es cuántica,

ensamblada,

informática,

tan fácil de leer;

como cualquier cosa.

 

Ustedes no la ven,

no es de su dimensión,

solo tienen una vaga idea.

Y vuelven concepto un hecho.

Y a bases de conceptos erran.

 

Tu concepto es sobrevalorado,

tu “vida” es efímera

oscura,

aquí:

a base de carbono.

 

Son esclavos del secreto del agua,

son esclavos del secreto del aire.

Son nada,

un conjunto de tonterías

que puedo sostener

en mis castigados dedos.

 

Buscan “vida” afuera

y adentro la fracturan.

 

Da igual…

 

El mismísimo Adonai te avisa

que si la cuidas,

la pierdes.

Mejor hace un talibán

que un médico.

 

Si tan eternos y conscientes son,

¡mátense, exploten!

… entonces se dan cuenta

de que su cuerpo es valioso.

 

Y si son solo su cuerpo,

son tan efímeros como el mismo,

finito,

del polvo

al polvo.

 

Alargan la “vida” con la ley,

e igual mueren,

alargan la “vida” con la ciencia,

e igual mueren,

ruegan a sus dioses,

y, adivina qué,

igual mueren.

 

No se cuiden tanto

que cualquier rato

se los carga un ebrio,

un psicópata,

algún bug de Luzbel,

una de estas cositas mal puestas

o yo mismo.

 

No sé qué ganamos,

herrero,

si no me tomarán en serio

hasta que les toque

verme de frente.

 

Atte.

Mefisto

La tumba desconocida


El día en que su padre iba a morir
escuchó por primera vez
el reloj de la cocina.

Aproximándose
como una txalaparta
de apetencia salvaje
entre el deshielo,
aquel reloj golpeaba sus manecillas
contra una pared
plagada de murciélagos,
cometiendo un enorme silencio
que ahogaba los afónicos latidos
y llantos incapaces
de levantarse del suelo.

Era el reloj cobrándose una deuda
a manos de la muerte,
ofreciendo un presente eterno
como un abismo
en su tic tac atronador
por cada aguja
que se arrancaba
para hacerse obedecer al fin,
demostrando de una vez
ser el único
con algo que decir.

Vida


Te había olvidado,
vida,
de tanto pensar en tu opuesto,
en tu contrario,
(muerte),

de tanto desearlo
por su luz atrayente
y luego rechazar
su orden impaciente,

de tanto retarlo
por su golpe intempestivo,
hiriente.

Te había olvidado.

Pero alguien dijo tu nombre
y (re)sentí en mi cuerpo
la vez última
(¿la única?)
que me habitaste entera,
estallando cada segundo
en cada célula,

como un principio de año,
como una primavera eléctrica.

Nunca había sido tan mía,
tan tuya.

Y entonces amé,
porque no había otra vía,
con toda tu fuerza,
a tu manera,
la única.

Y (del fin) de ello
(re)surgió tu opuesto,
tu contrario,
la devastación del alma,
la espada.

Y ahora que ha vuelto
en quebranto,
en separación herida,
despiadada,
ya no quiero llamarlo,
desearlo.

Prefiero volver a ser tuya,
vida,
a tu manera eterna,
la única.

Astromelia


«Astromelias», fotografía por Crissanta.

 

Te busco en la oscuridad
donde ya sé que no estás,

sondeando la incógnita
de la audiencia muda
tras el éter que se vislumbra.

Doy mi mejor sonrisa,
la única
en estos tiempos de bruma.

¿Dónde estás?
Recibo un ramo de rosas.

Y tú, de nosotras,
claveles y lirios,
crisantemos,
gardenias.

Solo el duelo me ha hecho reconocerlas;

sobre todo a ellas,
las astromelias,
que florecen tras días,
en belleza tardía.

Como yo,
que llego tarde
a todas las despedidas,

que entiendo tarde
las pérdidas y las cenizas,

que entierro tarde
las cosas que se terminan.

Tiempo…


Tiempo que a ti no te alcanza y que a mí, me sobra.
Tiempo esquizofrénico que se inunda en mi mente.
Tiempo, solo tiempo: cárcel inmunda de los sueños,
vida corta de la vida misma; muerte prolija de los seres vivos.
El ritmo ligero de la vida,
solo es la ocupación perpetua del tiempo.
Tiempo, solo tiempo…

Tiempo que contemplo de prisa y aún con nostálgica conmoción.
Tiempo que lentamente me reparo a disfrutarlo.
Tiempo que a ti te falta para mentirme,
me sobra para creer todo lo que dices.
Tiempo que a ti te falta para herirme,
y que a mí, me sobra para sanar mis heridas.

Tiempo que a ti te falta y que a mí, me sobra.
Tiempo que hoy vivo y mañana muero.
Haz una brecha en el tiempo y tómatela para ti,
así desaparecerás de mi vida…
¡Buena suerte y adiós!

El ritmo ligero de la vida,
solo es la ocupación perpetua del tiempo.
Tiempo, solo tiempo…

Como flores


Fotografía por María Eugenia Cabrera y Pedro Copelmayer.

 

Camino y veo cosas, me gusta ver.
Muerte.
Cosas como flores, a veces.