Haiku


annie-spratt-haiku

Imagen por @anniespratt (CC0).

Duerme tu risa,

la muerte baila sin mí

y tiembla la flor.

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Ofrenda


Vivo en paz con el aire, junto a la brisa mi calma llega a cualquier alcance. Mientras viajo con los vientos, el fuego me dirige con su infinito combustible; nunca hiere, solo me impulsa con fuerza hacia adelante.

Cada sendero te enlaza en su cierre a un nuevo e inesperado destino.

Con las llamas me traslado hasta el elemental dormido, ese que en breves instantes pasa de la calma a lo salvaje; a pesar de todo yo al agua no le temo, solo le guardo admiración y genuino respeto, me seduce con su abrazadora humedad que siempre acaricia las pieles, las torna color cristal. Por ella me dejo llevar, su marea me pilotea, y si me dejo descuidar, su impecable fuerza a las profundidades me secuestrará.

Ojos cerrados, memorias reprimidas. Mi mente se despierta sobre la orilla de una playa serena, aparentemente desolada pero plagada de secretos. La arena brilla, se siente cálida pero no enciende brasas en mi cuerpo. La prosa en pausa, poco a poco recupero el aliento; se desemperezan las extremidades, los choques de marea contra tierra empiezan a vibrar en mis oídos. Escucho susurros curiosos que no parecen provenir del cielo, del mar o el calor que me afecta, tampoco parecen provenir de algún lugar particular en la brújula de mi presencia.

Sin embargo, guardo mis sospechas de que el origen de las voces anónimas surge directo debajo de mí. La tierra susurra y es claro que de mí espera respuestas, acciones, conexiones con la esencia elemental, o al menos eso me permito pensar.

Todo retorna a la tierra, hogar de la vida. A medida que muchas cosas crecen de ella, otra materia regresa para renacer. Fuente de canje entre los elementos, baúl de alquimia y epicentro de los ejes que mantienen los ciclos en eterno equilibrio.

En presencia del astro amarillo a mis baterías carga nunca faltará, y aunque los velos negros se impongan al final de cada tarde, mi cáliz de energía siempre vibrará en búsqueda de otra fuente de luz para alimentarse.

La curiosidad me lleva hasta la luna y en ella encuentro la virtud del balance, mi perfil cambia y simulo el rol del mar azul que a los movimientos del satélite plateado responden sin dudar como si de su capitán se tratase. El gran compás lunar lleva el timón de los océanos, marca con su presencia una cadena única de frecuencias por todos los puntos que ocupan la tierra, que viajan en el aire, procrean el fuego y cementan la química del trueno. A todos nos agita, de principio a fin, durante la vida hasta la muerte, y más allá.

Te diré un secreto que pocos aceptan, nunca deja de haber luz incluso al final del túnel.

Sin señal


Un silencio de trueno
invade la casa.
El rugido sacude los cimientos.
Donde hubo fuego
el viento dispersa las cenizas.
Más acá
la muerte
sucede.

Qué es la vida…


Qué es la vida, sin esas alegrías exaltadas
que estremecen nuestras más íntimas emociones.
Qué es la vida, sin esas exageraciones plenas
que nos paralizan frente a insolentes dificultades
y que en ocasiones son meramente nuevos aprendizajes.

Qué es la vida, sin esa tristeza tan trémula
que nos carcome cada vez que nos sentimos más solos que el mundo.
Qué es la vida, sin esas ligeras sensaciones
que nos incitan a amar y al mismo tiempo a odiar;
en las mismas dimensiones y proporciones;
eligiendo —nosotros— si odiar o amar según el contexto.

Qué es la vida, sin esos choques plenos con la muerte
que nos recuerda que esa es la única certeza para nosotros, los humanos,
y que en ocasiones sufrimos por muchas partidas involuntarias,
rechazando —categóricamente— la ausencia definitiva de quienes amamos.

Qué es la vida, sin la esencia de nuestro pasado,
que sirve infaliblemente para afianzar nuestra identidad
y sostener a las sanas incertidumbres de nuestro presente y futuro.

Qué es la vida: ¡Pues nada!
Un destello de luz, un soplo divino por el cual se nos permite vivir,
desgastar, nuestras locas y apacibles emociones
y dejar huellas indelebles de este brevísimo viaje terrenal…

Bit-a (Vita)


Vitae Bit 001

No es casualidad,

la base que los sustenta

es indeterminada, es cuántica,

ensamblada,

informática,

tan fácil de leer;

como cualquier cosa.

 

Ustedes no la ven,

no es de su dimensión,

solo tienen una vaga idea.

Y vuelven concepto un hecho.

Y a bases de conceptos erran.

 

Tu concepto es sobrevalorado,

tu “vida” es efímera

oscura,

aquí:

a base de carbono.

 

Son esclavos del secreto del agua,

son esclavos del secreto del aire.

Son nada,

un conjunto de tonterías

que puedo sostener

en mis castigados dedos.

 

Buscan “vida” afuera

y adentro la fracturan.

 

Da igual…

 

El mismísimo Adonai te avisa

que si la cuidas,

la pierdes.

Mejor hace un talibán

que un médico.

 

Si tan eternos y conscientes son,

¡mátense, exploten!

… entonces se dan cuenta

de que su cuerpo es valioso.

 

Y si son solo su cuerpo,

son tan efímeros como el mismo,

finito,

del polvo

al polvo.

 

Alargan la “vida” con la ley,

e igual mueren,

alargan la “vida” con la ciencia,

e igual mueren,

ruegan a sus dioses,

y, adivina qué,

igual mueren.

 

No se cuiden tanto

que cualquier rato

se los carga un ebrio,

un psicópata,

algún bug de Luzbel,

una de estas cositas mal puestas

o yo mismo.

 

No sé qué ganamos,

herrero,

si no me tomarán en serio

hasta que les toque

verme de frente.

 

Atte.

Mefisto

La tumba desconocida


El día en que su padre iba a morir
escuchó por primera vez
el reloj de la cocina.

Aproximándose
como una txalaparta
de apetencia salvaje
entre el deshielo,
aquel reloj golpeaba sus manecillas
contra una pared
plagada de murciélagos,
cometiendo un enorme silencio
que ahogaba los afónicos latidos
y llantos incapaces
de levantarse del suelo.

Era el reloj cobrándose una deuda
a manos de la muerte,
ofreciendo un presente eterno
como un abismo
en su tic tac atronador
por cada aguja
que se arrancaba
para hacerse obedecer al fin,
demostrando de una vez
ser el único
con algo que decir.

Vida


Te había olvidado,
vida,
de tanto pensar en tu opuesto,
en tu contrario,
(muerte),

de tanto desearlo
por su luz atrayente
y luego rechazar
su orden impaciente,

de tanto retarlo
por su golpe intempestivo,
hiriente.

Te había olvidado.

Pero alguien dijo tu nombre
y (re)sentí en mi cuerpo
la vez última
(¿la única?)
que me habitaste entera,
estallando cada segundo
en cada célula,

como un principio de año,
como una primavera eléctrica.

Nunca había sido tan mía,
tan tuya.

Y entonces amé,
porque no había otra vía,
con toda tu fuerza,
a tu manera,
la única.

Y (del fin) de ello
(re)surgió tu opuesto,
tu contrario,
la devastación del alma,
la espada.

Y ahora que ha vuelto
en quebranto,
en separación herida,
despiadada,
ya no quiero llamarlo,
desearlo.

Prefiero volver a ser tuya,
vida,
a tu manera eterna,
la única.