Boceto


Dibujé lo que no existía,
una frondosa melena de flores
colgando de sus pensamientos,
a mano alzada, cada pétalo vestía.

Dos grandes ojos cerrados verían
cómo el alma de blancos y ocres
la piel de su espalda iba cubriendo,
un sutil aroma a pasión encendía.

Un boceto de curvas aparecía,
en cada vértice de odios y amores,
los pliegues soñados florecieron,
en mi boca la humedad desvaría.

Dormí con una idea erigida,
la silueta degradada de mil colores
recorría los espacios, momentos
de una musa lejana y desconocida.

Esa no eres tú


Ese ombligo me habla de ti,
un eco escondido
recoge desde tu piel,
los sentidos viajan por el borde
de tu ropa interior
hasta el triángulo amoroso.

Intenta pero no puede
separar tus piernas,
para volver a nacer,
quiere ser gemido
vestido de ti, pero,
esa no eres tú, es otra,
una desconocida a la cual describo.

Se aferra a esa cintura,
asciende y desnuda
un abultado pecho,
encolerizado, besa,
difunde en esa piel sus deseos,
el rechazo primero muere,
tus labios muerdes.

El silencio más hermoso
rodea tu corazón,
detrás del lente, tu cuerpo
se retuerce,
el placer de ver es tuyo,
el de sentir, de ella.

Las letras, mis letras,
acompañan esta historia,
escrita de imaginación
versus inocencia,
una imagen se convierte en poema,
usted, en mi pequeña musa.

No sabes cómo me fascina…


No sabes cómo me fascina
traspapelar mis manos en tu rostro,
en tus mejillas,
en tus labios,
en tu boca.

La contextura frágil,
sigilosa y descarada de tu bella faz,
de tu cuello exquisito.

Recorrer mis manos en tu cuerpo,
de los pies a la cabeza
y confirmar que sí, mujer,
eres la que yo busqué,
con las manías requeridas
para encantarme,
amarte
y
abrumarme.

Esas piernas


Esas piernas no eran naturales
sino que oprimían las leyes de la física;
esas piernas no tenían límites
puesto que eran cordillera de infinitos;
esas piernas eran salsa de orquídeas
sublimada en el fondo de un matraz.

No sé ni cómo describir
aquellos muslos cimbreantes y tostados,
que tomaban las riendas del concierto
que inició tu sonrisa pizpireta.

Columbré un sendero hacia arriba
—o abajo—
que serpenteaba hacia el origen jurásico
de todos tus misterios.

¿Qué es una mujer?


Una sonrisa pícara de vida,

una rara orquídea soñadora;

ansia pura del vacío que aflora

tras la triste esperanza bendecida.

 

El sabor de la mar embravecida,

aquello que Helios de Selene añora;

el gran secreto que en la Esfinge anida

dama, doncella, guerrera y señora.

 

Una mujer es esto y no exagero,

frágil y fuerte, humilde y altanera,

la estrella que en mi corazón espero.

 

Aunque el tapiz del ser se descosiera

y yo aguantara como alabardero,

es el agua si el universo ardiera.

Do Re Mi


Tan hermosas ellas con sus curvas armoniosas, con sus cuerpos vibrantes; en su frecuencia marcada y en sus vestidos la clave. I Recostadas en su escalera alfombrada; las recuerdo en cada canción. Me place escucharlas, me place tocarlas. II Me … Sigue leyendo

Amantes

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