Puerto Rico en Nueva York


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Por Reynaldo R. Alegría

Venían de todos lugares, llegaron temprano, a pie y en patines, en bicicletas y motoras, en guaguas y en trenes, también en aviones.  Y tan pronto pisaban la más famosa avenida de la más famosa de las ciudades del mundo, todos pertenecían al mismo sitio.  En la Quinta Avenida de Nueva York no hay más bandera que no sea la de Puerto Rico; no hay más partidos que no sea nuestra Isla, ni otra consigna que no sea “soy boricua”, ni hay tampoco lugar de residencia, excepto que no sea la del pueblo que te vio nacer a ti o a los tuyos y al que algún día, quizá, regresarás.

En la Quinta Avenida nadie dice por qué se fue de Puerto Rico, o por qué no vuelve, o cuándo vuelve, o si nunca volverá.  Allí todos son puertorriqueños.  Y puertorriqueños libres y orgullosos de ser puertorriqueños.  Pues este el día en que todos pueden gritar con fuerza y confianza que son de Puerto Rico y gritarlo entre los tuyos sin que nadie te mire de otra forma que no sea la correcta, como puertorriqueño.

Cuando eres puertorriqueño y vives en Puerto Rico te puede costar trabajo entender por qué los millones de hermanos que se fueron de la isla tienen tanto interés en lo que pasa en nuestra vida, que hasta si pudieran, votarían en nuestras elecciones.  Cuando no has estado allí, y no has visto a millones de personas juntas enarbolando nuestra bandera y gritando a coro muchas veces (en realidad todas las veces) “soy boricua”, quizá no puedas entender por qué, a pesar de que se fueron, cada vez que hablan por teléfono contigo te preguntan de inmediato: ¿cómo está la isla?, como queriendo con ello que le contemos todo, o casi todo, “que no es lo mismo, pero es igual”.

Nueva York es el umbral por el cual atravesaron casi todos los puertorriqueños que llegaron a los Estados Unidos.  Este es el punto de partida para una vida distinta, aspiracionalmente distinta.  Los puertorriqueños que han ido a vivir allí, o los que nacieron allí de padres puertorriqueños, no tuvieron que cruzar ilegalmente fronteras, ni tuvieron que esconderse de cazadores de migrantes ilegales que como nosotros, también buscaban una mejor vida.  Los nuestros entraron allí sin pasaporte, dispuestos a trabajar duro y a vivir una vida decente y decorosa.  Quizá por eso, los nuestros no miran la Estatua de la Libertad como la miran otros.  Quizá por eso, el gigantesco y famoso rostro femenino francés campestre que recibe al migrante con promesas de libertad, es menos pertinente a nosotros que la promesa de ocupar físicamente la Quinta Avenida y pintarla con los colores de nuestra bandera.

Quizá a nosotros, los que vivimos en la isla, nos cuesta trabajo entender por qué un nacido y criado allí y tataranieto de un puertorriqueño, insiste en decir que es puertorriqueño.  Pero tendrías que estar allí, y ver a millones de puertorriqueños reunidos festejando a sus personalidades del arte y la política, vitoreando a Miguel Cotto, delirando por Ricky Martin, respetando a Nydia Velázquez y José Serrano, sus políticos puertorriqueños electos, y saludando con respecto al Gobernador, para entender por qué en realidad no pueden decir que son de allí, sino de su entrañable y adorado Puedrto Rico.

Este año se celebran 57 años del Desfile de Puerto Rico en Nueva York.  Cincuenta y siete años de marchas, cincuenta y siete años de luchas, cincuenta y siete años de conquistas que no tienen vuelta atrás, cincuenta y siete años de la nación de Puerto Rico en Nueva York.  Cincuenta y siete años en los que le hemos dado al mundo grandes artistas, músicos, cantantes, pintores, poetas, ingenieros, médicos, abogados, cocineros, cantineros, porteadores de periódico, y todos ellos, de alguna forma, atravesaron el umbral de Nueva York.

Cuando regrese a Puerto Rico le contaré a mis hijos Sebastián y Lorenzo lo que he visto en Nueva York, y sé que se lo diré con las ganas y el orgullo que se los digo a ustedes y aprovecharé para recitarle, una vez más, los famosos versos de Juan Antonio Corretjer, y decirle con mi corazón “que yo sería borincano aunque naciera en la Luna”.

 

Foto tomada por Brian de Hoboken, New Jersey, EEUU, el 10 de junio de 2007. 

Nota: Publicado en El Nuevo Día en junio de 2007 con motivo del 50 aniversario del Desfile Nacional de Puerto Rico en Nueva York, editado con motivo de la edición número 57 del desfile.

 

La Canción de las Brujas


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por Reynaldo R. Alegría

Debería estar sentado en un bar,
pero la incidencia me toma en Central Park,
cuando un color de plomo se apodera del cielo
y los coquetos rayos de sol conjuran al hielo,
cuando las gotas de lluvia amenazan con llorar
y las traviesas hechiceras salen a volar,
cuando tienes encima todos sus olores,
cuando siendo otoño ves floreciendo flores.

Esta es la canción de las brujas,
que no se burlan sino saludan,
a Carlomagno y Clodoveo
y a este Príncipe que quedó reo.

Y me aconsejan como siempre,
a ser paciente y combatiente,
a dejar que la Princesa me tiente,
hasta que la presión arterial reviente.
Y que no le haga caso al manual de estilo,
que me quede con todos sus besos,
hasta aquellos que fueron furtivos,
y que lo disfrute mientras sea digno,
mientras lo gocemos juntos,
mientras no hiera a un niño.

Esta es la canción de las brujas,
que no se burlan sino saludan,
a Carlomagno y Clodoveo
y a este Príncipe que quedó reo.

Y montadas en sus escobas de sueños,
sin manera de develar el futuro eterno,
me aconsejan como siempre,
pero también me dicen que lo advierta,
para que no parezca que mienta,
cuando cumpla con lo no prometido,
y me niegue a hacer lo debido,
pues no sólo es fascinante lo prohibido,
sino mucho más lo no entendido

Esta es la canción de las brujas,
que no se burlan sino saludan,
a Carlomagno y Clodoveo
y a este Príncipe que quedó reo.

Imagen por Barbaramcgowin (Own work) [Public domain], via Wikimedia Commons

El Encuentro de los Amantes – Carta 8


El Blog de Reynaldo R. Alegría

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29 de diciembre de 2013

New York, New York

Amor de mi vida –

No sé cómo pude aguantar las ganas de lanzarme sobre y ti y devorarte a besos.

Sentada en la mesa del fondo, al final a la izquierda, te esperaba según acordado.  A las siete y media de la noche en punto apareciste bajo el umbral de aquella enorme puerta que define el regazo de una sala templada que parece dar consuelo a los que sienten frío, de una amplia, atestada y perfecta terraza.

Llegaste vestido como el primer día, excepto el abrigo.  Traje oscuro, camisa blanca en algodón con yuntas, lazo azul con puntos blancos con nudo tipo mariposa y un abrigo largo y oscuro.  Sobre la mesa una curiosa sombrilla roja con luces inofensivas que producían un delicioso calor alumbraba mi deslumbramiento.  La baja temperatura no impidió que disfrutáramos de tan espectacular lugar.  Un punto…

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Pravda – Check in 3


A las 4:15AM – Mensaje de Texto 6


A las 4:15AM - Mensaje de Texto 6

Enviado el 28 de diciembre de 2013 a las 10:26AM

Discreción es virtud – Mensaje de Texto 5


Discreción es virtud – Mensaje de Texto 5

Enviado el 28 de diciembre de 2013 a las 9:01AM

On my way…

On my way…